La política de cambio climático de Argentina también se ve afectada por la sobrestimación del crecimiento del PBI del INDEC

Por Mariana Conte Grand * y Ariel Coremberg **

cambio-climaticoEl cambio climático constituye una grave amenaza global a la sostenibilidad del medio ambiente, el crecimiento futuro y el bienestar de las naciones. Se ha estimado que los costos de la inacción pueden generar pérdidas entre el 5% y el 20% del PBI global anual siendo las inversiones necesarias para lograr la reducción de las emisiones contaminantes muy inferiores a dicho costo.

En la Conferencia anual de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) que tuvo lugar en Copenhague (2009), la comunidad internacional se puso de acuerdo en que, para evitar daños sustanciales a nivel mundial, la temperatura promedio del mundo no debería aumentar a fin de siglo más de 2º grados centígrados con respecto a su nivel pre industrial. La comunidad científica ha analizado y concluido que para cumplir dicha meta, la disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) debería ser del 45% al 70% al año 2050 con respecto al 2010.

En las conferencias anuales de la CMNUCC se vienen preparando nuevos objetivos de reducción de emisiones para reemplazar los del Protocolo de Kioto, cuya vigencia terminó en 2012. Los países del mundo vienen intentando ponerse de acuerdo sobre cómo serán las metas que se fije cada nación y como se distribuirá entre ellos el esfuerzo que se necesita.

Todas las naciones enfrentan el dilema de cómo sostener el crecimiento económico sin dañar el medio ambiente. Análogamente a las discusiones típicas en el marco de la Organización Mundial de Comercio (OMC), los países en vías de desarrollo presionan para que las reducciones más sustanciales las realicen los países desarrollados ya que son ellos tanto los que históricamente han generado las mayores emisiones en sus países de origen, como los que importan bienes de consumo intensivos en la utilización de combustibles fósiles (los cuales terminan siendo incluso producidos vía inversión extranjera directa en los países en vías de desarrollo). No obstante ello, países como China, México y Brasil han establecido metas concretas de reducción.

A la fecha, más de 120 países (que suman aproximadamente 86% de las emisiones mundiales de GEI) han presentado objetivos propios de reducción de las emisiones de estos gases para un nuevo Acuerdo del Clima, que se espera sea el resultado de las negociaciones que se van a llevar a cabo en Paris en diciembre de este ano. Estas “Contribuciones Previstas y Determinadas Nacionalmente” (INDC, por sus siglas en ingles) tienen distintos formatos. Algunos países proponen reducir sus emisiones con respecto a algún año en el pasado, otros intentan disminuir los gases que emiten respecto a los que emitirían en el futuro si no se tomaran medidas de mitigación (escenario llamado “business as usual“), y otros, proponen disminuir sus emisiones por unidad de PBI.

Argentina ha tenido a lo largo de las últimas dos décadas políticas muy distintas con respecto al tema del cambio climático. En 1999, se fijó una meta relacionada con el crecimiento del PBI. Se buscaba lograr reducciones de los GEI, y al mismo tiempo impedir que el compromiso fuese una traba al crecimiento. Lo que se propuso específicamente es reducir las emisiones 2008-2012 un 10% con respecto a lo que se calculaba que se proyectaba hubiesen sido sin hacer ningún esfuerzo y con el crecimiento esperado en ese momento (esto es, 3.6% promedio anual entre 1997 y 2012). Las propiedades de la meta eran claras: implicaría disminuir las emisiones proyectadas y dichas reducciones requeridas serían menores si el crecimiento era menor que lo pronosticado. Si bien el gobierno recién electo de Fernando de la Rúa descarto la meta, la misma se ha utilizado por expertos y ministerios e instituciones públicas para evaluar los efectos de la política pública sobre el medio ambiente.

Observemos entonces como evolucionaron las emisiones de gases de efecto invernadero y el PBI. En primer lugar, de acuerdo a la serie PBI oficial del INDEC, Argentina habría cumplido con el crecimiento esperado entre los años 1997-2012 (3.6% anual). En efecto el PBI oficial base 1993 creció un 3.6% mientras que PBI INDEC base 2004: 3.1%. No obstante, de acuerdo a la serie de largo plazo PBI ARKLEMS (Coremberg 2014), la economía argentina creció a tasas muy por debajo de la tendencia esperada: 2%. Un PBI per cápita apenas positivo (0.5% anual) cuando se compara los máximos niveles de producción 1997 con 2012, una forma de determinar el crecimiento de largo plazo y demostrando que las tasas chinas de inicio de los 2000 fue una recuperación y no crecimiento económico sostenible.

En segundo lugar, si se observa la serie de emisiones de gases de efecto invernadero y PBI, se podrá notar una importante correlación entre actividad económica y emisión contaminante. No obstante, las emisiones de gases de efecto invernadero han reducido su ritmo de crecimiento desde el año 2007, para reducirse sustancialmente todos los años desde el año 2009, tal como se presenta en el siguiente gráfico. Curiosamente, el PBI del INDEC tanto base 1993 como base 2004, describe una trayectoria que rompe la correlación histórica entre emisiones y actividad económica a partir del año 2007-2008. Sin embargo, el PBI reportado por ARKLEMS (Coremberg 2014) cuenta otra historia distinta al relato oficial: el final del ciclo muestra un acople entre emisiones y PBI retomando la correlación histórica entre ambas series.

En otros términos, para el INDEC a partir del año 2007-2008, la actividad económica dejó de contaminar tanto como antes. Por el contrario, para ARKLEMS, las emisiones contaminantes disminuyeron su crecimiento para luego decaer describiendo un ciclo similar al PBI verdadero.

Esta podría ser una inesperada consecuencia de la manipulación estadística y otra forma de comprobarla. Hace muy pocos días, Argentina oficialmente acaba de cambiar diametralmente la forma que adopta la meta propuesta. El compromiso es alcanzar una meta de reducción de entre 15% y 30% de sus emisiones de GEI al 2030 pero no ya en función del PBI INDEC, sino respecto a lo que hubiesen sido las mismas si no se adoptara ninguna política respecto al clima. Es probable que el gobierno saliente no haya querido correr el riesgo de quedar expuesto con una meta ligada al PBI. Puede decirse con certeza que, aunque es una cuestión menos conocida, la política de cambio climático de Argentina también se ve afectada por la sobrestimación del crecimiento del PBI.

coremberg_conte


* Economista UCEMA

** Economista Centro de Estudios de la Productividad ARKLEMS+LAND. Nota publicada en el Diario La Nación.

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