Gary Becker, 1930 – 2014

Por Julio J. Elías *

gary-beckerEl sábado 3 de mayo falleció el querido Gary Becker, uno de los economistas más creativos e influyentes de los últimos cincuenta años. Conocí a Becker en 1993 en una conferencia que ofreció en la Universidad Di Tella, en donde me encontraba cursando la licenciatura en economía. Junto a mis compañeros escuchamos deslumbrados a Becker, quien nos revelaba, con su voz profunda, el poder del enfoque económico para analizar problemas que parecían alejados del campo de la economía. Al final de la conferencia nos acercamos para tomarnos una foto con él. Nunca imaginé que unos años más tarde iba a estar junto a Becker, trabajando en la búsqueda de una solución efectiva para el tremendo problema del faltante de órganos para trasplantes.

En 1999 ingresé a la Universidad de Chicago, ese mismo año fui su alumno en el curso de Teoría de los Precios, luego fui ayudante en sus materias del doctorado, su asistente de investigación y trabajamos en conjunto en el desarrollo del análisis económico del faltante de órganos para trasplantes.

Como profesor e investigador, Becker siempre apuntó a la excelencia y al trabajo duro. En su curso, que dictaba en conjunto con Kevin M. Murphy, transmitía su visión del enfoque económico como una herramienta poderosa que nos ayuda a entender y a analizar problemas sociales. En sus clases, sus alumnos sentíamos que Becker y Murphy nos estaban transmitiendo algo único, de gran valor y completamente diferente a lo que se enseñaba en un primer curso de Precios en otros programas de economía. Lo mismo que Becker sintió cuando tomó el mismo curso con Milton Friedman.

Su curso de Teoría de los Precios es la base fundamental de la Economía de Chicago y contribuyó de forma decisiva al desarrollo de grandes economistas, como ser Kevin M. Murphy, Edward Glaeser e Iván Werning. Una parte importante del curso eran los problemas para resolver afuera de clases que se asignaban de forma semanal. Becker y Murphy elaboraban los problemas de forma cuidadosa, siempre con temáticas completamente distintas y relevantes para la actualidad. Sus problemas eran un auténtico desafío intelectual. Una vez que llegaba el problema era muy difícil pensar en otra cosa, por los siguientes días era prácticamente de lo único que se hablaba. En el proceso, generalmente infructuoso, de buscar una solución estaba el aprendizaje.

El primer problema de Becker que me tocó trabajar como alumno fue, increíblemente, sobre el faltante de riñones para trasplantes. Becker sentía una pasión especial por este problema. Consideraba completamente absurdo que por un obstáculo al funcionamiento del mercado, como ser la prohibición a la compensación monetaria para los donantes de órganos, fundado en supuestas cuestiones morales o de repugnancia, miles de personas sufran mientras esperan por un órgano en la lista de espera y otras miles mueran al año.

Luego de los ataques terroristas del 9/11, me tocó resolver como ayudante de prácticos un problema en el que se utilizaba el enfoque económico para analizar los ataques suicidas y otro sobre los efectos de los controles en los aeropuertos sobre el bienestar, teniendo en cuenta el costo del tiempo de los pasajeros y otras variables. No había límite para el aparato económico de Becker en su búsqueda de mejoras para la sociedad.

Como su asistente de investigación disfruté y aprendí mucho colaborando para su columna mensual en la BusinessWeek. Sus análisis siempre claros, profundos y controversiales, en contra de lo que parecía obvio en la superficie, iluminaban el problema para el público en general. Mostrando, por ejemplo, cómo una eliminación de los controles de precios de las drogas medicinales en conjunto con una reducción adecuada de las regulaciones de la FDA, podían promover la innovación y reducir los precios de las nuevas drogas al mismo tiempo.

Observar a Becker atacando un problema económico era como ver a Maradona dejando a los ingleses en el camino, haciendo fácil lo extremadamente difícil. En todo el proceso, Becker te hacía sentir fundamental en el trabajo. Era Maradona agradeciéndole a Enrique por su pase gol.

Gary Becker trabajaba los 7 días de la semana de forma dura, apasionada e intensa. Pasé muchos domingos trabajando en su oficina junto a él. Sherwin Rosen, el genial economista de Chicago de los mercados implícitos, de la economía de las superestrellas, fallecido en 2001, solía decir que para representar las preferencias de Gary Becker había que utilizar trabajo en los dos ejes, en lugar del tradicional ocio y consumo que se aplica para el común de los individuos.

Becker utilizó el enfoque económico para analizar temas sociales que se encontraban más allá de los que eran considerados por los economistas, como ser la discriminación, la demanda por hijos, el crimen, el mercado de matrimonios, la adicción. Una de las afirmaciones más ambiciosas de Becker es que el enfoque económico es aplicable a todo el comportamiento humano. Su trabajo de extender el dominio de las ciencias económicas no fue fácil y encontró una gran resistencia entre sus pares.

Becker creía fervientemente en la colaboración interdisciplinaria y la practicaba de forma activa. Uno de los primeros lugares en donde presentamos nuestro trabajo sobre el análisis del mercado de órganos para trasplantes fue ante una audiencia de médicos. Nuestra propuesta de pagar a los donantes de riñones para alentar la oferta de riñones fue recibida de manera sumamente hostil, en particular por el cirujano de trasplantes que hacía de comentarista. En ningún momento Gary Becker perdió la calma, por el contrario, de manera gentil y amable respondió de forma efectiva a cada una de las criticas, que en algunos casos eran a los gritos. Ese era su estilo, era un verdadero caballero.

Actualmente nos encontrábamos trabajando en una extensión de nuestro trabajo sobre el faltante de órganos. El pasado diciembre fui a la Universidad de Chicago para un agasajo a los profesores Eugene F. Fama y Lars P. Hansen, ganadores del Nobel de Economía en 2013 junto a Robert J. Shiller. Almorcé con Becker en la escuela de negocios y trabajamos sobre un artículo para el Wall Street Journal, Cash for Kidneys: The Case for a Market for Organs. En el artículo, publicado en enero, planteamos nuevamente la introducción de incentivos monetarios para los donantes de riñones como una herramienta para eliminar el faltante de órganos, y de esta manera mejorar la calidad de vida de las personas que necesitan un trasplante y eliminar las muertes en la lista de espera. Al despedirme le di un fuerte abrazo, sin saber que sería nuestro último encuentro.


* Economista Jefe del BICE y Profesor de la Universidad del CEMA. Parte de esta nota fue publicada en el Muro en Memoria a Gary Becker de FocoEconómico.

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