En busca de la ecuación de precios olvidada

Por Fernando Navajas*


eq“Si la inflación es considerada un fenómeno monetario el tema de la fijación de tarifas es ajeno a la política antiinflacionaria…Pero si la concepción del fenómeno inflacionario es más compleja, (y sin duda menos transparente), y se considera que las tarifas públicas tienen una incidencia en él, se ingresa otra vez en el territorio de las soluciones conflictivas. La lógica de lo macroeconómico entra en colisión con la lógica de lo microeconómico. ¿Puede negarse, por ejemplo, el efecto inflacionario de un programa de recuperación del nivel real de las tarifas de servicios públicos? ¿Qué resabio inflacionario genera todo programa de modificación de precios relativos orientado a una más eficiente asignación de recursos?; ¿en qué medida un atraso tarifario utilizado como medio de contener la inflación, tiende a alentarla por vía de su incidencia positiva sobre el déficit fiscal? 

Adolfo Canitrot (1983, p.19)

El debate inflacionario está al rojo vivo en la Argentina porque el actual equipo de gobierno no entendió en Noviembre pasado antes de la segunda vuelta, y por ende no tuvo en Diciembre la claridad conceptual necesaria, tal como para explicarle a la sociedad que una operación de corrección de precios relativos como la que heredó es equivalente a blanquear una fenomenal inflación reprimida y que por lo tanto la tasa de inflación iba a subir, y bastante, pero de modo transitorio, en la primera mitad de 2016. En cambio se encerró en el triunfalismo de que con el cambio de expectativas y un buen manejo monetario-cambiario la inflación se iba a reducir y cometió el error de pronosticar un 25% para 2016, cuando en verdad no había ningún modelo numérico serio que pudiera proyectar eso. Hace tres semanas, la última encuesta para 2016 dada a conocer por Consensus Forecast (que releva los pronósticos de 24 consultoras profesionales en la Argentina) arrojaba un 31.7% de aumento del IPC para 2016, con sólo 3 respuestas que decían que va a estar en la pauta oficial. Pero un aspecto importante es que la misma proyección de la inflación pero para 2017 (si bien basada en un número menor de respuestas) cae al 20% anual. Es decir que los analistas entienden, para mí correctamente, que esta aceleración inflacionaria está vinculada con la purga de la inflación reprimida por la compresión y distorsión de precios relativos heredada. 

Hace un año atrás, e inspirado por el desafío que plantea el viejo argumento de Canitrot, yo circulé un documento de trabajo de FIEL (Navajas, 2015) que buscó dar una respuesta numérica a la pregunta sobre el efecto inflacionario de una eliminación de los subsidios a la energía. La modificación de estos subsidios pasa necesariamente por una corrección del precio que paga la demanda. Esto tiene dos efectos sobre el nivel de precios, porque combina efectos directos sobre la dinámica inercial de los precios junto con una reducción del déficit fiscal y la emisión, lo que va a operar como estabilizador del nivel general de precios. Cuál de los dos efectos es el dominante es una cuestión teórica que tiene antecedentes en la historia del análisis económico argentino, ya que fue tratada explícitamente por Daniel Heymann y Alfredo Canavese (1989) en un modelo de interacción entre tarifas reales de los servicios públicos e inflación, en donde un ajuste tarifario tiene un efecto impacto pero también un efecto estabilizador sobre la inflación de equilibrio de largo plazo, porque afecta el déficit y la emisión. Ellos no abordaron la cuestión empírica detrás del modelo, pero posteriormente Mirta González (1990) realizó un estudio econométrico inspirado en el modelo de Heymann y Canavese y encontró valores de coeficientes que corroboraban que un ajuste tarifario tenía un efecto neto estabilizador del nivel de precios a pesar de su impacto de corto plazo sobre la inflación.

Los economistas argentinos no tenemos que irnos a otras latitudes para encontrar contribuciones novedosas a la modelación del proceso inflacionario, porque las nuestras han sido verdaderamente notables para mí. Otra cosa es que nos la olvidemos o dejemos que no se reconozca esto. Existen diferentes modelos del proceso inflacionario que pueden conducir a una ecuación empírica similar, de forma reducida, que vincula a la inflación con shocks de precios, la inflación pasada y el déficit fiscal y la emisión de dinero.[1] Abajo se postula esto con un esquema de formación de precios, emisión e inflación como el que usan Heymann y Canavese (1989). El trabajo de Roberto Frenkel (1983) ha sido para mí pionero en la línea de resaltar la dinámica del proceso de formación de precios relevante en el caso argentino. Todos estos modelos tienen una lógica micro de formación de precios que es bastante simple pero sólida en cuanto a principios y consistente con efectos de equilibrio general. Es cierto que en muchos casos no tienden a mirar hacia adelante, como en el modelo de fijación de precios de Calvo (1983). Pero este modelo también da lugar a un proceso en que la inflación depende de sus valores pasados en función de rigideces, pero los precios se fijan mirando la secuencia futura de costos marginales.

Los resultados de mi ejercicio de simulación preferido eran que, sin contar el efecto de la devaluación –que agravaba el agujero de los subsidios porque los costos de la energía están en dólares y la demanda paga en pesos- ni con el efecto de la suba salarial, la eliminación total de los subsidios al gas y la electricidad (si es que se iba por ese camino) le iba a adicionar a la inflación de 2016 un shock que, teniendo en cuanta la inercia inflacionaria, iba a ser del orden del 11%. El resultado provenía de simular una ecuación de precios traída de los 70s y 80s (lo que constituia mi mejor ‘prior” bayesiano dada la ausencia de datos creibles en la serie reciente)  en donde los efectos de los aumentos del tipo de cambio, las tarifas de energía y los salarios agregaban shocks de corto plazo a una relación que dependía en el largo plazo de la emisión monetaria y el déficit. Por lo tanto aparecía una duda que había que dilucidar, sobre si el efecto de estabilización de la inflación resultante de eliminar los subsidios (porque se elimina el déficit y la emisión monetaria) dominaban en 2016 el efecto impacto de tener que subir las tarifas. Esta pregunta cuantitativa precisa requiere una respuesta que sólo puede responderse con una ecuación dinámica de precios basada en los componentes antes mencionados (tipo de cambio, tarifas, salarios y emisión monetaria) y no con las cuentas de almacenero que miden el impacto en la inflación por efecto en el IPC que tiene una determinada suba de precios. Esto es lo que hemos estado escuchando y leyendo todos estos días (además de un conjunto de chicanas lamentables por parte del Gobierno como decir que los aumentos de tarifas no son inflación). No está mal hacerlo si uno quiere medir impactos contables fácilmente, pero no es una respuesta completa porque no tiene en cuenta los “efectos de segunda vuelta” que están en la propia formación de precios, algo que ya ha ocurrido con el tipo de cambio, está recién empezando a ocurrir con las tarifas de electricidad y va a ocurrir dentro de poco luego de los aumentos salariales y de las tarifas de gas natural.

El problema es que estos aumentos de segunda vuelta dan lugar a aumentos de segunda vuelta del tipo de cambio, las tarifas y quien lo sabe más adelante en el año en los salarios. Contra esto batalla la política monetaria y, atrás de ella, la política fiscal. De nuevo, sólo una ecuación dinámica de precios es capaz de cuantificar estos efectos y la misma tiene que ser parte de una agenda explícita de un programa de estabilización. Hoy no la tenemos, pero porque nos olvidamos de cosas que aprendimos antes cuando estudiábamos inflación y estabilización. El debate de cuales son o deberían ser las anclas nominales de corto plazo y largo plazo es un debate que no se dio el año pasado y el gobierno manifestó una sordera selectiva frente a lo que escribimos varios economistas. Mientras que el papel del Banco Central ha sido para mí consistente y congruente con trabajar para que la inflación de mediano plazo baje, dada la lentitud de la política fiscal en reducir el déficit, el papel de los shocks de precios relativos en la dinámica inflacionaria ha sido poco entendido o directamente descalificado. La negación o relativización de la importancia de contar con algún ancla nominal de corto plazo en la transición, llevo a que se leven anclas disponibles que no se deberían haber sacrificado. Entre ellas, la economía tenía un ancla en materia de formación de precios que era deflacionar los precios de los combustibles líquidos para transporte, por convergencia a los precios internacionales. Esta opción fue a mi entender lamentablemente sacrificada en el altar de una operación de transición del sector petrolero que le cuesta casi 2 puntos del PBI a la economía.

Esta desatención de la dinámica de precios no es gratis para la propia estrategia antiinflacionaria. Ha quedado consagrada en un aumento de tarifas del Abril que fue innecesariamente oneroso para los hogares (en gas natural por ejemplo) y podría haber sido diluido en el tiempo (no había necesidad de hacer ahora lo de Aguas). Los costos son, entre otras cosas, que el BCRA este ahora peleando una batalla de credibilidad sobre la inflación futura que no se ve bien a juzgar por las tasas de interés de más de 6 meses. Mi impresión es que, si bien esto era inevitable, podríamos haberlo hecho mucho mejor si nos hubiéramos acordado de lo mucho que han hecho los economistas argentinos para advertirnos de la dificultad de la dinámica inflacionaria.            

Referencias

Calvo, G. (1983): “Staggered prices in a utility maximizing framework”, Journal of Monetary Economics 12, 3pp.83-398.

Canitrot A. (1983), Respuesta a  “Empresa pública e interés público: Rol y regulación de la empresa pública en la Argentina”. Parte III: Encuesta de Opinión: Respuesta de Expertos”, Serie Documentos de Divulgación Nº11, SIGEP, Buenos Aires. 

Frenkel R. (1983), “La dinámica de los precios industriales en la Argentina, 1966-1982: Un estudio econométrico”, Texto para Discussao Nº51, Departamento de Economía, PUC Rio de Janeiro, Brasil.

González M. (1990), “Un estudio econométrico de la relación entre los ajustes de tarifas públicas, el déficit fiscal y la inflación: El caso argentino entre 1983 y 1990”, Anales de la XXV Reunión anual de la AAEP, Universidad Nacional del Sur. 

Heymann D. y A. Canavese (1989) “Tarifas Públicas y Déficit Fiscal: Compromisos entre Inflación de Corto y Largo Plazo”, Revista de Economía, Banco Central del Uruguay Vol. 3, No. 3.

Navajas, F. (2015), “Subsidios a la energia, devaluacion y precios”, Documento de Trabajo de FIEL 122,  Abril.

Olivera J.H.G. (1967), “Money, prices and fiscal lags: A note on the dynamics of inflation”, Banca Nazionale del Lavoro Quarterly Review, Vol 20, 88, pp.258-67.

Salama E. (1977), “Estimaciones econométricas de los rezagos fiscales”, Ensayos Económicos, Vol 2, Junio, pp.25-40.


* UNLP-UBA. Una versión de esta nota apareció en Ambito Financiero el pasado 15 de Marzo

[1] Una de las primeras representaciones provino del artículo donde Julio Olivera (1967) postuló el conocido modelo de rezagos fiscales, que fue luego verificado empíricamente para Argentina por Elias Salama (1977). Heymann y Canavese (1989) usan este efecto pero el mismo es innecesario a los efectos del desarrollo del resultado. El efecto de rezagos fiscales ha dejado de mencionarse presumiblemente porque los cambios en la tecnología de recaudación en un mundo informatizado (y en donde se usan anticipos) los han vuelto menos relevantes.

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4 Respuestas a “En busca de la ecuación de precios olvidada

  1. Excelente artículo. Soy de los que creen que desde el enfoque de OIivera, debería habernos quedado más que claro que los cambios de precios relativos con precios inflexibles a la baja, en el corto plazo, son nocivos para la inflación. Ahora, la pregunta, dado el estado de inflación heredada ¿considera Usted que la deflación propuesta de precios relativos (ejemplo del combustible), y el consecuente menor aumento en la tasa de interés, hubieran bastado para desacelerar la inflación de largo plazo? Le pregunto porque muchos analistas criticaron el hecho de que el Central no puso las tasas “de punta” en su momento, y hasta “sugieren” que el ajuste monetario y fiscal es insuficiente. Muchas gracias y saludos, Francisco.-

    • Fernando Navajas

      Gracias Francisco, lei tarde tu comentario. La respuesta mía seria que no hubiera bastado bajar los precios de los combustibles, pero hubiera ayudado. Nadie gana una tansicion como esta manejando sólo ancla de corto plazo. Pero si la pierde si las maneja mal y yo creo que estamos más cerca de este caso. Tampoco creo en el overshooting de la tasa. Ni comparto la visión del ajuste fiscal insuficiente. Porque hay límites obvios en ambos casos. Creo que despertar la indexación salarial trimestral (porque a los sindicatos no los vas a correr con el argumento de que la inflación núcleo) es un riesgo de hacer endógena la política fiscal y monetaria. Dinero pasivo, para usar otro término de Olivera. Hay alguna evidencia econométrica al respecto.

  2. Muchas gracias Fernando por la respuesta. Yo también llegue tarde al comentario. Si tiene algún buen artículo para leer sobre la evidencia econométrica a la que refiere, te (te tuteo porque sos joven) agradecería me la linkeés por esta vía. Obvio, no hay ningún apuro. Saludos desde Bahía Blanca.

  3. ¿Podrías por favor recomendarme alguna de esa evidencia? Muchas gracias por la respuesta y un saludo desde Bahía Blanca. Artículos como el que escribiste ayudan (y mucho) a un humilde economista de cabotaje como el que te escribe.

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