¿Adónde fue a parar el mayor superávit de la historia?

Por Mario Brodersohn*

http://www.dreamstime.com/royalty-free-stock-photo-flying-cash-image2254915Desde comienzos de este siglo, el aumento en el precio de la soja y la revolución tecnológica agropecuaria alimentaron las expectativas de que por fin la Argentina había superado la histórica restricción externa al crecimiento económico. Estas expectativas tenían como sustento un asombroso y jamás soñado superávit externo de 163.600 millones de dólares, acumulando los superávits anuales del 2003 al 2014 provenientes del Balance Cambiario del Banco Central. Como muy bien lo señala Pablo Gerchunoff,

“no hay registros de un superávit comercial que se aproxime al registrado durante esos 12 años.Para igualar las exportaciones de esos años, en dólares a precios constantes, es necesario sumar las exportaciones de los sesenta años previos al kirchnerismo que van de 1943 al 2002.

Lamentablemente, y como sucede con el mito histórico que el peronismo sabe gobernar, el kirchnerismo termina su gestión desaprovechando la oportunidad más brillante que tuvimos en toda la historia argentina. En efecto, ¿adónde fue a parar ese fabuloso superávit externo de 163.600 millones? Las cifras del Banco Central también señalan que el principal destino de ese superávit fue financiar una salida de capitales privados al exterior por 94.500 millones de dólares. A ello se agregaron otros 40.300 millones de dólares para pagar los servicios de la deuda pública debido al nulo acceso a los mercados financieros internacionales. En conclusión, de esos 163.600 millones solo se destinaron 16.000 millones a aumentar las reservas internacionales.

La poca credibilidad en la coherencia de las reglas de juego macroeconómicas, las transgresiones a la seguridad jurídica y el aislamiento internacional generaron un clima propicio para la fuga de 94.500 millones de dólares.

No se crearon las condiciones que hiciesen más atractivo y rentable invertir en la Argentina que en el exterior. La crisis energética es un claro ejemplo. El gobierno negocia con empresas petroleras multinacionales acuerdos secretos para invertir en el sector energético al mismo tiempo que la fuga de capitales de 94.500 millones es más de dos veces superior a las exigencias de inversión en los yacimientos en Vaca Muerta.

Precisamente fue esa fuga de capitales privados al exterior lo que llevó a la Presidenta, días después de ser reelecta con el 54% de los votos, a enfrentar la restricción externa con el cepo cambiario. Su fracaso provocó, en enero del 2014, una pérdida de reservas internacionales de 2.800 millones de dólares. Para frenar esa corrida cambiaria no le quedó al Gobierno otra alternativa que optar por un ajuste ortodoxo y recesivo. Así, el Gobierno devaluó hasta setiembre del 2014 a un ritmo del 50% interanual, la inflación aumentó al 40% anual, los salarios y las jubilaciones al 30%, y el salario real cae un 10%.

La consiguiente disminución del consumo privado, unido al de la inversión y de las exportaciones, es coherente con el objetivo de un ajuste recesivo.

De esta forma, y como sucedía en el pasado con los ciclos “stop and go”, la contracción de las importaciones permite superar la escasez de dólares.

Como contrapartida a esta realidad, el Gobierno intenta con medidas policiales -como sucedió con Mariva Bursátil, que regularmente operó con el ANSES- cambiar el rumbo futuro de los acontecimientos. Sin embargo, termina por degradar a la política.

El Gobierno, preocupado por el costo político de ese ajuste recesivo, intenta contrarrestarlo propiciando un planteo reactivador keynesiano. Ese planteo reactivador está centrado en dos rubros. Primero, aumento del gasto público al 44% interanual, mientras los impuestos lo hacen al 35%. Segundo, aumento de la emisión monetaria. Para todo el 2014, estimamos que el financiamiento del Banco Central al Tesoro Nacional llegará a los 25.000 millones de dólares (un 5% del PBI), sumando la monetización del déficit y los dólares que se necesitan para pagar la deuda pública.

Para el equipo económico, la inflación y la cotización del dólar paralelo son inmunes al déficit fiscal y a la expansion monetaria. Esta es una interpretación equivocada del modelo keynesiano.

Entre el 2012 y el 2014 las reservas internacionales disminuyeron en 20.200 millones de dólares. Dado el nulo acceso al mercado financiero internacional, el Gobierno no tiene margen de maniobra para reactivar la economía porque ello va a demandar más dólares para importaciones. Ni tampoco lo tiene para defender el atraso del tipo de cambio con las reservas internacionales, porque en el 2015 los servicios de la deuda pública solo para los bonos sujetos a ley argentina, organismos internacionales y Club de París llegan a 8.600 millones de dólares.

En síntesis, el Gobierno dilapidó un superávit externo de 163.600 millones de dólares financiando una fuga de capitales privados al exterior por 94.500 millones de dólares. En cierta oportunidad me preguntaron cómo se hace para tener una pequeña fortuna. Muy fácil. Hay que empezar con una gran fortuna.


*Economista, Presidente de Econométrica. Publicado en Diario Clarin, 16-10-14

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