¿Cómo será este fin de ciclo de los precios de la energía?

Por Fernando Navajas*

SubsidiosEn la mayor parte de los últimos 70 años, es decir desde la posguerra, los precios de la energía en la Argentina han estado regulados o directamente fijados por el gobierno. La excepción han sido los años 90 cuando las reformas regulatorias en los sectores energético y de infraestructura, para incorporar activamente al sector privado, llevaron a desregular los mercados mayoristas y minoristas de petróleo y combustibles líquidos, a desregular el mercado de gas natural aguas arriba y a organizar un despacho económico del sector eléctrico basado en mercados spot y de contratos. En este período los precios de la energía operaron de modo libre, siendo regulados en el caso del gas y la electricidad en los segmentos de transporte y distribución y permitiendo alguna desregulación acotada para el caso de grandes usuarios (ver, por ejemplo, FIEL, 1999; capítulos 4, 12 y 13). Pero salvo este período de irrupción de mercados energéticos, en el resto de las décadas que siguieron a la posguerra la regulación directa por parte del Estado ha sido la norma. Esto no significa que los precios de la energía no hayan estado, en muchos períodos, alineados con los precios internacionales o con los costos de oportunidad o que no hayan seguido reglas explícitas de formación. En igual sentido, han existido períodos en donde los precios que pagaba la demanda y percibía la oferta se equilibraban y se correspondían con los costos de oportunidad y por lo tanto los subsidios a la energía eran mínimos. Pero puede decirse que en gran parte de estas décadas existieron subsidios explícitos o implícitos, relacionados con transferencias del Tesoro o localizados en los déficits de las empresas públicas (ver por ejemplo Navajas, 1991).

Los subsidios a la energía han estado vinculados a ciclos de caída real en precios y tarifas que en la Argentina han sido estudiados en varias ocasiones y desde diferentes ángulos. [1]  Una forma de aproximar las diferencias entre estos ciclos se realiza en la Figura 1 y el Cuadro 1, en donde se presenta una serie larga del precio real de la electricidad que pagan los hogares en la Argentina.[2] El uso del precio residencial de la electricidad para representar los ciclos tarifarios es conveniente a los propósitos de este trabajo por varias razones. En primer lugar, la electricidad es el producto energético más homogéneo y de consumo más generalizado en los hogares a lo largo de estos 70 años. En segundo lugar, y dado que los precios reflejados en la Figura 1 y Cuadro 1 miden los precios finales a los consumidores (que incluyen impuestos) la electricidad ha estado expuesta a una tributación más parecida a la tributación general en el sentido que no ha estado expuesta a cambios en impuestos específicos (como en el caso de los combustibles). En tercer lugar, y principalmente, los subsidios a la energía eléctrica han jugado un rol central tanto en el nivel como en la dinámica de los subsidios a la energía en el último ciclo, como veremos más abajo.   

navajas_20151

En los 70 años que van desde 1945 a 2015[3] se registran 10 períodos o fases de caída real del precio de la energía eléctrica residencial. En su mayoría estos ocurren antes de 1990 y comienzan con un período (llamado de “gran deterioro” tarifario en Nuñez Miñana y Porto 1976; 1982) entre 1945 y 1952, para luego continuar con varios ciclos tarifarios pronunciados que se inician con correcciones de precios que luego dan lugar a una fase de caída. En la mayoría de los casos es fácil visualizar las mismas en relación a planes de estabilización o programas económicos de la época. Es decir que existe, en la mayoría de los casos, un fenómeno macroeconómico subyacente y vinculado con ciclos de precios relativos. Esto es menos cierto en el primer (1945-52) y último (2001-2015) ciclo, que son de otro “tipo” en el sentido que pueden asociarse más con cambios estructurales en la formación de precios (más que en -o además de- el manejo de precios relativos). Ambos sobresalen del resto por su duración y también por la caída en términos reales, sobretodo porque la inflación (es decir la suba del IPC) era en ambos casos menor que en la mayoría del resto de los episodios. Cercanos, en cuanto a la magnitud de las caídas reales, están las fases de 1972-75 y la de 1981-84.  

navajas_20152

Los datos resumidos en el Cuadro 1 muestran también información referida a la magnitud de la recuperación tarifaria que siguió en el primer año de reversión de la fase de caída real del precio de la energía eléctrica residencial. En la casi totalidad de los casos no hay evidencia de que se haya recuperado totalmente el valor real de inicio de la fase de caída real. La excepción es la recuperación del año 1990 que llevó a una corrección superior a la caída de la fase anterior y que ocurrió no sólo como una corrección de precios relativos sino como un cambio estructural en preparación para el ingreso del sector privado al sector a través de las privatizaciones en ese momento en curso.  Esta evidencia no sólo es novedosa sino también relevante para el debate sobre la reforma de subsidios que encarará la Argentina, porque la misma no abona –desde el comportamiento histórico observado- la hipótesis de que los ciclos de caída real en el precio de la energía se revierten en forma de shocks, a menos que exista un sesgo muy fuerte hacia la formación de precios que acomode la entrada del sector privado. De este modo, los signos de interrogación de una eventual corrección de precios de la electricidad residencial en 2016 (sobre una medición anual) indican que resulta incierto anticipar la magnitud de la corrección. Lo que la información del Cuadro 1 sugiere es que de no existir una recomposición de precios que esté pensada para facilitar el ingreso del sector privado al sector u ocurra un fuerte movimiento de cierre del déficit fiscal, la evidencia histórica muestra que es probable que observemos correcciones parciales. 

Referencias

Berlinski J. y H. Dieguez (1977), “Análisis de la Evolución de Precios de las Empresas Públicas en la Argentina: Un Comentario”, Desarrollo Económico, vol.17, Nº 65, Abril-Junio.

De Pablo J.C. (1977), “Análisis de la Evolución de Precios de las Empresas Públicas en la Argentina: Una Omisión Preocupante”, Desarrollo Económico, vol.17, Nº 66, Julio-Setiembre.

FIEL (1999), “La regulación de la competencia y de los servicios públicos: Teoría y experiencia argentina reciente”, Buenos Aires: Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas.

Navajas F., (1991), “Direct control and efficiency in public enterprises”, Anales de la XXVI Reunión anual de la AAEP, Universidad Católica de Santiago del Estero.

Núñez Miñana H. y A. Porto (1976), “Análisis de la Evolución de Precios de las Empresas Públicas en la Argentina”, Desarrollo Económico, vol 16, Nº63, Octubre-Diciembre, pp. 307-332.

Núñez Miñana H. y A. Porto (1982), “Inflación y Tarifas Públicas: Argentina 1945-1980”, Desarrollo Económico, vol.21, Nº84, Enero-Marzo, pp.469-484.

Porto A. y F. Navajas (1989), “Tarifas Públicas y Distribución del Ingreso: Teoría y Medición Preliminar para la Argentina”, Revista de Análisis Económico, Vol.4, Nº2, noviembre de 1989.

SIGEP (1990), “Precios y Tarifas de Empresas Públicas (SIGEP) 1989”, Buenos Aires: Sindicatura General de Empresas Públicas.


* UNLP-UBA.

[1] En la Argentina Nuñez Miñana y Porto (1976, 1982) fueron los primeros en construir series históricas de precios de los servicios públicos que incluyen a la energía y dieron lugar a un debate sobre las mediciones y su interpretación (ver Berlinski y Diéguez, 1977 y De Pablo, 1977, entre otros). Porto y Navajas (1989) fueron los primeros en mirar estos datos desde una perspectiva de economía pública para estudiar la presencia de objetivos distributivos y macroeconómicos en estos ciclos tarifarios reales.
[2] La serie presentada resulta del empalme de dos bases de datos diferentes que de todos modos no tiene efectos sobre la representación de los ciclos de precios que se ilustra. La primera base proviene del Anexo de Porto y Navajas (1989) y de SIGEP (1990) y mide el precio promedio final a consumidores residenciales de energía eléctrica (que refleja en promedio ponderado de precios de las empresas SEGBA y Agua y Energía) entre 1945 y 1990 y que ha sido deflactada por el índice de precios al consumidor. La segunda base proviene del precio de la energía eléctrica contenida en el índice de precios al consumidor, deflactada por el nivel general del IPC, de la Capital Federal (como han sido los índices de estas décadas), entre 1990 y 2014, con base INDEC  hasta 2010 y empalmada por las mediciones privadas de FIEL desde 2010. Este último hecho no altera la naturaleza del último ciclo sino que presenta discrepancias en los movimientos interanuales debido a que la serie de FIEL capta aumentos en el precio de la electricidad, por eliminación de subsidios, que en el caso del INDEC no aparecen. Al reflejar los precios de la energía eléctrica que pagan los hogares de la Capital Federal los datos están sesgados hacia abajo en relación (no al área metropolitana de Buenos Aires sino) al interior del país en donde se han producido aumentos significativos en la tarifa final. Pero estos mayores precios no se deben al componente de energía eléctrica contenido en la tarifa (porque los precios son uniformes en todo el país, según la programación del operador del mercado mayorista) sino a ajustes en el componente de distribución (para evitar déficits en empresas provinciales). Es decir que estos precios de la Capital Federal reflejan mejor la caída real en el precio de la energía eléctrica en todo el país y su relación con los subsidios.
[3] La Figura 1 contiene datos históricos hasta 2014 mientras que la inclusión del año 2015 en el Cuadro 1 es sólo a los efectos de completar las 7 décadas y se basa en la conjetura de que en 2015 va a continuar el deterioro en el valor real del precio de la electricidad. Para ello se supuso que el precio promedio de la electricidad se mantiene y que el IPC no oficial sube en 26%. Esta proyección es a título personal y sólo para facilitar la hipótesis. La caída real del último ciclo del Cuadro 1, si se mide al 2014, es de 65.5% en vez de 73%.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s