Oferta y demanda de largo plazo

Por Fernando Straface *

Long_TermLa agenda pública es como un mercado de oferta y demanda. El sistema político produce bienes públicos, las políticas, que surgen de la intersección entre oferta ideológica y programática y condiciones de demanda social. El liderazgo político busca en cada elección conseguir apoyo social (los votos) e institucional (la Presidencia, diputados, senadores) para implementar su agenda. El éxito o fracaso de esa agenda retroalimenta la demanda que convierte al poder político conseguido en las elecciones en un flujo con altas y bajas y un saldo neto positivo o negativo.

Un país consolida una estrategia de desarrollo cuando, con las deseables diferencias ideológicas, el mercado político incorpora temas determinantes para el crecimiento y la equidad en el mediano plazo. En cambio, se aleja del desarrollo si la oferta y la demanda se nutren exclusivamente de fotografías de un presente continuo.

El desarrollo se logra por acumulación sostenida y no por episodios de bienestar seguidos de depresiones abruptas del crecimiento y la equidad. El desarrollo requiere un liderazgo político comprometido con una visión de mediano plazo que, en ocasiones, en el corto puede resultar exigua como negocio político.

La Argentina tiene un déficit de mercado político de largo plazo. El sistema político oferta poco al largo plazo y la sociedad lo demanda y premia menos aún. No hay culpables unívocos. Hay colectivos racionales de ambos lados de la ecuación que, por diversas razones, hacen del presente el predictor más importante de sus estrategias.

La crisis de 2001 acortó el horizonte político y redujo las expectativas de bienestar de las familias. Partidos políticos fragmentados, liderazgos personales y volátiles y el deterioro del vínculo entre política y sociedad moldearon la oferta política en esos primeros años. Salir de la crisis, recuperar la paz social, rescatar de la exclusión a millones de argentinos: era difícil plantear un camino de progreso social cuando casi un 40% de argentinos vivía en la pobreza.

El plan Jefes y Jefas, durante el gobierno de Eduardo Duhalde, luego convertido en el Plan Familias durante el gobierno de Néstor Kirchner, apuntalaron la emergencia social. Durante los gobiernos de Cristina Kirchner, la inclusión y la movilidad jubilatoria, la asignación universal por hijo y el Progresar elevaron a la categoría de derecho un umbral mínimo de inclusión.

El sistema político y una parte importante de la sociedad parecen anclados en la idea de reinclusión post crisis como punto de llegada. El discurso político –del Gobierno y de la oposición– hace hincapié en asegurar que nada de eso se perderá en las distintas versiones de oferta 2015, lo cual revela el éxito de las reformas. Pero pocos plantean la dificultad de los cambios necesarios para un sendero de progreso individual y social.

La responsabilidad mayor no es de la sociedad. El recuerdo de 2001 es un fantasma que nos limita a las mejoras en el consumo y la estabilidad como el mayor aspiracional posible. Mientras el sistema político siga anclado en 2001 –o en los 90– como inicio de la historia, será difícil movilizar expectativas en la sociedad que hagan del presente piso de derechos un umbral de partida para un futuro de progreso.

Otro factor que acorta expectativas sociales es la inflación. La demanda inmediata es la protección frente al deterioro continuo, más que un futuro promisorio a mediano plazo. En los servicios públicos, notablemente en educación, salud y seguridad, los sectores más vulnerables no tienen el tiempo, los recursos y el volumen político para orientar la demanda a reformas de calidad. En educación, la demanda no organizada de los padres de escuelas públicas se limita a que haya clases. Y aquellos que mejoran mínimamente su ingreso optan por salir hacia escuelas privadas, en su mayoría parroquiales.

El sistema político intuye que no pagan bien políticamente el gradualismo, el esfuerzo y el bienestar en el mediano plazo. El eje Gobierno-oposición remite a cuadrillas y células, a veces autónomas, que disparan declaraciones, cuanto más personales mejor, con poca evidencia y trazabilidad sobre las posiciones. No hay lugar para la complejidad.

El mayor desafío del sistema político y los próximos gobiernos es privilegiar el largo plazo y una agenda de desarrollo. El liderazgo político que aspira a gobernar desde 2015 puede contribuir enunciando una agenda de prioridades que señalice el largo plazo, y escapando de declaraciones fáciles que proponen ‘dos o tres medidas’. Deben evitar caer en la trampa del excepcionalismo en sus dos versiones: pensar que las causas del subdesarrollo obedecen a una geopolítica global ensañada con la Argentina, o bien creer que los argentinos estamos ‘condenados’ a un futuro de grandeza.

El líder que quiera ofertar largo plazo necesita hacer pedagogía de los determinantes del desarrollo. Debe aportar más y mejor evidencia para dialogar con la sociedad sobre la trampa de la satisfacción inmediata sin perspectiva de futuro. Ese líder político mejoraría la oferta de largo plazo si hablara menos de las personas con las cuales compite y más de las políticas que construyen el desarrollo.

El actual gobierno contribuiría enunciando diversos temas en los que asume una tarea inconclusa. Esta perspectiva de continuidad selectiva también debería ser asumida por la nueva administración en aquellas cuestiones que supongan esfuerzos en períodos largos.

De cara a 2015, varios sectores –organizaciones sociales, intelectuales y empresarios– manifiestan una vocación por contribuir a políticas estratégicas para el desarrollo. Todas estas propuestas son válidas y celebrables, en la medida en que no simplifiquen los mensajes o apelen al excepcionalismo o a una visión rupturista y poco acumulativa de lo acontecido en los últimos años.

El desafío es trascender 2015 o 2016 como puerto de las expectativas. Es clave un liderazgo que convoque a una visión de país, que sea claro en el esfuerzo y las dificultades para alcanzarla y que tenga la humildad de reconocer que la historia no empieza en 2015 ni termina en 2023.


* Director ejecutivo de Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC). Nota publicada en el Diario El Cronista el  20/05/2014.

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