La Argentina debe recuperar su Banco Central

Por Carlos A. Pérez*

bcra

El esfuerzo monetario del Banco Central de la República Argentina (BCRA) no está siendo anti-inflacionario. La dominancia fiscal sobre la política monetaria es excesiva y la igualación de las Lebac y Nobac con las reservas internacionales “netas” le está dando la bienvenida al déficit cuasi-fiscal “relevante”, otro nuevo factor de inflación.

No hay que confundirse con la aparente expansión “moderada” de la base monetaria, que muestra una variación interanual del orden del 20%. Por un lado, la asistencia del BCRA al sector público (sin duda, la emisión más dañina) se triplicó en el primer semestre de 2014 (respecto de igual período del año anterior), totalizando más de 110.000 millones de pesos durante los últimos 12 meses, que representa el 35% de aumento sobre la base monetaria de un año atrás. Por otro lado, los instrumentos de regulación monetaria (las Letras y Notas del BCRA) crecieron más del 75% el último año y empezaron a superar (187.304 versus 177.822 millones de pesos) a las reservas internacionales netas de los depósitos en cuentas corrientes que recibe el BCRA en otras monedas, casi exclusivamente en dólares. Luego, de poco sirve la esterilización monetaria del previo financiamiento desde la autoridad monetaria al tesoro nacional; por lo que es mucho más realista considerar la variación interanual de los pasivos monetarios (incluyen la base, los pases pasivos, las Lebac y las Nobac) que la de la base monetaria. Esa expansión ronda el 35% anual y es una mejor referencia inflacionaria.

La Carta Orgánica: tarea para el próximo gobierno

Algunos números nos ayudarán a demostrar el desequilibrio monetario alcanzado en el último lustro. Primero, las Letras intransferibles y los Adelantos transitorios (activos de dudosa calidad) subieron nominalmente casi 500.000 millones de pesos, desde un stock a mediados de 2009 inferior a los 100.000 millones de igual signo monetario. Acá tuvo mucho que ver el uso y abuso de las reservas internacionales, aplicadas al dudoso desendeudamiento. Segundo, la emisión monetaria más que se triplicó, al pasar los pasivos monetarios desde los 170.000 millones de pesos (junio de 2009) a los casi 600.000 millones de pesos actuales. Tercero, un lustro atrás no existía financiamiento monetario al fisco, en tanto que las proyecciones más optimistas para el presente año llegan a los 150.000 millones de pesos de expansión monetaria con destino al sector público. Este “tren fantasma monetario” lo explica inicialmente los desvíos extraordinarios de la anterior Carta Orgánica y después su cambio (incluida la modificación de la Ley Nro. 23.928) que eliminó fórmula alguna para la determinación de las reservas internacionales y que posibilitó hacer operaciones monetarias sin tener que elaborar, publicitar y cumplir un Programa Monetario. También la distribución de utilidades del BCRA es absolutamente discrecional, aunque el Patrimonio “económico” del ente rector monetario sea negativo. Y los dólares requeridos para el desendeudamiento con organismos internacionales terminaron teniendo efecto monetario, puesto que esos dólares reingresaban a través de las mismas instituciones internacionales, por lo que el BCRA a cambio de una Letra intransferible en dólares emitió pesos por el equivalente a 2.000 millones de dólares para el tesoro nacional, año tras año. Esta claro, que la nueva Carta Orgánica sacrificó reglas por discrecionalidad, con el agravante que nuestro Banco Central transformó su autonomía técnica en una subordinación política peligrosa hacia el poder ejecutivo nacional. Los resultados de “la escribanía” están a la vista, inflación, cepo cambiario, dólares múltiples con brecha creciente, recesión económica con más inflación y lo peor, una cada vez mayor vulnerabilidad social. Será el próximo gobierno el encargado de restituirle la autonomía en el manejo de instrumentos monetarios al BCRA, para que éste pueda “coordinar” su accionar en el marco de la política económica nacional. Es malo, tanto un Banco Central “autista”, como otro “subordinado”. También, será el próximo gobierno el encargado de evaluar si la Argentina está preparada para administrar la discrecionalidad o si necesita reglas que se expliciten en una nueva Carta Orgánica que resguarde a la institución Banco Central.

Lo que no puede esperar: tasa de interés y tipo de cambio “competitivos”

Cuando se practicó la maxi-devaluación en enero de este año, el ajuste fue parcial ya que los 8$ por dólar era inferior al tipo de cambio real “competitivo” del modelo de los superávits gemelos. En el primer semestre de 2014, la inflación de la ciudad de buenos aires superó el 20%, mientras que el tipo de cambio oficial fue de 8.13$ el 30/06/14, casi fijo respecto al 31/01/14. Otros ratios encienden la luz de alerta cambiaria, el dólar que respalda la base monetaria supera los 13$, en tanto que él que cubre la totalidad de pasivos monetarios se aproxima a los 20$.

Del lado de la tasa de interés pasiva (la badlar bancos privados), desde mediados de abril bajó 400 puntos básicos, desde el 26.5 al 22.5%. Hay, sin duda, exceso de liquidez en el sistema financiero y el BCRA poco hace para revertirlo; bajó 200 puntos básicos los tipos de interés de las Lebac en abril y mayo, puso tasas activas máximas, renovó la subsidiada línea de crédito para la inversión productiva y expandió más del 6% la base monetaria, todo en junio.

La inflación de los últimos 12 meses estuvo entre el 35 y el 40% y el registro de todo este año será similar. Luego, el ritmo devaluatorio y las tasas de interés están muy por debajo de lo que se requiere para sostener el escenario de “calma cambiaria”, más allá del mandato actual. Nadie duda respecto de algunas tareas que el gobierno saliente debiera hacer; si se consiguen dólares frescos deberían ir liberando el cepo cambiario y no tendrían que distribuir las “contables” utilidades del BCRA, habida cuenta su patrimonio “económico” negativo. El riesgo de repetir enero/14 no es menor, y si la autoridad nacional pretende, vía endeudamiento, atrasar los tipos de interés y de cambio, le estaría dejando una “pesada” herencia al próximo gobierno, después de la “sana” herencia recibida.


* Ex Director del BCRA. Nota publica en el diario El Cronista del 17/7/2014

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