Atraso Cambiario: ¿Cómo abordarlo?

Por Adolfo Sturzenegger*

carreraEn los últimos tres meses he elaborado para un organismo multilateral como consultor un informe sobre “Agricultura, Política Comercial Externa y Macroeconomía: Anatomía económica y propuestas de reformas de políticas”.

Sin tener idea de la importante sorpresa que el desarrollo del trabajo me depararía hacia el final, inicié la tarea con gusto. Había tratado el tema en (Sturzenegger 1990, Sturzenegger 2007)[1] y hacerlo me permitiría volver a críticar el enorme error que cometió el país en los últimos 70 años de gravar y restringir la capacidad productiva de sus grandes exportables agrícolas cuando la escasez de divisas internacionales ha restringido tanto su crecimiento económico.

Mi trabajo se concentró en seguir la renta agrícola pampeana para el período 2000-2015. Esa renta en ese período recorrió un periplo semicircular casi perfecto: moderadamente baja en el 2000, subiendo en los años siguientes y alcanzando picos en 2008 y 2012, para caer hoy a niveles muy bajos. Este desplome final me permitió pronosticar que en el marco de las políticas vigentes la producción de granos para el año próximo se dirigía hacia una fuerte caída, sabiendo por mis trabajos anteriores que en el pasado cuando existió en el sector agrícola una situación como la actual, siempre se eliminó o se redujo sustantivamente, la discriminación contra el agro.

En este punto de elaboración de mi trabajo creí que lo esencial para fundamentar la eliminación de esa discriminación estaba logrado, ya que: a. la teoría económica señalaba la conveniencia de eliminar tamaña distorsión de precios; y b. el hecho económico de la inminente caída de la producción, tal como había sucedido en el pasado, señalaba la necesidad de esa eliminación.

Había llegado a donde esperaba llegar al iniciar el trabajo, y la tarea parecía completada. Sin embargo me encontré con algo inesperado: la aparición de  un argumento adicional para fundamentar el fin de la discriminación contra el agro, el cual era aún más decisivo que los anteriores. La sorpresa surgió al analizar la batería de “reflexiones cambiarias” que hoy pululan en el país tanto en lo académico como en el debate económico, y que principalmente están abordando  dos cuestiones: la del atraso cambiario y la de la mejor forma de resolverlo. Pronto me di cuenta que tenía un acuerdo y varios desacuerdos con esas reflexiones.

Veamos primero la cuestión del atraso cambiario. En esas reflexiones se presenta la evolución temporal del Tipo de Cambio Real  Multilateral (TCRM), observando que hoy el mismo es prácticamente igual que el de Diciembre 2001. Como se reconoce que este valor del 2001 tenía un fuerte atraso, utilizando la idea de la Paridad del Poder Adquisitivo (PPA), se concluye que el TCRM hoy está fuertemente atrasado. Esta conclusión general se complementa con otros datos confirmatorios del atraso como: importantes caídas de las exportaciones de bienes en los dos últimos años; un balance comercial, que según la base usuaria del INDEC, será negativo este año; exportaciones agrícolas regionales en plena caída; esperable caída de la producción pampeana para la próxima cosecha, y otros datos. Con esta cuestión de existencia de atraso cambiario tengo mi acuerdo: en mi opinión existe y es fuerte.

Sin embargo, a pesar de ese acuerdo en cuanto a la existencia del atraso, no estoy de acuerdo con relación a la jerarquía que se le da al problema. La gran mayoría de las reflexiones cambiarias existentes ante los problemas de nuestra macroeconomía actual (alta inflación inercial, alto déficit fiscal primario, estancamiento en la actividad y empleo privados, y atraso cambiario), o bien no logran rankear esos 4 problemas, o bien erradamente seleccionan a la inflación, o al déficit, o al estancamiento, como el más importante. Mi visión es diferente. Hay un ranking muy claro y el problema principal y más urgente es el del atraso cambiario, y ello  por lo siguiente:

  • El atraso, al debilitar la competitividad internacional, está llevando a nuestra economía hacia un colapso productivo en todos sus sectores de transables. Una tras otra las producciones exportables de las economías regionales están cayendo. En lo pampeano la producción va a caer. Las exportaciones MOI, medidas en cantidades, están este año bajando un 16%. La producción, en los primeros 8 meses[2] de los tres grandes sectores industriales que compiten con las importaciones, baja: Bienes de Capital, -0,1%, Bienes de Uso Intermedio, -1,9%, y Bienes de Consumo Durable, -3,6%.

¿Es compatible este pronóstico de colapso con las recientes cifras tanto oficiales como privadas, que muestran para el segundo trimestre una recuperación interanual en el PBI algo mayor al 2%? Totalmente compatible. Tal recuperación está basada en la construcción (10,7%) y en el consumo público (10,3%), dos sectores eminentemente no transables, y en el impacto climático circunstancial (14/15) del sector agropecuario (15,3%). De hecho, tal recuperación está como enmascarando lo que está pasando con los sectores de transables.

  • El otro canal de impactos negativos del atraso, aún más urgente que el anterior, es la expectativa de devaluación que genera, y la consecuente escasez de dólares que conlleva. Con tal expectativa se retrasa la liquidación de exportaciones, se adelantan importaciones y se acelera su pago, se adelantan pagos de deudas externas, se retrasan inversiones externas, y se dolarizan los portafolios financieros. Esto acentúa aquella escasez lo cual aumenta a su vez la expectativa devaluatoria: un perfecto círculo vicioso de corrida contra el peso comercial.

Aceptando la existencia de atraso cambiario y jerarquizándolo como el problema principal, vayamos a la segunda cuestión que se aborda en las “reflexiones cambiarias”: la mejor forma de resolverlo. Aquí, en lo esencial del planteo, solo tenemos desacuerdos.

En esas reflexiones, se postula el requerimiento de lograr una depreciación real del tipo de cambio  comercial (oficial). Sabemos que para ello se necesitan dos cosas: devaluar nominalmente ese cambio y lograr que la inflación subsiguiente[3] resulte en una tasa porcentual significativamente menor que la de la devaluación, esto es, que el pass through sea decididamente menor a uno.

Dada esa postulación, las reflexiones se abren en varias debates cambiarios como,

  • ¿Cuál es el mejor régimen cambiario para lograr resolver el atraso: único y libre, único y administrado, dual con financiero libre, el régimen vigente, otro?
  • ¿Cuánto es el monto de la depreciación real requerida?
  • ¿Cuál puede ser el valor del pass through?

Sobre cada una de estas preguntas hay respuestas diferentes. Asi, por ejemplo, con relación al crucial valor del pass through, mientras M.Bein en su informe mensual[4] lo ubica cercano a 1,0, M.Kiguel en sus presentaciones lo ubica cercano a 0,30.

¿Cuál es mi discrepancia esencial con esas reflexiones? De hecho, es simple. Comencemos por recordar la definición técnica de atraso cambiario: es una situación en la cual el TCRM efectivo es menor que el TCRM de equilibrio. Esto nos dice que en la cuestión del atraso hay dos tipos de cambio implicados: el efectivo y el de equilibrio. Las reflexiones actuales padecen de una limitación de análisis fundamental. La misma es que para corregir el atraso hay una sola alternativa disponible: la de la depreciación real del tipo efectivo. No se alcanza a visualizar que un atraso cambiario se puede corregir de dos formas: o depreciando el efectivo o apreciando el de equilibrio.

En nuestro enfoque nos despojamos totalmente de tal limitación: no hay una sino dos alternativas para corregir el atraso. Pero no sólo esto sino que vamos más allá. La alternativa de apreciar el TCRM de equilibrio: a. está fácilmente disponible; y b. constituye una alternativa mucho mejor[5] que la de corregirlo vía depreciar el TCRM efectivo. Veamos esto con más detalle.

En Sturzenegger 1990, traté explícitamente el tema del tipo de cambio de equilibrio siguiendo un modelo de elasticidades según Dornbusch 1975.[6] Se definía el valor de equilibrio del tipo de cambio como aquél que permite generar un saldo comercial intertemporalmente sostenible. Para cada economía tal valor depende de la evolución de múltiples factores como: los términos de intercambio, la política comercial externa, el nivel y evolución de los activos externos netos, la relación interna de productividades entre transables y no transables, y otros factores. En este trabajo, simplificadamente vamos a suponer la acción de sólo uno de ellos, i.e. la política comercial externa.

¿Por qué la alternativa de apreciar el TCRM de equilibrio está fácilmente disponible? Porque con sólo cambiar esa política comercial, esto es, quitar todas las restricciones a las exportaciones agroindustriales, tanto las arancelarias (retenciones) como las cuantitativas (cuotas, restricciones, etc.), ese tipo de cambio se aprecia. En el modelo de elasticidades citado, esa quita aumenta los precios de las producciones agrícolas, y con esto aumenta la producción y las exportaciones. El país aumenta su exportabilidad y su tipo de cambio de equilibrio es consecuentemente más bajo. Y como la discriminación existente contra el sector agrario es hoy muy alta, al desmantelarla esa apreciación va a ser importante. En este punto es necesario ser claros: todas las restricciones deben ser eliminadas y todas las retenciones llevadas a cero. De hecho, si hay una que debe ser cero es la de la soja, la nave insignia de nuestro comercio exportador, y la que realmente puede mover el amperímetro del TCRM de equilibrio.

¿Y por qué es una alternativa mucho mejor que la de la depreciación real del efectivo? Por lo siguiente,

  • Apreciar el TCRM de equilibrio, como dijimos, es fácil. Por el contrario lograr una depreciación real del efectivo puede ser muy difícil. Si el pass through fuera uno, imposible. Si fuera alto podría tener altos costos de actividad económica y empleo. En el 2002 el país tuvo una mega devaluación y un pass through bajo, 0,18, porque existieron tres condicionantes inexistentes hoy: a. No había inercias inflacionarias; b. Se aplicaron retenciones; y c. Existía alta desocupación y alta capacidad ociosa. Por el contrario hoy hay fuertes inercias inflacionarias, no se pueden aumentar las retenciones, y no hay alto desempleo y alta capacidad ociosa. En estas condiciones el pass through puede ser alto y para bajarlo sólo estaría disponible bajar el empleo y la actividad económica.
  • Como se indicó, es necesario quebrar el círculo vicioso entre expectativas devaluatorias y escasez de dólares. Para esto la diferencia entre las dos alternativas presentadas es enorme. La nuestra es fácil y rápida de concretar, y por ello cambia la exportabilidad de la economía (y las expectativas) en forma cierta y segura. Hay alguna endogeneidad con el resultado final, pero débil. Por el contrario la alternativa de depreciación real es incierta y difícil de concretar. Hay mucha endogeneidad con el resultado dado el incierto valor que puede asumir el pass through. No es fácil cambiar las expectativas devaluatorias a través de medidas con resultados inciertos.
  • Las dos alternativas son también muy diferentes en cuanto a su eficacia para aumentar la exportabilidad de nuestra economía. En el trabajo indicado, hemos computado en cuanto aumentaría la rentabilidad agrícola, por ejemplo, en soja, ante las dos alternativas: a. Eliminación total de la discriminación contra el agro; b. Concretar una depreciación real del 25%[7]. A junio de este año medimos esa renta[8] en 193,4 dólares. En la alternativa b. esa renta variaría 35%. En cambio en la alternativa a. la variación sería de un 248%. Muy diferentes impactos para cambiar la exportabilidad de la economía.

La conclusión de estas notas nos parece simple. Hoy existe atraso cambiario. El mismo genera efectos económicos muy negativos y es urgente resolverlo. Para ello, aunque no mutuamente excluyentes, hay dos alternativas básicas: depreciación del TCRM efectivo o apreciación del TCRM de equilibrio. Esta segunda alternativa es mucho mejor que la otra, y es la que debe concretarse sí o sí. Y es fácil hacerlo, porque sólo se trata de eliminar una política distorsiva preexistente. La vigencia de esta política fue siempre una maldición para un enfermo crónico de restricciones externas. Hoy esa vigencia es una bendición, ya que su eliminación permite colaborar decisivamente en resolver el principal problema que hoy tiene nuestra economía.

La eliminación total de la discriminación antiagro sería un formidable paso hacia adelante. Ahora bien, a. no todos los problemas de los sectores de transables quedarían resueltos con esa eliminación; y b. sería muy importante asegurar y ampliar los resultados positivos de la misma. Para abordar ambas cuestiones se deberían también concretar políticas complementarias y adicionales. Me limito sólo a indicar algunas de ellas:

  • Las provincias deberían aumentar los impuestos inmobiliarios rurales para lograr una cierta compensación de la pérdida fiscal[9] por la eliminación de las retenciones. Esto debería concretarse a través de un pacto fiscal entre Nación, Provincias, y los sectores rural y agroindustrial.
  • El desmantelamiento propuesto sólo resuelve una parte modesta del problema de las producciones regionales. Se requieren políticas específicas, algunas de las cuales están indicadas en mi trabajo citado al comienzo de esta nota.
  • Como se indicó, apreciar el TCRM de equilibrio no excluye la conveniencia de concretar algún nivel de depreciación real del TCRM efectivo, asegurando un pass through no muy alto con políticas como las del punto siguiente y otras complementarias. La conveniencia de tal depreciación real resultaría avalada tanto por razones productivas como fiscales.
  • El régimen macroeconómico debe pasar desde uno con dominancia fiscal (el actual), hacia uno con estricta dominancia monetaria.
  • Avances en la posición financiera internacional del país serían bienvenidos.

* UNLP.

[1] Sturzenegger, A. 1990, Trade, Exchange Rate, and Agricultural Pricing Policies in Argentina, World Bank Comparative Studies, World Bank, Washington., y Sturzenegger, A. 2007, Discriminación al Agro en Argentina, 1960-2005, Anales de la AAEP, Bahía Blanca.

[2] Ver, Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (2015),  Parte de Prensa N° 966,  Setiembre 2015, Buenos Aires.

[3] Digamos, dentro de los 9 meses subsiguientes.

[4] La Nación, Un asesor de Scioli sugirió endeudarse en lugar de devaluar, 08/09/15.

[5] “Mucho mejor” no significa  excluir  la alternativa de la depreciación real del efectivo.

[6] Dornbusch, R. 1975, Exchange rates and fiscal policy in a popular model of international trade,  American Economic Review, Dec.

[7] Si asumimos un pass through de 0,50, requeriría una devaluación nominal  del 50%.

[8] No incluyen costos de arrendamiento del campo.

[9] Recientes estimaciones  (La Nación, 29/09/15, sección central, pag 10) ubican el nivel de retenciones a los granos en algo más del 1,0% del PBI.  J.Nogues, sobre la base de Porto, A., (2009), Efectos fiscales de los impuestos sobre las exportaciones (retenciones), Foro de la Cadena Agroindustrial,  ha estimado para este año, una pérdida fiscal neta menor al 0,5% del PBI.

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3 Respuestas a “Atraso Cambiario: ¿Cómo abordarlo?

  1. Muy buena la nota, me brindó una perspectiva que no había tenido en cuenta. En caso de generar una apreciación del tipo de cambio de equilibrio, hay un efecto adicional (aunque no sabría precisar el peso) que favorecería al comercio exterior, que es el siguiente: la existencia de retenciones es un argumento que se usa a favor para iniciar investigaciones de dumping en contra de empresas radicadas en nuestro país. El argumento no es del todo bueno, pero se arguye que la existencia de retenciones en productos agrícolas locales (por ejemplo, aceite de soja) fija artificialemente el precio por el que se lo adquiere en el mercado interno, por uno mas bajo que el de referencia, generando la posibilidad de iniciar un expediente por competencia desleal, en industrias que los utilizan como materia prima (por ejemplo, biodiesel).

  2. El modelo citado para afirmar que una apreciación del TCR es viable es de 1990. Se actualizaron las elasticidades respecto de las exportaciones agrícolas? Pregunto porque, para que sea viable dicha recomendación, la elasticidad precio de las exportaciones agrícolas debería ser lo suficientemente alta como para que, ante una quita de las retenciones, aumente considerablemente la producción agrícola y, luego, las exportaciones. En la actualidad, con una superficie sembrada en torno a las 38 millones de hectáreas y una campaña agrícola récord de 123 millones de toneladas para la última cosecha, parece difícil expandir aún más la frontera de producción.
    Saludos.

  3. Don Best Seller, en que país vives, Brasil, por acá la producción de granos es de como 100 millones y gracias a que el ambiente que es en 50% responsable de la productividad fue casi perfecto. Aparte la retenciones del 5% afectan a todas las producciones agrícolas regionales.
    Otra cosa, el problema no es expandir la frontera productiva que curiosamente se esta encogiendo pese a los muy buenos precios internacionales ( 330 o 340 dolares fob por tn son preciasos para la soja, acá). Sino intensificar y agregar valor a los granos y otros productos agrícolas, en forma natural haciendo semillas, carnes, leche, etc. y fomentando los procesos de industrializancion de la producción para lo cual se necesita mucha. Cosa que parce un misterio para el gobierno actual.

    El post es unas de las mejores aproximaciónes que he visto para solucionar los problemas de apreciación cambiaría, espero que alguien lo aplique.

    Saludos,

    Zorba

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