En busca del régimen cambiario perdido

Por Fernando Navajas*

La determinación del tipo de cambio es una pieza clave en cualquier esquema de política económica y, algunos agregarían, de un esquema más amplio de desarrollo económico. Es una desgracia que cada diez años volvamos a repetirnos los mismos interrogantes, pero esto es lo que hay y aquí estamos. Es que la Argentina está hoy literalmente huérfana de un régimen cambiario sostenible, atravesando un proceso de apreciación importante respecto al principal socio comercial y queriendo resolver las cosas con cada vez más cepo o represión cambiaria, por más que a CFK no le guste la terminología. ¿Cuándo entramos en problemas? ¿Qué demoró o retardó su aparición? ¿Dónde estamos ahora? ¿Hacia dónde deberíamos ir? Si no tenemos las respuestas, por lo menos tengamos las preguntas.

Lo que tenía la Argentina antes de esta situación era un esquema que se había beneficiado de condiciones iniciales muy favorables por una hiper-devaluación real que se fue comiendo a si misma por muchos años de una inflación mucho más alta que la del socio comercial. En la crisis de 2008, Néstor Kirchner y su presidente del BCRA de entonces, entendieron perfectamente el juego que se estaba abriendo, con el real brasilero devaluándose intensamente. Y en consecuencia decidieron hacer una suerte de mímica al real, acelerando la tasa de devaluación para llevar al peso de valores más cercano a 3 pesos por dólar (a la salida de la crisis de la 125) a niveles más cercanos a 3.8 pesos a mediados del año siguiente.

Tanto Argentina como Brasil, pero especialmente nosotros, realizamos un ajuste importante de la cuenta corriente del balance de pagos en 2009. Nuestra economía mostró en esa oportunidad bastante flexibilidad, y la desaceleración de la actividad y, en especial, la suba del desempleo (a más del 10%) provocó una desaceleración de la inflación no-oficial de más de 10 puntos. Esto último (la desaceleración de la inflación) y la mayor tasa de devaluación nominal del peso sirvieron bastante para cerrar la brecha y compensar los movimientos del real.

Visto retrospectivamente, ese episodio de 2008 fue un desafío pero también dejo abierta una gran oportunidad, que no fue aprovechada. Es que con Brasil convergiendo a 2 reales por dólar y nosotros convergiendo a 4 pesos por dólar, y con ambas economías “purgadas” en materia de haber ajustado mejor sus cuentas corrientes, estaban dadas las condiciones para establecer una meta de tipo de cambio real bilateral que pudiera servir de guía para definir un mecanismo cambiario más permanente. Una suerte de copia o adaptación a la famosa “serpiente en el túnel” europea de los años 70 (en la que los tipos de cambios se movían dentro de una banda que se consideraba razonable) que sirvió como antesala para un ordenamiento cambiario y una integración más intensa. Mi argumento es que aún cuando las condiciones para trabajar en una coordinación con Brasil no estuvieran disponibles, para la Argentina era unilateralmente conveniente empezar a definir algún objetivo de movimientos de tipo de cambio en función de lo que ocurre en Brasil.

Si uno toma mediados de 2009 como un punto de partida razonable y mira a qué hubiera llevado una regla como la anterior, en donde el tipo de cambio nominal de la Argentina se debería haber deslizado según la devaluación nominal brasilera y el diferencial entre las tasa de inflación de ambos país, la secuencia resultante es bastante informativa respecto de las preguntas con que iniciamos esta nota. La Figura adjunta, superpone la evolución que hubiera tenido ese tipo de cambio meta y el verdadero tipo de cambio de la Argentina.

La Argentina pudo “aguantar” bien la relación de cambio bilateral con Brasil hasta mediados de 2011. Pero eso no fue por virtud propia sino gracias a la apreciación nominal que Brasil llevó adelante luego de 2009 y que llevó al real a tocar 1.56 en Julio de 2011. Esta apreciación compensó el diferencial de inflación que venía y viene acumulando la Argentina. Pero esto cambió drásticamente a partir del mes siguiente y en sólo dos meses Brasil metió una devaluación del 12%, mientras la Argentina hacía la plancha con vistas a la elección presidencial de Octubre de 2011 Luego es todo suba del tipo de cambio que estabiliza la relación de cambio con Brasil de mediados de 2009, porque el real siguió camino para volver a 2 reales por dólar, mientras que la brecha inflacionaria entre ambos países fue en promedio un 1.3% mensual. El dólar que estabiliza la relación de cambio bilateral con Brasil de la salida de la crisis 2008/2009 es en Septiembre de este año de 6.3 pesos por dólar, llamativamente cercana al dólar “blue”. Yo llamaría a este dato el “dólar Ratazzi” en alusión al industrial (de Argentina y Brasil) que se animó a decir que el dólar debería estar más cerca del blue. El hecho es que hay razones para pensar que esto es así y que debiéramos ir pensando en un régimen cambiario que nos va a obligar a mirar con más respeto la necesidad de controlar la inflación.


* UNLP-UBA. Nota publicada en el diario Ámbito Financiero del 25/10/12

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