¿Aprovechó América del Sur la coyuntura favorable?

Por Ramiro Albrieu, Andrés López y Guillermo Rozenwurcel*

El crecimiento económico, esquivo en el último cuarto del siglo XX, regresó a América del Sur con la llegada del siglo XXI. Las mejoras no se agotaron en la aceleración del crecimiento: la pobreza se redujo a la mitad en la última década y la distribución del ingreso mejoró (aunque moderadamente). Como resultado la clase media se expandió entre 40% y 50% entre 2003 y 2009, llegando a representar un tercio de la población.

¿Listo? ¿Lo logramos? Tienta contestar por la afirmativa. Pero no todo lo que brilla es oro: el esfuerzo necesario es de largo aliento y hay muchos desvíos que pueden conducir a nuevas frustraciones.

El mejor desempeño de la región en el período reciente estuvo fuertemente vinculado a la bonanza de precios de los recursos naturales. Pero para que una estrategia de desarrollo basada en la riqueza natural funcione deben considerarse múltiples factores: un adecuado análisis de la dinámica mundial; una estimación apropiada de la dotación de recursos naturales disponibles; una medida del impacto ambiental y social que genera su explotación; la evolución de la productividad agregada; la medición de las externalidades positivas y negativas hacia otros sectores; el monitoreo del empleo de las rentas fiscales.

Para complicar más las cosas, basta con un “eslabón débil” para que el esfuerzo se desmorone; en otras palabras, el éxito dependerá críticamente de cuán bien estemos corrigiendo lo que peor venimos haciendo.

En el primer Primer Reporte Anual de Recursos Naturales y Desarrollo de la Red Sur procuramos analizar estos factores para los países de América del Sur. Estos son algunos de los resultados:

  • La región se encontró frente a otro ciclo largo de expansión en la economía mundial –matizado por los efectos de la crisis subprime y el rebalanceo chino. Esto provocó un fuerte impulso para los mercados globales de recursos naturales, con mayores volúmenes intercambiados y mejores precios relativos. En términos de cantidad, el efecto fue fuerte en bienes agrícolas, mientras que en precios fue significativo en combustibles y minerales.
  • América del Sur no ha sido especialmente hábil (o afortunada) para transformar su potencial de recursos en riqueza natural, lo cual es particularmente cierto para los activos no renovables. Sin embargo este resultado esconde heterogeneidades: el portafolio y la cuantía de activos naturales difiere a lo largo de los países.
  • El grado de explotación de los recursos naturales ha aumentado marcadamente. ¿Han compensado los países de la región esta descapitalización con la formación de otros activos? La respuesta es en general positiva: el ahorro “genuino” (que compensa esa descapitalización mediante la acumulación de otros activos) se ha incrementado en esta década. Por otra parte, adoptando el criterio más exigente de “sostenibilidad fuerte”, el impacto de la actividad humana sobre la capacidad biológica todavía es relativamente bajo en la región, aunque en cada país hay efectos de magnitud de diverso tipo que es preciso cuantificar.
  • Si bien buena parte de las actividades primarias han aumentado sustancialmente su productividad, y avanzan en la generación de empleos de calidad, ello no fue suficiente para aumentar la productividad agregada. Detrás de este resultado hay heterogeneidades, aunque la baja inversión en capital humano, conocimiento tecnología e infraestructura es generalizada.
  • Los países de América del Sur muestran una alta recurrencia de shocks comerciales externos, lo cual es particularmente cierto para aquellos especializados en energía y en metales. Esto hizo que el último episodio de bonanza se produjera una tendencia a la apreciación cambiaria –más o menos acentuada según las políticas adoptadas en cada país-, la suba de los costos laborales y una tendencia al déficit externo. El actual modo de integración financiera de la región, no obstante, conlleva riesgos más reducidos que en el pasado.
  • La evidencia muestra un fuerte aumento en la capacidad de los gobiernos para apropiarse de los beneficios de la bonanza, tanto a través de la imposición directa como de regalías o mecanismos indirectos. ¿Qué se hizo con estas rentas? Hubo de todo: países que parecen haber gastado más de la cuenta y otros que ahorraron, lo cual es preferible. En tanto, como dijimos arriba, persisten deficiencias en áreas como infraestructura básica y capital humano.

Aunque el panorama luce mejor que en el pasado, todavía se aprecian más sombras que luces.

Hubo aprendizaje de los errores–y de otras experiencias exitosas-; surgieron nuevas empresas innovadoras; aumentó también la conciencia de los riesgos ambientales.

Pero la productividad sistémica no ha aumentado, la provisión de bienes públicos no ha mejorado y en muchos casos la bonanza externa parece interpretarse equivocadamente como un fenómeno irreversible. En síntesis, aún queda mucho por hacer.


* Economistas, Red Sudamericana de Economía Aplicada . Nota publicada en el Diario Clarín .

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