La procrastinación cuesta. Midiendo los efectos del mal manejo del bono demográfico en Argentina

Por Ramiro Albrieu*

ageingAl menos desde fines del siglo XVIII la teoría económica ha insistido en relacionar a los cambios demográficos con el crecimiento económico. Si bien desde Thomas Malthus hasta hace unas décadas el foco estuvo puesto en el crecimiento poblacional, recientemente la literatura encontró nexos potentes entre el crecimiento y la dinámica de la estructura poblacional. En particular, a lo largo de la transición demográfica, que convierte a los países de jóvenes a viejos, hay una etapa donde la población activa es prominente y se abre una ventana para acelerar el crecimiento –lo que se conoce como el “bono o dividendo demográfico”-. Si bien Argentina vivió una especie de bono de estas características con la inmigración europea durante la primera globalización (“gobernar es poblar”, decía Alberdi), es entre 1995 y 2035 que el puro cambio poblacional otorga esa oportunidad. Después es el momento del envejecimiento, y allí es donde aparecen los problemas. 

La idea

La hipótesis del ciclo de vida  de Modigliani y Brumberg (1954) postula que los individuos tienden a ahorrar mientras trabajan para financiar el consumo luego del retiro; de ahí se sigue que los cambios en la estructura poblacional generarán distintos tipos de ciclo de vida a nivel agregado en lo referido a la producción, el consumo y ahorro (Higgins 1998). ¿Hay un patrón de cambio poblacional común a todo tiempo y lugar? El demógrafo norteamericano Warren Thompson planteó hace casi un siglo la idea de la “transición demográfica”: una primera etapa donde tanto la tasa de mortalidad como de fertilidad son altas; una segunda donde caen la tasa de mortalidad primero y la tasa de fertilidad con un rezago, y una última donde ambas tasas son similares y bajas. La combinación de tasas de mortalidad infantil decrecientes y tasas de fertilidad relativamente constantes da lugar a un baby boom que va desapareciendo a medida que la fertilidad se reduce. Esa aceleración transitoria en el crecimiento poblacional da lugar a la siguiente secuencia: primero hay muchos niños, luego esos niños crecen y engrosan la población activa, y por último esos adultos crecen y se convierten en viejos. Si juntamos esta dinámica con los patrones de ingreso y consumo del ciclo de vida vemos que el sesgo en la estructura población hacia las edades activas implica también un aumento en el ahorro nacional y –con él- una aceleración en el ritmo de acumulación de activos. Es en ese período que aparece el dividendo o bono demográfico de Bloom et al. (2003): allí es el momento de ahorrar, pero también incrementar la productividad (a través por ejemplo del capital deepening o la inversión en capital humano) para poder sostener un nivel de consumo per capita más alto en el futuro. 

Argentina y la transición demográfica

¿Dónde está Argentina? La tasa de fertilidad se redujo en las últimas décadas, pasando de 3,44 hijos por mujer en 1975-1980 a 2,25 en 2005-2010, y la tasa de mortalidad pasó de 8,9 a 7,73 por cada mil habitantes en el mismo período. Como consecuencia de esta dinámica, la población está experimentando dramáticos cambios en su estructura etaria: una fenomenal caída de la población pasiva en relación a la población activa (es decir, una caída en la tasa de dependencia). En una visión de largo plazo, lo dicho más arriba genera la dinámica de los shares en la población que se presenta en el gráfico 1. Así, Naciones Unidas (2004) estima que la ventana de oportunidad demográfica se abrió en 1995 y se cerrará en 2035. El timing argentino para estas cuatro décadas de la ventana lo ubica como un país adulto, a diferencia de países jóvenes como Nigeria o viejos como Japón.

Figura 1 (video) Share poblacional por cohorte: evolución en el largo plazo

Fuente: UN population division

¿Qué implicancias tiene esta dinámica para el ingreso y el consumo? Para contestar esta pregunta utilizamos las National Transfer Accounts (NTA), un sistema de cuentas que mide los flujos económicos por cohorte de forma consistente con el sistema de cuentas nacionales[1]. Para el caso de Argentina (figura 2a), nótese que los perfiles individuales por cohorte tienen los rasgos esperados por la teoría. El ingreso laboral crece entre los 15 y los 33/35 años, se estabiliza por 10/15 años y luego comienza su caída, la cual se acelera en edades de retiro. El consumo crece en los primeros años, debido básicamente a la dinámica de las erogaciones por educación, y se mantiene relativamente estable a partir de allí, creciendo levemente en edades de retiro. Como resultado de esto, el déficit de ciclo de vida por cohorte es positivo para los niños y jóvenes de 0 a 25 años, negativo para los adultos entre los 26 y los 58 años, y nuevamente positivo para aquellos de 59 años o más[2]. La figura 2b combina los perfiles de ingreso laboral y consumo por cohorte (calibrados para 2010) con la evolución de la estructura poblacional para obtener la dinámica del deficit de ciclo de vida. El efecto de la demografía sobre la macro que queremos destacar queda claro[3]: hay un período donde la demografía ayuda a expandir los ingresos y ceteris paribus acelerar el ritmo de acumulación de activos, que es sucedido (y antecedido) por otro donde la demografía hace exactamente lo contrario.  En el caso de Argentina, el primer período (el bono) va desde 1990 hasta 2030, mientras que el segundo (el envejecimiento) de ahí en adelante.

ra_fig2

¿Preparados para el envejecimiento?

¿Vale la pena hacerse esa pregunta? Parece que no hay apuro para preocuparse por los problemas que aquejan a Japón, Alemania o en forma creciente a Corea. Sin embargo, la procrastinación puede ser costosa: la incapacidad para sostener altas tasas de ahorro y promover la productividad en la etapa del bono demográfico suele ser uno de los principales causantes de los ajustes macroeconómicos asociados al posterior envejecimiento poblacional; una vez que la sociedad envejece, es dificil aumentar la tasa de participación o la productividad laboral; solo queda el ajuste del consumo. Y si, contrario al deseo polémico y manifiesto del ministro de finanzas japones Taro Aso, las ganancias de expectativa de vida se realizan principalmente a partir de los 65 años, como detectan Eggleston y Fuchs (2012), entonces las pérdidas de bienestar en la forma de reducción del consumo por individuo son difíciles de evitar.

Dado que Argentina se encuentra en la mitad del bono, podemos preguntarnos entonces: ¿estuvimos acumulando la riqueza suficiente como para que las generaciones futuras financien el envejecimiento poblacional? Si existe un bono demográfico, hay lugar para la respuesta afirmativa: diversos canales conectan al sesgo poblacional hacia edades activas no sólo con una suba transitoria en la tasa de participación sino también con una aceleración en la productividad (ver Cooper 2015). Claro que si el consumo per capita aumenta por encima del crecimiento de la productividad, la generación actual estaría “comiendose” el bono demográfico, de manera que el consumo per capita deberá seguir en el futuro una dinámica de desaceleración consistente con una población que va envejeciendo.

Para fijar ideas podemos seguir a Mason y Lee (2007) y llamar “demanda de riqueza del ciclo de vida” o LCW a la sumatoria del valor descontado de los deficit de ciclo de vida futuros, suponiendo constantes los patrones etarios de productividad y el consumo per capita. El valor de LCW acelerará su crecimiento a lo largo del bono, reflejando que es cada vez más díficil para la sociedad en su conjunto financiar lo que resta de su ciclo de vida a medida que envejece si se mantiene invariante el comportamiento, resumido a su vez en la invariancia de los patrones de productividad y consumo per capita. A esa serie la comparamos con otra que llamamos W, y que sale de agregar comportamientos a la pura dinámica de la estructura poblacional. Si las dos series crecen a la misma tasa, podremos decir que el ritmo de acumulación de activos va en línea con la transición demográfica; no hará falta aumentar la productividad o reducir el consumo per capita en el futuro. Si W crece más lento que LCW, en tanto, la sociedad se sobre-prepara para el envejecimiento: como estuvo siendo más flugal que lo derivado de la demografía, ello le permitirá en el futuro actuar en forma opuesta, de manera que será posible sostener niveles de consumo per capita más altos (o niveles de productividad laboral más bajos) en el futuro. Por último, si la dinámica de W aventaja a la de LCW, tenemos un problema de sostenibilidad: las cohortes actuales son menos frugales que lo dictado por la demografía, y por ello las cohortes futuras deberán incrementar su productividad o reducir su consumo para poder hacer frente al envejecimiento.

La figura 3 estima para el período 1995-2100 estas dos series para Argentina con un horizonte de planificación de 100 años y una tasa de descuento del 3%. Tomamos 1995=100 para analizar lo que estuvo ocurriendo desde que comenzó la etapa del bono. Si miramos de la línea roja a la izquierda vemos que en lo que va de la ventana no lo estamos haciendo bien: W creció más que LCW, lo cual por supuesto refleja que la productividad laboral creció menos que el consumo (1.8% al año contra 1.4% al año, de acuerdo a estimaciones del Banco Mundial).  Esto quiere decir que estamos dejando una deuda con las generaciones futuras (y en función de la edad, con nosotros mismos en el futuro).

ra_fig3Fuente: elaboración propia

Escenarios de ajuste futuro

Nuestras discusiones sobre cómo el comportamiento macroeconómico puede dificultar la posibilidad de cobrar el dividendo toman mayor importancia si pasamos a un análisis prospectivo. Para el caso argentino sabemos que queda poco más de la mitad de la ventana demográfica y luego empieza la etapa del envejecimiento. Así, es clave discutir las posibles interacciones entre la transición demográfica y el comportamiento macroeconómico en las próximas dos décadas. Si tomamos como benchmark el comportamiento reciente y lo proyectamos hacia delante (fig. 3, de la línea roja hacia la derecha), vemos que es inconsistente en términos intertemporales: ¿quién va a financiar a una economía que no podrá generar superávits a la hora de pagar debido a que será “vieja” en términos demográficos?

Así, en algún momento de las próximas décadas Argentina deberá cambiar el mix consumo per capita / productividad. Nuevamente, allí está la clave del dividendo: incrementar la productividad de manera de evitar ajustes indeseables en el consumo. Para fijar ideas, las figuras 4a y 4b presenta dos escenarios de ajuste: el coreano, que incrementó fuertemente la productividad durante la etapa del bono, y el español, donde ello no ocurrió y entonces la corrección del mix productividad/consumo se está haciendo con la economía envejecida. Suponemos que el ajuste se realiza en un cuarto de siglo. Con estos supuestos, se observa que si se realiza el cambio durante lo que resta de la ventana de oportunidad, o bien el PBI por empleado acelera su crecimiento, de 1.4% a 2.1%, o bien el consumo per capita desacelera su crecimiento, de 1.8% a 0.9%. Si, en cambio, se espera hasta la etapa de envejecimiento, la demografía jugará en contra (de hecho, el support ratio irá en descenso), de manera que los ajustes requeridos serán más fuertes: la productividad debería acelerarse hasta el 2.6% al año, o bien el consumo debería desacelerar hasta el 0.6% al año. 

ra_fig4Fuente: Elaboración propia

Final

¿Y la renta del capital? Hasta aquí analizamos la evolución de los consumidores efectivos y de los trabajadores efectivos, pero ¿qué podemos decir del rol de los “rentistas efectivos”? La evidencia al respecto muestra que el perfil etario de la renta del capital está sesgado a edades adultas (mayores a 50 años), de manera que el ahorro puede mantenerse en niveles altos por más de lo que indica el ingreso laboral. Sin embargo, tres temas dificultan el camino. La primera es que parece que el grueso de la capacidad innovadora se concentra en edades previas al envejecimiento poblacional (veáse por ejemplo Jones et al. (2014) sobre los nexos entre creatividad y edad). La segunda, que  la desigualdad en el ingreso del capital es mucho mayor que la del ingreso laboral, como resalta Piketty (2014), y por lo tanto la economía política del gasto previsional-eje constante de problemas-se convierte en factor clave. La tercera, que si bien el ahorro puede mantenerse alto por los rentistas efectivos, el resultado macroeconómico puede ser la anemia deflacionaria como la que está invadiendo Japón.

Las simulaciones aquí presentadas son sólo eso: simulaciones.  Sin embargo, capturan el hecho que se quiere enfatizar: problemas de sostenibilidad que, de mantenerse el patrón de comportamiento actual, serán evidentes en el futuro. Por suerte, aún estamos a tiempo de corregir la trayectoria.

Referencias

Albrieu, R. (2013), “La Macroeconomía de la ventana demográfica en Argentina”, Boletín Informativo Techint.

Bloom, D.; Canning, D. y J. Sevilla (2003), The Demographic Dividend. A New Perspective on the Economic Consequences of Population Change. Rand Monograph Report 1274.

Cooper, R. N. (2013), “Demography, Economic Growth, and Capital Flows”, en Fanelli, J.M. (en prensa), Asymmetric Demography and the Global Economy. Palgrave.

Eggleston, K. y V.R. Fuchs (2012), “The New Demographic Transition: Most Gains in Life Expectancy Now Realized Late in Life”, Journal of Economic Perspectives.

Higgins, M. (1998), “Demography, National Savings, and International Capital Flows”, International Economic Review 39: 343-69.

Jones, B.F., Reedy, E. J. y B.A. Weinberg (2014), “Age and Scientific Genius”, NBER Working Paper No. w19866.

Mason, A. y R. Lee (2007), “Transfers, Capital, and Consumption over the Demographic Transition” En Population Aging, Intergenerational Transfers and the Macroeconomy, Robert Clark, Naohiro Ogawa, and Andrew Mason (eds) Cheltenham, UK: Edward Elgar 128-162.

Modigliani, F., y R. H. Brumberg (1954), “Utility analysis and the consumption function: an interpretation of cross-section data,” en Kenneth K. Kurihara, ed., Post-Keynesian Economics, New Brunswick, NJ. Rutgers University Press.

United Nations (2004) “World population to 2300

Piketty , T. (2014), Capital in the Twenty-First Century. Belknap Press.


* Economista, Red Sudamericana de Economía Aplicada

[1] Se agradece a Pablo Comelatto del equipo NTA Argentina por la provisión de los datos.

[2] Si bien la “forma” de los perfiles es similar a lo largo de los países hay diferencias, que terminan siendo críticas a nivel agregado. Hay casos frugales, como China, donde el rango de cohortes superavitarias va desde los 23 a los 60 años, y casos opuestos, como Brasil, donde el rango de “prime savers” va desde los 32 a los 52 años.

[3] Los nexos entre demografía y macroeconomía van mucho más allá de lo aquí discutido. Para una revisión integral del caso argentino ver Albrieu (2013).

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