Saudades brasileñas: Dilma y el milagro económico 1950-1980

Por Ramiro Albrieu*

En las tres décadas que van de 1950 a 1980 Brasil ocupó un lugar privilegiado entre los países de más alto crecimiento del PBI per capita, equiparándose inclusive a los países europeos que se encontraban en reconstrucción luego de la segunda guerra (Maddison 2000). De acuerdo a las estimaciones del Conference Board, la economía del país vecino creció en forma ininterrumpida desde fines de los cuarenta hasta principios de los ochenta, desempeño compartido además por un selecto grupo de países en el mundo emergente y ninguno en Europa y América del Norte. No se trató de una posible ventaja demográfica: el PBI per capita relativo a Estados Unidos pasó de 17% al 27% en dicho período, en un proceso de convergencia macroeconómica que apenas fue superado por un puñado de países, como es el caso de Corea y Japón. Sin embargo, desde 1980 en adelante el desempeño macroeconómico fue más bien decepcionante: el crecimiento se estancó y el país comenzó a perder posiciones en el concierto de las naciones. La divergencia fue marcada a lo largo de la década perdida, pero el crecimiento conseguido a partir de las reformas y el nuevo entorno de baja inflación de mediados de los noventa fue tan débil que no alcanzó para retornar al camino de la convergencia. Como resultado de todo esto, hoy el PBI per capita de Brasil es un 20% del de Estados Unidos.

La historia de aquellos años de bonanza comienza -algo arbitrariamente- en los cincuenta, con el segundo período presidencial de Getulio Vargas y el primero y único de Juscelino Kubitschek. Emblemas del progreso brasileño –como la capital Brasilia y el banco de desarrollo BNDES- fueron creados en esa década. Luego hacia mediados de los sesenta el crecimiento se aceleró para luego detenerse con la crisis de la deuda. ¿Qué pasó entre 1950 y 1981? Brasil fue exitoso en aquello en lo que otros de la región fracasaron: no sólo sustituyó importaciones, sino que también diversificó sus exportaciones, reduciendo el peso de productos típicos (como el café) y aumentando el peso de las manufacturas. De acuerdo a la evidencia presentada en Bértola y Ocampo (2010), el peso de los primeros tres productos en las exportaciones totales pasó del 78% en 1949/1950 al 41% en 1979/1980 y la participación de la industria manufacturera en el PBI pasó de 21% al 30% en el mismo período. La industrialización brasileña de aquellas décadas constituyó de hecho uno de los principales “milagros económicos” de la segunda mitad del siglo XX, junto con Japón, Corea, Botswana y más recientemente China.

Listar las condiciones que generaron un milagro es un oxímoron; y ello vale para intentar explicar (y sacar lecciones de) la experiencia de Brasil. Sin embargo, hay tres factores que fueron determinantes: la dinámica de altas tasas de ahorro e inversión (ambas con promedios por encima de 20%) la promoción de la inversión extranjera directa (y con ello la adopción y difusión de nuevas tecnologías) y –a partir de mediados de los sesenta- la aceleración en las exportaciones en un entorno de tipo de cambio competitivo (ver Maddison et al. 1992 y más recientemente Growth Commission 2008). Estos tres factores se combinaron para generar un fuerte crecimiento de la capacidad productiva y un profundo cambio en la estructura productiva sin que ello se vea limitado por la escasez de divisas –al menos hasta mediados de los setenta.

No parece casual entonces que el gobierno de Dilma Rousseff esté disconforme con un status quo de las políticas de Lula; es la saudade de aquellas décadas la que habla. El contraste con la experiencia reciente no puede ser más nítido: en 2001-2010 la tasa de inversión promedió 17,5%, y el déficit de cuenta corriente 0,6%, de manera que el ahorro interno se aproximó a 17% del PBI. La inversión extranjera directa creció en relación a los noventa, pero la cuenta de capital fue dominada por los flujos financieros y el carry trade. Además, la participación de las exportaciones en el PBI no sólo no se incrementó, sino que disminuyó, particularmente en los últimos años. El diagnóstico negativo no es sólo de Dilma: parece haber un consenso general sobre la importancia de estos factores en el rezago relativo de Brasil (ver por ejemplo FMI 2012). El nuevo esquema de políticas de Dilma, basado en menores tasas de interés, un tipo de cambio más competitivo y variadas políticas de promoción de la inversión y las exportaciones, parece intentar recrear aquel círculo virtuoso y milagroso del pasado.

¿Podrá Dilma construir engranajes que lleven a Brasil a un segundo milagro? Las dudas son muchas (como en todo milagro, hay un poco de suerte, otro de buenas acciones y después está la fe). Primero, el contexto internacional no es el mismo que en aquel momento, que fue con razón denominado por Eric Hobsbawn y muchos otros la “edad de oro” del capitalismo en el siglo XX. En cambio, hoy la economía global apunta más al estancamiento y el proteccionismo. El segundo riesgo es que no es fácil discernir cuáles actividades deben ser promovidas y cuáles no; en definitiva, se trata de sectores que hoy no logran competir de igual a igual en los mercados internacionales. Tercero, los controles sobre la cuenta de capital pueden terminar por desalentar la inversión extranjera directa, y por lo tanto resentir la transferencia tecnológica. Por último, el milagro brasileño coincidió con la aceleración de la inflación, dinámica que luego del descalabro de 1994 puede ser muy costosa de transitar.

Seguramente Dilma es consciente de los riesgos, y por ello en el futuro cercano veamos mucho fine tuning. Pero la apuesta está hecha.

Referencias

Bértola, L. y J. A. Ocampo (2010), Desarrollo, vaivenes y desigualdad: Una historia económica de América Latina desde la independencia, Madrid: SEGIB.

Growth Commission, (2008), The Growth Report: Strategies for Sustained Growth and Inclusive Development, Washington D.C.

FMI (2012), “Brazil: 2012 Article IV Consultation –Staff Report

Maddison, A. et al. (1992), The Political Economy of Poverty, Equity and Growth, Brazil and Mexico. World Bank.

Maddison, A. (2000), “Brazilian Economic Performance Since 1500: A Comparative View”. Mimeo.


* Economista (UBA-CEDES). Nota publicada en el Observatorio Económico de la Red Mercosur.

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