Una distinción contra el pensamiento único sobre el mercado

Por Enrique Kawamura*

nobel13La crisis financiera que atravesó Estados Unidos, especialmente en 2008 con la caída de Lehman Brothers, entre otros gigantes de Wall Street, propugnó toda clase de críticas a “los académicos dedicados al estudio de los mercados financieros”. Una de las más conocidas provino del estadístico Nassim Taleb, autor del famoso libro El cisne negro , que criticaba contundentemente las predicciones de lo que él llamaba “los modelos de valuación de activos” que generaban los académicos y que se utilizaban para valuar los llamados derivados provenientes de las hipotecas “subprime”, cuyo problema de repago implicó, justamente, la crisis ya mencionada.

Indirectamente, tal vez, el Nobel de Economía de 2013 que premia los trabajos de Eugene F. Fama, Lars Peter Hansen y Robert J. Shiller podría ser visto como una respuesta parcial a esta crítica. En efecto, los trabajos de estos autores, representantes de la propia academia de Estados Unidos que, según las críticas de Taleb y otros, supuestamente “engaña” a los inversores con sus modelos “ideales”, son la prueba de la existencia de un grupo importante de otros académicos que muestran efectivamente cómo las predicciones de varios modelos considerados “estándar” en valuación de activos tienden a ser rechazados por los datos de precios y retornos observados en los propios mercados.

Así, entonces, los trabajos de Fama han ayudado a desestimar el supuesto de información perfecta en mercados financieros, obligando, por lo tanto, a estudiar con mucha mayor profundidad el problema de la difusión de información privada a través del propio mercado. Por otra parte, varios trabajos de Hansen ayudaron formalmente a rechazar las implicancias empíricas del modelo macroeconómico de valuación de activos basado en expectativas racionales y mercados perfectamente competitivos más reconocido en la literatura (desarrollado por otro premio Nobel, Robert Lucas). Finalmente, Robert Shiller ha sido sin dudas quien más explícitamente ha señalado la necesidad de tomarse en serio la presencia de comportamientos “irracionales”, o al menos la importancia de cuestiones psicológicas concretas en la decisión de inversores y en la consecuente formación de precios de acciones, bonos, derivados y, también, viviendas (incluyendo los fenómenos conocidos con el nombre de “burbujas”).

La premiación de esta línea de investigación está, entonces, lejos de ser una declaración de principios fundamentales sobre un único modo “correcto” de modelar mercados financieros. Por el contrario, es una insistencia en el rol de la econometría y el trabajo empírico científicamente riguroso para mejorar nuestra comprensión teórica del funcionamiento de un mercado tan complejo como el financiero.


* Universidad de San Andrés. Nota publicada en el diario La Nación. Para más información sobre los laureados visitar link1 y link2.

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