Papa Francisco: mete el dedo en la llaga, pero complica la solución

Por Juan Carlos de Pablo *

papaEl Papa Francisco me genera sentimientos encontrados.

Me entusiasma cuando viaja a la isla de Lampedusa y mezclado con quienes han puesto en riesgo su vida y enfrentan fuerte incertidumbre, llama la atención sobre la dramática situación de algunos seres humanos; y también me entusiasma cuando le dice de todo a un cardenal que gastó 32 millones de euros en remodelar su residencia.

Pero me agarro la cabeza cuando critica la teoría del derrame, sostiene que para sobrevivir el capitalismo necesita guerras, y afirma que el endurecimiento de las penas no disminuye la cantidad de delitos.

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Cito textualmente sus afirmaciones con respecto a las 2 primeras cuestiones. “Algunos todavía defienden las teorías del `derrame´, que supone que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante”, sostuvo en la exhortación apostólica Evangelli gaudium (La alegría del Evangelio), del 26 de noviembre de 2013.

Por otro lado, “el actual es un sistema económico que ya no se aguanta, un sistema que para sobrevivir debe hacer la guerra, como han hecho siempre los grandes imperios. Pero como no se puede hacer la Tercera Guerra Mundial, entonces se hacen guerras locales. ¿Y esto qué significa? Que se fabrican y se venden armas, y con esto los balances de las economías idolátricas, las grandes economías mundiales que sacrifican al hombre a los pies del ídolo del dinero, obviamente se sanean”, afirmó en un reportaje publicado en La Vanguardia, el 13 de junio de 2014.

El Papa ataca las teorías del derrame cuando tal idea, formulada como teoría, no existe. Lo que puede existir, o no, es la realidad del derrame, basada en el hecho de que –desde el punto de vista de sus energías y sus posibilidades- no todos los seres humanos somos iguales. En Argentina Alberto Olmedo personificó la realidad del derrame, cuando varios actores y actrices se quedaron sin trabajo, ante la súbita e inesperada muerte del “derramador”.

Sólo una ínfima minoría de economistas recomienda que cada ser humano se contente con lo que recibe del “mercado”, es decir, de la interacción privada y voluntaria con el resto de los seres humanos; pero la mayoría también puntualiza que, sustituyendo o complementando el derrame privado, el Estado cobra muy caro sus servicios (con la misma cantidad de recursos Caritas soluciona muchos más problemas que tienen las personas de carne y hueso, que los funcionarios).

En cuanto a la relación entre capitalismo y guerra, modernamente la idea fue planteada por quienes explicaron la finalización de la Gran Crisis de la década de 1930, por los preparativos y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial; y también por la preocupación que la finalización de la contienda tendría sobre la demanda agregada y por consiguiente la reaparición de la recesión. Preocupación que felizmente no se materializó.

Todo alumno de economía aprende en el curso introductorio que los recursos tienen usos alternativos, de manera con el mismo acero con el cual se pueden fabricar cañones, se pueden fabricar puentes o camiones. Por consiguiente para funcionar el capitalismo no necesita generar guerras, basta con redireccionar la demanda. ¿Cómo explican, quienes conectan el capitalismo con la guerra, el resurgimiento de Japón luego de 1945, país al que “por las dudas” se le prohibió que se rearmara?

Las aseveraciones papales en el plano fáctico no se circunscriben a los aspectos económicos de la realidad, porque también incursionó en la relación (o falta de ella) entre el endurecimiento de las penas y la cantidad de delitos. No soy un experto en esta última cuestión, pero registro que tanto las madres como los árbitros deportivos, les agravan las penas a los reincidentes. ¿Estarán equivocadas todas las madres del mundo, así como quienes diseñaron las reglas de juego deportivas?

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¿Qué tienen en común los 3 ejemplos citados? Que ensayan explicaciones causales sobre hechos observados. La desigualdad de los ingresos (que no es lo mismo que la inequidad. La desigualdad es un concepto estadístico, la inequidad un concepto ético), el capitalismo, las guerras y los delitos, son hechos observables. La operatoria de la teoría del derrame, la relación entre el capitalismo y la guerra, así como la relevancia de los enfoques garantistas y abolicionistas, pertenecen al plano de la explicación causal de los hechos observados.

En economía al menos, y sospecho que también en otras disciplinas, la explicación causal de los hechos observados es una tarea bien difícil. Por el denominado problema de (falta de) identificación. Ejemplo: llego a mi casa y encuentro que el patio está mojado. Este es el hecho. ¿Por qué estará mojado: porque llovió, porque lo baldearon o porque se rompió un caño? La respuesta a este interrogante no pertenece al plano de la lógica sino al de la información (si sé que no llovió y que nadie lo baldeó, hay que llamar al plomero). Los debates públicos sobre por qué hay delito, sin aportar información específica, sirven para entretener o para el lucimiento personal, pero no ayudan a entender y por consiguiente a actuar.

Además, en el plano fáctico, tanto los hechos como las explicaciones varían en el tiempo y en el espacio. Raúl Prebisch habló del deterioro de los términos del intercambio en 1949: nadie que lo conoció puede sugerir que era tan necio como para no modificar su diagnóstico a la luz de la evolución del precio internacional de la soja. Por consiguiente, tanto los hechos como las explicaciones causales tiene que ser fechadas, y también circunscriptas desde el punto de vista geográfico (en base a la experiencia, de repente soy mucho más privatista en Argentina que en Alemania).

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En las primeras páginas de La riqueza de las naciones, la obra que publicó en 1776, Adam Smith explicó los beneficios de la especialización, o de la división del trabajo. Principio importantísimo que viene a cuento a propósito de estas líneas.

Del referido principio surge la siguiente propuesta: que el Papa Francisco plantee los problemas que observa, y que nos encargue a los profesionales de las distintas áreas, que busquemos soluciones factibles, para eliminar o al menos disminuir los problemas, pero en serio.

Lo que está ocurriendo en el Mediterráneo también ocurre –aunque no de manera tan trágica- en la frontera entre México y Estados Unidos. ¿Qué lleva a seres humanos a arriesgar perder la vida subiéndose a un bote que no tiene las mínimas condiciones de seguridad, para arribar a una tierra donde no saben lo que les espera? La desesperación. El Papa hace bien en llamar la atención sobre este dramático hecho, pero no ayuda sostener que esto se debe al “capitalismo africano”, que no retiene a quienes viven el referido continente, o al “capitalismo europeo”, que no los absorbe de manera digna. Lo mismo se puede decir con respecto a la cuestión de cómo son tratados los ancianos y los niños.

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Esto me lleva a la cuestión final. Para lograr lo que se propone el Papa, junto a testimoniar la existencia de grandes problemas y evitar incursionar en el plano de las explicaciones causales fácticas, tiene que ser exigente con los profesionales. ¿Qué tal si el Sumo Pontífice plantea la agenda de investigación de las distintas disciplinas, para que la tomen a su cargo hombres y mujeres –creyentes o no- que dicen estar interesados en solucionar problemas concretos?

Esta propuesta resulta hoy absolutamente relevante. En economía buena parte de la investigación aplicada se ocupa de temas irrelevantes o poco importantes. Subproducto de que, desde la Segunda Guerra Mundial, el análisis económico se “americanizó”, con sus ventajas y sus inconvenientes. Análisis pensados para gobiernos estables, y Estados creíbles, no pueden ser trasplantados, y menos de manera mecanicista, a realidades como las nuestras. Esto no quiere decir dejar de entrenarse en las universidades extranjeras; quiere decir ir, estudiar, volver y… ¡pensar!

El Papa Francisco podría aportar a lo que seguramente es su objetivo último, solucionar problemas concretos de los seres de carne y hueso, si desde la privilegiada posición que ocupa, les dice a quienes se dedican a las diferentes disciplinas, que pongan la cabeza y las agallas al estudio concreto de los problemas prácticos, sugiriendo soluciones factibles.

En realidad, no deberíamos esperar que el Papa lo haga. Deberíamos comenzar nosotros mismos, poniendo el saber específico al servicio de los dirigentes políticos. El problema no siempre es que al gobernante de turno no le interesan las soluciones; a veces es que el gobernante de turno no sabe qué hacer, ante la ausencia de propuestas concretas, basadas en diagnósticos realistas.


* Publicado en Revista Criterio N° 2.406, agosto de 2014. Titular de DEPABLOCONSULT, profesor en la UDESA y en la UCEMA. Miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas. depablo43@hotmail.com.

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Una respuesta a “Papa Francisco: mete el dedo en la llaga, pero complica la solución

  1. Elsa noemi Farias

    Muy cierto todo lo aquí expuesto,no debemos olvidar que el Papa es un simple ser humano por lo tanto tiene sus cosas no tan buenas, tampoco estoy muy convencida que TODO lo que dice es “Palabra Santa”!!!

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