Dos escándalos ambientales, una lección para las empresas

Por Mariana Conte Grand * y Pedro Raies **

bpUna gaviota empetrolada o un alemán con la cabeza gacha podrían ser las dos imágenes que representan, de la mejor manera, dos de los escándalos ambientales más resonantes del último tiempo. En abril de 2010 un escape en una plataforma petrolífera de la empresa British Petroleum (BP) provocó una explosión que fue seguida por un incendio. En septiembre de 2015 la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA en inglés) acusó a Volkswagen de adulterar los exámenes de emisión de gases, requisito indispensable para vender en ese mercado. Sus autos emitían hasta 40 veces más óxido de nitrógeno que lo permitido.

De la misma manera que cuando compramos un departamento como inversión estamos, en realidad, comprando el derecho a cobrar alquileres a lo largo del tiempo, cuando compramos la acción de una empresa estamos comprando un derecho a cobrar sus dividendos. En los días posteriores a los dos escándalos, previendo cuantiosas pérdidas, el valor de BP y VW cayó notoriamente. Un año luego del derrame, la petrolera valía un 25% menos, o algo así como 45 mil millones de dólares, una cifra similar a lo que le costó solucionar el asunto. En el caso de la empresa alemana, la EPA puede aplicarle multas de hasta U$S 37.500 por cada uno de los 480.000 autos diesel involucrados. Si bien el máximo que pueden llegar a pagar es de 18 mil millones de dólares, VW hoy cotiza a unos 30 mil millones menos que antes del escándalo.

Más allá de que el desastre de BP fue un accidente y lo de VW fue deliberado, existen razones para creer que la automotriz terminará sufriendo bastante más que la petrolera, y que esta diferencia entre multas a pagar y valor de mercado se seguirá manteniendo. En primer lugar, está el producto: BP vende un commodity como el petróleo; en cambio Volkswagen vende autos, un producto similar a una cartera o un celular (lo que más importa es la imagen). Si ahora al escuchar la marca los consumidores dejan de pensar en Herbie y empiezan a pensar en fraude, comprarán menos Volkswagens. Luego están los costos. Antes de la sanción, la automotriz vendía 10 millones de autos al año. Si empieza a ser desplazada de algunos mercados (como el eco-friendly), no podrá seguir aprovechando las economías de escalas y sus costos aumentarán. Por último, las personas no sólo reciclan y andan en bicicleta: también invierten en “empresas verdes”. BP es una petrolera, no importa lo que sucediera, los inversores verdes jamás hubiesen invertido en ella. Pero VW puede perder inversores, teniendo que pagar un costo por capital mayor. Se sabe ya que fondos de inversores suecos han prohibido a sus gestores comprar sus acciones y otros “fondos verdes” podrían seguirlo.

Aunque no a todos les queda claro, tener una “reputación verde” está a la larga en línea con maximizar beneficios. Resulta evidente que no sólo la regulación estatal resguarda la calidad ambiental. El público tiene mucho poder: puede dejar de comprar o invertir en empresas que contaminan. Ante estas evidencias, los gerentes con visión estratégica deberían interesarse en proteger el medio ambiente. 


* Economista ambiental UCEMA

** Licenciado en Economía, UCEMA.

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