Aplausos y risas: los chistes de economistas sobre sí mismos

Por Walter Sosa Escudero

Lado_oculto_econometriaLos chistes de profesiones se basan en exagerar alguno de sus peores hábitos. Así, los abogados son caricaturizados como viles negociadores, los físicos como socialmente inadaptados (como en la genial serie The Big Bang Theory) y los artistas como esnobs. ¿Y por casa cómo andamos? Los economistas pronosticamos muy mal ,tanto que la economía “se inventó para que la meteorología parezca exacta”. Solemos discrepar en forma considerable en cualquier tópico -dicen que diez economistas tienen once opiniones diferentes- o confiamos inocentemente en modelos absurdos (un economista busca las llaves junto a un farol y no a dos cuadras donde las perdió, “porque debajo del farol hay mejor luz”).

Posiblemente los chistes de economistas tengan su origen en algún agudo observador externo. Pero a veces es la misma “ciencia sombría” la que se ríe de sí misma, y provoca desde sus entrañas -la economía académica- sus propias chanzas.

Un ejemplo interesante es el de una simpática monografía de John Siegfred publicada en el Journal of Political Economy (tal vez el más prestigioso de la profesión) pegada en la puerta de la oficina del maestro de economistas Alfredo Canavese que partía diciendo que uno más uno era igual a dos, para concluir luego de un tsunami de complicadísimas fórmulas que? uno más uno es igual a dos, mofándose de alguna tendencia profesional a complicar lo obvio.

El segundo ejemplo histórico está en el libro de Arthur Goldberger, que riéndose de los excesos estadísticos de la disciplina sugiere que a fin de dilucidar si la cantidad de datos disponibles es suficiente para llevar a cabo un estudio estadístico propone el siguiente método: “El test requiere un uso sensato de varios dedos. Algunos investigadores prefieren uno solo, otros usan los pies, y algunos también usan los pulgares”.

Esa cita trae memorias inmediatas del famoso “método predictivo de los cinco dígitos flotantes”, supuestamente usado por varias consultoras del mercado, consistente en extender la mano horizontalmente, con los dedos hacia abajo, y rotar repetidamente el antebrazo, de izquierda a derecha.

La econometría es una parte de la economía que usa métodos estadísticos. Una vieja definición jocosa (y macabra) atribuida a Ronald Coase dice que “es una disciplina que tortura datos hasta que confiesan”, caracterizando la práctica vergonzosamente frecuente de mostrar sólo resultados estadísticos que convienen; mala praxis de amplio debate actual en muchas ramas del conocimiento, más allá de la economía. Uno de los objetos más estudiados por la econometría es la famosa “curva de Phillips”, que hace referencia a la aparente relación negativa entre inflación y desempleo, caballito de batalla de quienes opinan que emitiendo dinero se podría bajar el desempleo, pero a costa de más inflación, algo así como el equivalente económico del dicho “si te gusta el durazno, bancate la pelusa”. En un hilarante artículo, Gregor Smith, de la Universidad de Queen’s, graficó datos de desempleo e inflación para el caso japonés, concluyendo que, asombrosamente, la relación de Phillips para Japón tiene la forma de ? ¡Japón!, evento llamativo como que un geógrafo note que el mapa de la Argentina se parece a un bife, base de nuestra alimentación. Los escépticos de la relación de Phillips dicen que si un país emite dinero, lo único que logra es más inflación, dejando el desempleo inalterado, o sea que la curva de Phillips debería ser vertical y parecerse a Chile. Muero por ver si esto es cierto para el país trasandino, ejercicio sugerido por el propio Smith en su artículo.

Hace poco, David Lin, de American University, mostró que un gráfico del índice compuesto de la Bolsa de Shanghai es parecido al contorno superior del mapa de Kentucky, en Estados Unidos. En la misma línea (y con una dosis de credulidad por parte del lector), la evolución del dólar oficial argentino entre 2012 y 2014 guarda similitudes con el borde inferior de la provincia de Buenos Aires, haciendo corresponder la línea vertical que va de Viedma/Carmen de Patagones a Bahía Blanca, con mayo de 2012, cuando la AFIP dejó de autorizar compras de dólares para atesorar.

Clive Granger es un reconocido econometrista inglés que en 2003 ganó el Premio Nobel por sus contribuciones al estudio de relaciones estables entre variables económicas. La idea de “causalidad de Granger” se refiere a que una variable pueda ser usada para predecir otra aunque no la cause. A modo de ejemplo, ver gente con paraguas sugiere que va a llover, más allá de que es un disparate prohibir el uso de paraguas para que pare la lluvia. O sea que si bien los paraguas no provocan lluvia, su uso la predice. Si quiere sonar sofisticado diga que “los paraguas causan a la lluvia en el sentido de Granger”, ilustrando así otra costumbre sospechosa de la profesión, consistente en usar jerga sofisticada para ideas simples. Granger propuso un conjunto de innovadoras técnicas para estudiar estos fenómenos, y no pasó mucho tiempo hasta que alguien abusase de estos métodos para atacar el problema causal por excelencia: si primero vino el huevo o la gallina.

Con la picardía de quien busca malas palabras en el diccionario, Walter Thurman y Mark Fisher, de la Universidad de Carolina del Norte, aplicaron los métodos de Granger a una larguísima serie de datos históricos, para concluir que primero vino el huevo. Y siguiendo la habitual práctica de concluir un trabajo científico proponiendo extensiones, los autores sugieren usar métodos similares para verificar si es cierto que “el que ríe último, ríe mejor”.

Se dice que existe un capítulo de Seinfeld para ilustrar cualquier episodio de la vida cotidiana. La así llamada “serie acerca de nada” focaliza en pequeñísimos eventos mundanos y aparentemente triviales, pero que ofrecen un interesante punto de vista sobre aspectos profundos del comportamiento social. Avinash Dixit, un eterno candidato al Nobel, en un artículo publicado en Economic Inquiry propone un sofisticado modelo matemático para racionalizar un capítulo de la serie en el cual Elaine Benes (la protagonista femenina) evalúa a sus amantes para no malgastar sus esponjas anticonceptivas. Es costumbre en los papers científicos incluir en su portada un resumen, de aproximadamente un párrafo de extensión. Dixit no pudo evitar la chanza y a modo de todo resumen pone: “Este paper es acerca de nada”.

Más acá en el espacio, Juan Carlos De Pablo (columnista de este suplemento) ilustra en uno de sus libros la naturaleza de los fenómenos estratégicos -estudiados por la enigmática teoría de juegos- diciendo que tiene la idea de hacerse rico escribiendo Cómo patear penales, libro en el que contaría que el secreto consiste en patearlos al lado contrario del que se tira el arquero. La saga sería Cómo atajar penales, que propone que los goleros se tiren para el lado que patea el ejecutor. Steven Leavitt vendió más de dos millones de ejemplares de su Freaknomics, una de cuyas conclusiones más famosas es que conviene patear penales “fuerte, alto y al medio”, luego de un sesudo análisis de las ligas de Francia e Italia y de la aplicación de la Teoría de los Juegos.

Aunque a veces se emperre en demostrar lo contrario, el economista científico también es un ser humano; tengámosle paciencia, ya se le va a pasar.


* Profesor Asociado y Director de la Carrera de Economía (UdeSA), profesor UNLP e Investigador Independiente (CONICET). Nota publicada en el diario La Nación el 4/10/2015.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s