Fábulas macroeconómicas: Rememorando el ciclo bismuto- aceite de castor

Por Daniel Heymann*

A bottle of cold medicine poured into a spoonA veces los argumentos económicos parecen girar en redondo, como si la acumulación de experiencias no generara aprendizajes sino sucesivas vueltas a puntos ya transitados. En algunas discusiones actuales sobre políticas macroeconómicas, monetarias en particular, se pueden identificar signos de este tipo. En un caso como el de la Unión Europea, la decisiva actitud alemana insiste en atribuir grandes costos potenciales a posibles políticas expansivas, cuando la economía de la zona no consigue sostener una recuperación definida de la actividad, y está presente la perspectiva de una peligrosa deflación en medio de problemas de deuda irresueltos. Es como si una memoria atávica de las perturbaciones monetarias de las posguerras nublara la percepción de los problemas presentes. Del otro lado, en el contexto argentino, está difundida en ciertos ámbitos, y  formuladores de política entre ellos, la opinión de que la mejor performance comparativa de USA y el Reino Unido dentro del grupo de las economías centrales, junto con fuertísimos crecimientos en el volumen de sus bases monetarias, mostraría inequívocamente las ventajas de masivos incrementos de la oferta de dinero primario en cualquier tiempo y lugar, y podría servir como experimento crucial para afirmar que, como pleno reverso de lo que una vez manifestó Friedman, la inflación no es nunca y en ninguna parte un fenómeno asociado con un exceso de creación de moneda.

Hace ya más de ochenta años (en el Treatise, 1930), Keynes usó la pintoresca imagen del ciclo bismuto- aceite de castor para referirse a los vaivenes no convergentes de acciones de política macroeconómica y de las percepciones al respecto. La analogía es con una familia que debe decidir cómo tratar a un chico inicialmente enfermo de estreñimiento, sea con bismuto (un remedio para la diarrea), sea con aceite de castor (un laxante). Keynes pinta la situación así: “Es como si  la familia le fuera a dar al enfermo  dosis sucesivas de aceite de castor cada diez minutos hasta que la primera dosis empiece a surtir efecto. O, para tomar un mejor paralelo, sería como si diferentes miembros de la familia le dieran al chico dosis sucesivas, y cada uno ignorara las dosis dadas por los otros. El chico estaría todavía más enfermo. Entonces, se administraría bismuto bajo los mismos principios. Un observador con inclinaciones científicas podría anunciar que el chico está sujeto a un ciclo diarrea- constipación… Si el tiempo requerido para que opere la primera dosis es constante, la familia puede descubrir que hay un ciclo de período fijo. Tal vez  se sugiera que la solución es prescribir bismuto cuando hay diarrea, y aceite de castor para la constipación. Pero más probablemente los familiares se dividirán en partidos bismutistas y oleocastoristas, uno de los cuales, impresionado por los horrores de la diarrea, rechazará taxativamente el uso del aceite de castor mientras que el otro, movido por la depresión de la constipación, abjurará del bismuto”.      

Una vez constituidas las facciones o “escuelas”, estaría armada la escena para un descenso barranca abajo. Posiblemente los bismutistas nieguen enfáticamente cualquier conexión entre sus medicamentos y el estreñimiento, y asocien a éste con la desconfianza que genera en el paciente y sus allegados la prédica errónea (o aun malintencionada) del otro grupo, que podría inhibir los benéficos efectos de un  sostenido tratamiento con bismuto. De modo análogo, los oleocastoristas demandarán explicaciones fehacientes y detalladas de cualquier presunta vinculación de su medicina con la diarrea, y exigirán que primero se descarte cualquier influencia psicosomática, medioambiental o de aviesa intención (tal vez alguien que interviene en la elaboración de la comida del enfermo o en el monitoreo de su estado de salud tiene intereses en el bando bismutista?).

Según el momento, la influencia de cada parcialidad podría ir variando. Cuando, por caso, el bismutismo está en un punto alto (tal vez luego de un episodio particularmente fuerte de diarrea), es posible que los argumentos que reconocen usos potenciales, aun ocasionalmente, del aceite de castor, sean descartados de plano como herejías absurdas, o bien ignorados directamente. Puestos en este predicamento, los oleocastoristas residuales  quizás invoquen la necesidad de que la familia tome una actitud pluralista y escuche otras voces que las del bismutismo predominante aunque, si alguna vez el oleocastorismo vuelve por sus fueros (¿después de un agudo ataque de constipación en la casa?) ese pedido de apertura es capaz  de transformarse rápidamente en un tratamiento a sus rivales análogo al que se les propinaba antes: ¿Cuándo toca, toca, y al que no le guste, aceite de castor?

Los conflictos entre las corrientes medicinales (o “paradigmas”, como tal vez los designen algunos de los familiares más ilustrados) pueden derivar en densos torneos escolásticos: a fin de dar a la cuestión un tono más elevado, algunos adeptos (tal vez especialmente entre los jóvenes) dediquen una buena cantidad de su tiempo y  esfuerzo a preparar eruditos textos, para lectura sobre todo de sus propios cofrades, que, con profusas citas literales de los maestros (y de aquellos vilipendiables sofistas que dieron origen al otro bando) busquen ofrecer victoriosas refutaciones  de la doctrina rival. Entretanto, es posible que aparezcan movimientos como los neobismutistas o los post- neocastoristas, lo que daría motivo para ulteriores ejercicios dialécticos. También,  en vista de los resultados poco satisfactorios de los ensayos de cura de uno u otro tipo, puede que surja un grupo proclive a rechazar por principio cualquier medicación: la naturaleza es sabia. En ese clima, las fiestas de fin de año y demás reuniones familiares ineludibles serían acontecimientos agrios y chicaneros, sin que eso redunde en alguna ventaja para los pacientes afectados de constipación o diarrea.

Fábulas aparte: en el mundo real, el arte de la política económica (para ciencia falta bastante, aunque valga la pena buscar cómo irse acercando) consiste en adecuar instrumentos y dosificación a los problemas concretos que se enfrentan o se avizoran. Esto implica lo contrario del eclecticismo, y también de la pedantería dogmática: no es que cualquier cosa sea lo mismo, o que baste nada más consultar a los oráculos de esta o aquella doctrina  sino que hace falta identificar las acciones particulares que se corresponden a la situación específica, sobre la base del conocimiento que se haya ido acumulando, y entendiendo que, en todo caso, éste es provisorio. En un país con la historia macroeconómica de la Argentina, estas proposiciones podrían sonar triviales. Pero: está la imagen del bismuto y del aceite de castor tan lejos de nuestra experiencia? 


* UBA, UNLP y UdeSA. Director del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de Buenos Aires (IIEP-BAIRES), FCE UBA-CONICET.

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2 Respuestas a “Fábulas macroeconómicas: Rememorando el ciclo bismuto- aceite de castor

  1. Muy interesante profesor.

    Las dos perspectivas planteadas desde la citada obra de Keynes y su comentario final me llaman al recordatorio aleccionador (me arriesgaría a decirlo) sobre el enfoque poco saludable acerca de la supuesta antítesis de las maneras de pensar las dinámicas económicas y, entonces, la construcción de un pensamiento.

    En ese sentido, parece liso y llano suponer que las ilustraciones de grandes pensadores económicos sean “in a eternum´´ aplicables o, valga la redundancia, en todo tiempo y lugar; y que solo uno de esos enfoques científicos sean válidos para abordar la realidad y accionar sobre sus desafíos. Es entonces cuando la pretendida unicidad de pensamiento cae en esa antítesis o argumentos del tipo dogmático.

    Desde su comentario final, creo que sería muy saludable pretender la inexistencia de cierta combinación de pensamiento en lugar de la pretensión de la unicidad de ciertos lineamientos: un tejido de interpretaciones sobre la realidad sin aditivos de tipo dogmáticos en aras de una mayor flexibilidad ante cambios abruptos de tal realidad.

    Finalmente, es bueno constructivo recordar que cada modelo o interpretación de hechos tiene algo bueno para decirnos en este mundo de complejidades donde la construcción del pensamiento siempre parece estar detrás de la realidad y nunca ganar esa carrera.

    M.

  2. Muy simpático, Daniel! No conocía la historia…
    El culto de autores como regla general me parece una influencia con muchos reveses potenciales. Ojo, esto no lo digo yo, lo dijeron Wicksell y Sraffa hace como cien años. 😉
    La aproximación del último párrafo creo que es la correcta, aunque esa es apenas la etapa previa a empezar a bañarse para cambiarse para ir a la fiesta.
    Por último, quizás el ejemplo de la eurozona no sea el más adecuado. Es posible que haya pasado demasiado tiempo constipada como para que la metáfora aplique plenamente y no tengamos un diagnóstico más definido.
    Un saludo y felicitaciones.

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