Pobreza cero requiere marginalidad laboral cero

Jorge M. Streb*

El gobierno nacional trabinformalbusca modernizar la economía relanzando un Mercosur paralizado, abriéndose hacia la Alianza del Pacífico y teniendo como meta el ingreso a la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE). Son pasos importantes para integrarnos a las naciones más avanzadas del planeta.

Sin embargo, la apertura económica de por sí no alcanza en un país donde el empleo está fracturado en mitades entre la modernidad y el atraso: casi uno cada dos trabajadores es no registrado.[1] Para resolver la pobreza estructural, hay que resolver la marginalidad laboral.[2]  En los dos deciles más pobres de la población, el 75% los trabajadores son informales, comparados con 10% en los dos deciles más ricos.[3] Hay muchas aristas al problema, empezando por las calificaciones educativas muy bajas de estos trabajadores. Pero hay un aspecto a atacar desde el punto de vista fiscal: los altísimos impuestos al empleo formal.

Las cargas salariales en la Argentina llegan al 44% de la remuneración bruta en el sector de servicios y comercio y 40% en el resto de los sectores. El total de la carga impositiva sobre el empleo formal se incrementa por los impuestos al valor agregado, llevando a una tasa del 74% en el sector de servicios y comercio y 69% en el resto. Sin embargo, hay que tener presente que esto subestima nuestra carga impositiva por los impuestos a los ingresos brutos en cascada que aplican las provincias, además de otros impuestos distorsivos como el impuesto al cheque.

Tabla 1 JE

Las cargas salariales de Argentina superan el promedio de 35% de la OCDE por entre 5 y 9 puntos porcentuales y son comparables a las de Finlandia, las séptimas más altas entre los 34 países miembros de la OCDE.[4] Las cargas impositivas totales sobre el empleo formal, tomando en cuenta los impuestos al consumo, muestran una brecha aún más amplia frente al promedio de 61% de la OCDE, superándolo por entre 8 y 13 puntos porcentuales.

Tabla 2JS

Las altas cargas impositivas al empleo formal destruyen especialmente puestos de trabajo en sectores intensivos en mano de obra poco calificada como comercio al por menor, alimentos y bebidas o reparaciones. Estos son más fácilmente substituible por actividades dentro del hogar o en la economía informal. Davis y Henrekson (2004)  muestran que  los efectos asimétricos de los impuestos se deben a que es más difícil substituir la producción de los sectores que son capital intensivos, que emplean mano de obra altamente calificada y dependen del trabajo en equipo, algo típico de las grandes empresas. Esto los lleva a la propuesta de reducción de los impuestos en los sectores intensivos en mano de obra poco calificada.

Davis y Henrekson (2004: 35-36) menciona cómo en Canadá la transición de un impuesto a las ventas de bienes manufacturados (que ofrece poco margen para la producción fuera del mercado legal) por un impuesto amplio al consumo, substituyendo una tasa específica a los bienes manufacturados del 13.25% por una tasa general de IVA del 7%, llevó según algunos estudios a una fuerte caída en los gastos en comidas en restaurantes y a un aumento de la economía informal. Además reportan evidencia para Alemania y Suecia de una mayor producción doméstica en tareas poco calificadas debido a los altos impuestos a la producción formal. Respecto a la Argentina, como hay muchos trabajadores no calificados, la expulsión de empleo del sector formal moderno a sectores informales marginales ha sido tremenda, creando una economía dual. Un ejemplo gráfico de las distorsiones actuales son los manteros que se instalan en la calle frente a los locales comerciales. Vienen a la mente también las imágenes de los jóvenes que por monedas “limpian” los vidrios cuando el auto se detiene en un semáforo.

Phelps (1994) tiene una propuesta más audaz que ésta: no simplemente bajar los impuestos al trabajo poco calificado, sino subsidiarlo para reducir la tasa de desempleo natural. Detrás de la propuesta de Phelps está la idea fuerza de que lo básico para sacar a la gente de la pobreza es generar empleo.[5] La diferencia fundamental es que Phelps propone favorecer el trabajo poco calificado en todos los sectores, mientras que la propuesta hecha aquí busca en cambio reducir los impuestos en los sectores intensivos en mano de obra poco calificada, siguiendo la lógica de Davis y Henrekson (2004).

Este enfoque coincide en parte con la posición de Edward Glaeser (2013), en cuanto enfatiza la necesidad de no concentrarse sólo en las empresas de punta que emplean trabajadores altamente calificados, y sobre todo de no discriminar y estigmatizar a las empresas que generan trabajo para los trabajadores poco calificados.[6] Glaeser agrega que conviene facilitar que las empresas que dan empleo a trabajadores poco calificados crezcan porque así pueden proveer mejores condiciones de trabajo. El sistema impositivo argentino funciona justo al revés: penaliza las empresas de servicios y comercio más grandes, por lo que en el fondo penaliza a los trabajadores menos calificados.

Si por razones fiscales no podemos reducir la carga impositiva sobre el empleo formal a los niveles de Chile o Estados Unidos, al menos empecemos por no discriminar contra el empleo en servicios y comercio. Quizás podamos dar un paso clave para acercarnos cuánto antes a pobreza cero: bajar drásticamente las cargas laborales más distorsivas, que son las que afectan a los sectores más intensivos en trabajo poco calificado. Un ejemplo exitoso de reducción de la informalidad es la reforma en el régimen de personal de casas particulares hecho en 2013. Las cargas a fines de 2015 fueron de 498 pesos por mes (268 por aportes y contribuciones, 230 por riesgos de trabajo), alrededor de 10% de la remuneración bruta. Este sistema simple y poco oneroso podría tomarse como modelo para otras categorías de trabajo con baja calificación en sectores intensivos en mano de obra. Ayudaría a terminar con esta fractura social que condena a la mitad de la población a trabajos malos en empresas con baja o nula tecnología.

Referencias 

Bertranou, Fabio y Luis Casanova (2013). Informalidad laboral en Argentina: segmentos críticos y políticas para la formalización. Buenos Aires, Oficina de País de la OIT para la Argentina.

Cetrángolo, Oscar, y Carlos Grushka (2004). Sistema previsional argentino: crisis, reforma y crisis de la reforma. Documento de trabajo. CEPAL.

Davis, Steven J., y Magnus Henrekson (2004). Tax effects on work activity, industry mix and shadow economy size: evidence from rich-country comparisons. Working Paper 10509, NBER.

Glaeser, Edward (2013). A better way to help the working poor. Bloomberg View, 19 febrero. Disponible en: http://www.bloombergview.com/articles/2013-02-20/use-tax-credit-not-minimum-wage-to-help-poor

Kritz, Ernesto (2011). Un mercado de trabajo segmentado. Proyección económica 1: 88-99. Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Matthews, Dylan (2013). Nobel-winner Edmund Phelps on his plan to help low-wage workers — without raising the minimum wage. The Washington Post, wonkblog, 11 diciembre. Disponible en: https://www.washingtonpost.com/news/wonk/wp/2013/12/11/nobel-winner-edmund-phelps-on-his-plan-to-help-low-wage-workers-without-raising-the-minimum-wage/

Phelps, Edmund (1994). Low-wage employment subsidies versus the welfare state, American Economic Review 85: 54-58.

Salam, Reihan (2013). Wage floors vs. transparent credits. National Review, 20 febrero. Disponible en: http://www.nationalreview.com/agenda/341161/wage-floors-vs-transparent-credits-reihan-salam

Salvia, Agustín (Editor) (2015). Progresos sociales, pobrezas estructurales y desigualdades persistentes:  ilusiones y desilusiones en el desarrollo humano y la integración social al quinto año del Bicentenario (2010-2014) . – 1a ed. – Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Educa, 2015.

Streb, Jorge M. (2015). Los desafíos económicos del gobierno de Cambiemos: lo urgente y lo importante. Documento 146. Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL). Disponible en: http://www.cadal.org/documentos/nota.asp?id_nota=8537


* Agradezco los comentarios de Daniel Heymann, quien hace tiempo viene planteando que además de generar empleos relacionados con tecnologías de punta hay que generar empleos para las personas menos calificadas, así como de Juan Carlos de Pablo, Celeste González y Sebastián Katz. Las discusiones con Jorge Caumont, Ricardo López Murphy, Rolf Lüders y participantes del Coloquio Liberty Fund – Fundación Libertad en Tucumán me ayudaron a pensar más a fondo estos temas. La discusión original apareció como parte de Streb (2015), una versión abreviada como http://www.lanacion.com.ar/1865579-la-marginalidad-laboral-ahonda-la-fractura-social. Consejero académico del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL) y profesor en la Universidad del Cema.

[1] Salvia (2015: 209) reporta un 49% de trabajadores sin seguridad social en 2012. Bertranou y Casanova (2013: 30) dan una cifra de 44% para 2010, ligeramente menor al 47% de Salvia para ese año. Los números de informalidad son algo más bajos para el subgrupo de trabajadores asalariados.

[2] La fractura productiva se refleja en la pobreza: la gran recuperación cíclica después de la crisis de 2001 no impide que la pobreza o marginalidad estructural alcance a uno de cada cuatro argentinos (Salvia 2015: 227).

[3] Kritz (2011: 92) reporta estas cifras para 2010.

[4] Cétrangolo y Grushka (2004: 10) muestran que en 1994 la tasa total en Argentina era 50% (17% de aporte del empleado y 33% del empleador). Si hubiéramos mantenido esas tasas, estaríamos segundos en el ranking de la OCDE, solo detrás de Bélgica (56%) y justo por delante de Austria (49%).

[5] Matthews (2013) tiene una entrevista reciente con Phelps sobre su propuesta.

[6] Salam (2013) discute la crítica de Glaeser a la suba de salarios mínimos, que discrimina contra las empresas intensivas en trabajo poco calificado, y su propuesta alternativa de simplificar el Earned Income Tax Credit que el gobierno federal de Estados Unidos ofrece a las familias de bajos ingresos, que implica una rebaja impositiva sobre los ingresos de los que trabajan. También discute las diferencias de la propuesta de Glaeser con la propuesta de Phelps de subsidiar los empleos de trabajadores poco calificados.

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3 Respuestas a “Pobreza cero requiere marginalidad laboral cero

  1. Seee… mirá vos…

    ¿sabías que todavía estamos esperando el aumento del empleo tras el perdón fiscal a las patronales cuando el cavallo… allá por los ’90?

    Sería bueno que se lo comentes a estos brillantes estudiosos Davis y Henrekson, Phelps et al (supongo que NO será el nadador no?)

  2. Aunque comparto su análisis, creo que hay un par de cosas se no tiene en cuenta, creo yo.
    Primero: el empleo en argentina va acompañado de una alto costo por despido (indemnización después de los 3 meses, no se que se puede aprender en 3 meses pero es muy poco y que no contempla el nivel de ingresos del empleador, esto puede ser especialmente grave en la ley de empelo domestico) y por el incremento de costo por mantenimiento del empleo en el tiempo (el escalafón, el aumento de los francos con el tiempo y la mayor indemnización). Por esto me pare que el problema no es el alto costo impositivo del empleo, que en definitiva va seguida de un contra prestación teórica sino de su incremento en el tiempo y del poco control que se tiene sobre el mismo, cosa que afecta a las empresas de mano de obra intensiva.
    La segunda cosa es que creo que los subestimas l impuesto al consumo tendrías que agregar los ingresos brutos provinciales (algo así como un 2 a 3% promedio y piramidal), impuestos municipales al ingreso que hay aunque sean ilegales y una sarta de impuestos internos que incrementan el costo de los bienes.
    O sea que si se quiere bajar el impuesto al salario, como sus costo va atado a contra prestaciones (obra social, jubilación, etc) si no se ataca primero los impuesto directos que afecta estas contra prestaciones su intervención solo hará quebrar estas ultima, quedando como opción para modificar los costos salariales modificar los costos de indemnización, y factores que incrementa su costo en el tiempo, y si se puede los impuestos al consumo.

    Saludos,

    Zorba

  3. Jorge M. Streb

    En tanto el monto del despido hay que pagarselos al empleado, no es una cuña entre lo que paga el empleador y lo que cobra el empleado. Puede que el hecho de que sea una contingencia futura y no un pago corriente haga que no se valore adecuadamente, pero eso es otra historia.
    Respecto a los impuestos provinciales y municipales, totalmente de acuerdo con que el impacto de la brecha entre costo laboral total y salario se amplía por los ingresos brutos. Habría que calcular su impacto ya que el efecto es, como decís, piramidal. Por eso el cuadro 1 muestra un mínimo, pero como ya tenemos costos impositivos nacionales del empleo formal altísimos, esto solo magnifica el problema.

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