Archivo de la etiqueta: política económica

Por la herencia, la economía sólo puede aspirar a crecer modestamente

Por Nicolás Dujovne *

casa_rosadaSeis meses después de iniciada su gestión, la administración Macri dio a conocer “El estado del Estado“, una publicación en la que se resume la situación del Estado argentino mediante un conjunto de datos duros, descripciones y anécdotas que exhiben el descontrol kirchnerista en el manejo de la cosa pública durante la última década. La tentación de la lectura del documento es enfocarse en las anécdotas: de hecho, si la publicación se hubiera demorado dos semanas, la principal de ellas hubiera sido la del señor López y sus valijas en el convento. Sin embargo, más allá de la mezcla de farsa y tragedia que fue la gestión de la cosa pública durante el kirchnerismo, la publicación nos ofrece una pintura global preocupante sobre el Estado y el futuro de mediano plazo que deberemos recorrer los argentinos en los próximos años.

Al recorrer los diferentes problemas relevados encontramos factores transversales a toda la administración pública. Sigue leyendo

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¿Qué hay de nuevo en la Argentina post industrial ?

Por Gustavo Svarzman y Ricardo Rozemberg *

Dpost-indistrial-landscapeurante la segunda mitad del siglo XX parte importante del debate sobre desarrollo económico en Argentina giró en torno a la discusión acerca de la mayor o menor aptitud de la agricultura y de la industria para liderar dicho proceso.  Así, mientras que los llamados “industrialistas” abogaban por aprovechar las rentas extraordinarias de la Pampa Húmeda para completar el proceso de sustitución de importaciones –con sus consiguientes efectos en materia de urbanización, y de efectos derrame sobre  el conjunto de la economía-  los “defensores de las ventajas comparativas naturales” criticaban lo que entendían como una asignación poco eficiente de los recursos hacia sectores con ineficiencias crónicas, al tiempo que señalaban los problemas que a mediano plazo se derivaban de la implementación de políticas que desalentaban la incorporación de mejoras tecnológicas en los sectores vinculados a los recursos naturales tradicionales; que eran a su vez los que proveían las divisas que financiaban el desarrollo industrial. Estas pujas, que se materializaron en la implementación a lo largo del tiempo de diferente tipo de medidas de política comercial, fiscal y cambiaria, ocuparon una parte importante del debate económico –y político- de nuestro país entre mediados de los años 30 y mediados de los 70s.

Así, en un mundo en el que el desiderátum del desarrollo y la generación de riqueza era la línea de montaje fordista o la fábrica en la que trabajaba Charles Chaplin en Tiempos Modernos, los servicios eran “el resto de la economía”, agrupando actividades en su mayoría de baja productividad y con escasa dotación tecnológica (y con poco “sex appeal” habida cuenta que no generaban productos físicos o visibles), que existían en tanto y en cuanto se vincularan con la producción de bienes (ej. transporte, seguros, finanzas, etc,.) o con las personas (ej. la peluquería o la escuela).

En cualquier caso, y como resultado de las peculiaridades sociales, políticas y económicas de nuestro país, llevó largo tiempo –bastante más que a algunos de nuestros vecinos- alcanzar un cierto consenso en relación a que el desarrollo del campo y de la industria son de hecho fenómenos complementarios y no contrapuestos. Sigue leyendo

El desarrollismo del nuevo milenio

Por Eduardo Levy Yeyati *

desarrollismo_cepalCuando después de la Segunda Guerra Mundial las Naciones Unidas crearon la Comisión Económica para América Latina (Cepal) para promover el desarrollo regional, los economistas cepalinos fueran más allá del saber convencional según el cual los países en desarrollo transitan naturalmente de la agrominería a la industria. Argumentaron que, con la caída continua de los precios de los bienes primarios, la paciente espera del desarrollo sólo ampliaría la brecha entre países ricos y pobres, y que era necesario apurar el proceso con estrategias activas de industrialización de materias primas, subsidios a las industrias básicas y sustitución de importaciones para evitar que la falta de dólares abortara el desarrollo. (El “vivir con lo nuestro” de la trasnoche kirchnerista fue una versión tardía y extrema de esta proposición.) A fines de los años 60, este desarrollismo de posguerra sucumbió a una triste verdad: es más fácil producir para un mercado doméstico protegido que para uno internacional competitivo.

Hoy que el término “desarrollismo” obtiene, como el keynesianismo, patrocinios inesperados, cabe preguntarse cómo se traslada aquel debate al siglo XXI. La respuesta, que excede las aspiraciones de este artículo y el precioso tiempo de sus lectores, se insinúa en la distinción entre acciones “transversales” (para todos) y “verticales” (para algunos) que aparece recurrentemente en el debate político. Sigue leyendo

La lucha contra la pobreza exige desarrollo

Por Eduardo Levy Yeyati *

pobreza-ArgentinaDe qué hablamos cuando hablamos de eliminar la pobreza? Desde un punto de vista estrictamente estadístico, casi circular, solemos pensar la pobreza como el porcentaje de la población que está por debajo de la línea de pobreza, con ingresos diarios por debajo de un umbral arbitrario que en 2015 el Banco Mundial estimó en 1,9 dólares ajustados por poder adquisitivo. Según esta definición, para eliminar la pobreza bastaría con garantizar el acceso universal a una canasta básica de bienes y servicios, aumentando subsidios y transferencias a la población que se encuentra bajo la línea de pobreza.

Esta “pobreza de ingresos” no es perfectamente comparable entre países (mucho menos en el caso de la Argentina, donde la distorsión de los datos hizo que esta medida fuera primero desestimada y luego discontinuada). Más importante aún, los ingresos corrientes, si bien son esenciales, suelen ser una brújula insuficiente a la hora de orientar la política social. Para dar cuenta del problema de la pobreza, la definición debería ser ampliada al menos en dos dimensiones: una transversal y otra dinámica. Sigue leyendo

Argentina: apostando al gradualismo

Por José María Fanelli *

A poco de comenzado el año, el gobierno ha dado a conocer las metas fiscales y de inflación que se propone alcanzar en 2016 y hasta el fin del mandato de Macri. El ministerio de economía informó que en 2016 espera reducir el déficit fiscal primario en 2.3% del PBI (1.5% por reducción de subsidios y 0.8% por reordenamiento del gasto) para llevarlo a 4.8% del PBI. Para los años siguientes se fija una pauta decreciente: 3.3% del PBI en 2017; 1.8% en 2018 y 0.3% en 2019. Con respecto a la inflación no se fijan metas sino bandas. Para este año se proyecta que la inflación se mueva entre el 20% y el 25% anual y que en el segundo semestre sea del 1% mensual. Para 2017 se establece una meta de entre 12% y 17%; para 2018 entre 8% y 12% y para 2019 entre 3.5% y 6.5%. 

En línea con estos objetivos, el Banco Central ha estado reduciendo fuertemente la emisión hasta ubicarla en un 30% bien por debajo del 40%, que era el ritmo al que venía subiendo en la administración anterior. El ministro declaró que para el año se congelará la emisión en los niveles actuales de forma que la misma no supere el 25% de la base monetaria. Una cifra que, de cualquier forma, se ubica en el techo de la banda de inflación. Sigue leyendo

Los desafíos del Presidente Macri frente a una oportunidad única

Por Federico I. Poli *

DesafioArgentina tiene que volver a discutir las cosas importantes, los objetivos verdaderos de la economía: cómo brindar bienestar sustentable a los ciudadanos, terminando con la pobreza y con el hambre, volviendo a crecer, a invertir, a generar empleo y expandir los ingresos. Debemos pensar cómo diversificar nuestra economía y desarrollarnos, cómo nos integramos al mundo, potenciando nuestras PYMES y nuestras economías regionales, y cómo alcanzamos mayores niveles de productividad en medio de una revolución tecnológica disruptiva.

Tener una economía normal en un mundo desafiante

La base es tener un país normal, ordenado, con una macroeconomía sin desequilibrios insostenibles como los que nos deja la actual administración. El Gobierno de Mauricio Macri tendrá que resetear la economía argentina poniendo en marcha un plan integral. Esto implica sincerar las variables que no representan la realidad económica y determinan que desde hace 4 años estamos estancados y con alta inflación. Sigue leyendo

Altas chances de éxito, si logra ganar la batalla contra la inflación

Por Nicolás Dujovne *

batalla_inflaEn sólo siete días, la gestión del Presidente Macri abolió la mayor parte de los controles de capitales que conocimos con el nombre de cepo cambiario y que condenaron a la Argentina a cuatro años de estancamiento de la actividad y el empleo, a un aumento en la inflación y a la evaporación de las reservas del Banco Central. Según anunció el ministro Prat-Gay ayer, a partir de hoy el sector privado podrá comprar dólares para importar, pagar deudas, viajar o simplemente, porque desea hacerlo, respetando en este último caso el límite de dos millones de dólares por mes que regía hasta 2011.

Los únicos ítems que aún serán tratados de forma diferencial serán el stock de atrasos en los pagos de importaciones y utilidades, donde las empresas podrán optar por comprar un bono del Gobierno o mediante un cronograma temporal de acceso al mercado de cambios.

Las medidas anunciadas ayer plantean una salida del cepo mucho más rápida que la que consideraban viable tanto los técnicos del sciolismo como la mayor parte de los economistas profesionales de la Argentina, y por lo tanto, de ser exitosas, implicarán una enorme victoria política para la actual gestión. Sigue leyendo

La Argentina después del cepo

Por Eduardo Levy Yeyati *

candado_elyEn la Argentina del nuevo ciclo enfrentamos dos desafíos económicos: salir del cepo que desde hace cuatro años ahoga la inversión y el crecimiento, y desarrollarnos. El primer desafío es arduo pero sabemos cómo sortearlo. La hoja de ruta del desarrollo, en cambio, aún está por escribirse.

En un conocido cuento indio seis sabios ciegos intentan caracterizar a un elefante por medio el tacto. El primero le palpa el lomo y dice: “Es como una pared de ladrillos”. El segundo agarra el colmillo y piensa: “Es como una lanza”. El tercero tantea la trompa retorcida y dice: “Es como una serpiente”. El cuarto extiende su mano a la rodilla ancha y dice: “Es como un árbol”. El quinto acaricia la oreja y dice: “Es como un abanico”. El sexto juega con la cola oscilante y dice: “Es como una soga”. Así, los sabios discuten largo y tendido, cada uno sesgado por su propia opinión y parcialmente en lo cierto; todos esencialmente equivocados. Sigue leyendo

Argentina: La voluntad política, la lógica económica y las correcciones macro que nos esperan

Por José María Fanelli *

correccionesPor primera vez en la historia de una democracia que lleva ya más de treinta años de restaurada se concretó un debate entre los principales candidatos para el balotaje. Se trató de un hecho muy significativo. Particularmente teniendo en cuenta la poca disposición al debate de ideas que caracterizó al gobierno que se termina en unos días, cuya zona de confort no incluyó el diálogo como lo señala el hecho de que la presidenta no brindara conferencias de prensa para evitar molestas preguntas o repreguntas; o que dentro del propio gobierno se evitaran las reuniones de gabinete.

En el plano económico, sin embargo, el debate aportó poco o nada. Sigue leyendo

Argentina: No fue magia … y tampoco va a ser magia

Por José María Fanelli *

magicEl Banco Central no puede parar de vender divisas ante la firme demanda de dólares “autorizados” para ahorristas, importadores y turistas y los requerimientos de amortización y pago de intereses de la deuda –Boden 2015; Bonar X; deudas provinciales–. También está satisfaciendo con empeño digno de mejores causas la demanda de dólares futuros, que por supuesto vende a precios subsidiados. Si bien satisfacer estos contratos –concentrados en el primer trimestre de 2016– no implicará desprenderse de dólares porque se pagan en pesos, sí crean un compromiso de emitir moneda para honrarlos, de forma que el BCRA no sólo está comprometiendo su patrimonio sino, también, la política monetaria del próximo gobierno. Como resultado de todo esto, las reservas declaradas por el Banco Central están en el mismo lugar que hace un año –algo por encima de 27.000 millones de dólares–, lo que implica que la deuda que se contrajo a través del swap chino ya se gastó y que se lo hizo en gran medida para tratar de mantener el dólar subiendo por debajo de la inflación y el flujo de turismo y acumulación de dólares de la clase media por encima de la tendencia.

Este cuadro sugiere que los inversionistas tienen expectativas no ya de que la política monetaria y cambiaria es insostenible –esto se sabe hace mucho– sino de que el cambio de rumbo está a la vuelta de la esquina.

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