Malvinas: el costo de imponer costos

Por Vicente Palermo*

La efectividad de una política se mide por si es capaz de alcanzar los objetivos que se fija así como por los costos que supone. El propósito de este artículo es discutir con quienes comparten los medios y los fines de la política oficial para Malvinas. La diplomacia argentina se ha fijado un objetivo (podría decirse también que tiene una idea fija) que es el de recuperar las islas por medio del aumento de los costos, para Gran Bretaña y para los isleños, de negarse a negociar la transferencia de soberanía. Para Gran Bretaña esos costos consistirían – como lo sugiere la actual ofensiva diplomática – en profundizar su aislamiento internacional en la cuestión – como es el caso en relación al Mercosur y países de la región. Para los malvinenses, los costos suponen un mayor aislamiento geográfico y otras penalizaciones que afectan su calidad de vida. Aunque las predicciones son siempre imprudentes, creo que esta estrategia va a tener una efectividad nula: Gran Bretaña no ha de sentarse a la mesa de negociaciones, los isleños no van a deponer (más bien todo lo contrario) su disposición extremadamente negativa hacia la Argentina, Gran Bretaña no presionará a los isleños para que modifiquen esa actitud y tampoco resolverá desconocer los vivos deseos de los malvineses de mantener el actual estatus político de las islas. Y lo mismo puede decirse de otros actores del drama: los avances de compañías extranjeras en materia petrolera muestran claramente la inefectividad de la estrategia de crear un entorno desfavorable (inseguridad) a la exploración y explotación de los recursos.

Pero vale la pena considerar asimismo los costos que supone para nuestro país esta estrategia, ya que no son menores. En primer lugar, profundizar el resentimiento de los malvinenses – de paso, observo que la diplomacia argentina parece haber abandonado todo propósito contemporizador al respecto, con lo que su posición se torna más rígida y más desprovista de alternativas. En segundo lugar, hay que considerar los costos que pagan terceros. En efecto, la diplomacia y el gobierno festejan los éxitos de que los países del Mercosur refrenden sus iniciativas y aun esperan que Chile cancele los vuelos a las islas, pero cada uno de estos éxitos equivale a imponer costos a los países amigos, ya que para ellos, obviamente, nada de lo que está obteniendo Argentina es gratuito. Es decir, un costo que hay que hacer explícito es el de imponer costos a nuestros aliados, socios o amigos, perturbando esas relaciones, creando compromisos por los cuales el día de mañana puede que se nos presente una factura, y malvinizando nuestra política exterior. En tercer lugar, el costo de oportunidad de impedirnos a nosotros mismos llevar a cabo en la región las posibilidades de cooperación que esta presenta en lo económico, científico tecnológico y ambiental. Y en cuatro lugar, el costo quizás más interesante, que es el de los peligros de la rigidez. Argentina tiene un solo objetivo, sin segundas preferencias ni opciones; por eso, está atrapada en un callejón en el que lo único que puede hacer es tratar de seguir intentando aumentar los costos para británicos e isleños de mantener el statu quo. Creo que puede verse claramente que los costos de esta estrategia son mayores para nosotros mismos. Pero más relevante aún es que la estrategia de infligir daño calculado tiene lugar en una pendiente resbaladiza. La diplomacia argentina no la puede administrar con el aplomo que requiere un procedimiento tan riesgoso. Una pérdida de control del daño provocado sería fácil y podría caerse en esa pendiente en aceleración. Seguramente no, desde luego, hacia el uso de la fuerza, pero sí hacia alternativas en las cuales no haya control ni de daños ni de costos. Un ejemplo sería la ruptura de relaciones con Gran Bretaña.

La estrategia argentina es self-defeating, ya que se inhabilita para negociar cualquier cosa. Al hacer del reclamo de soberanía el objetivo excluyente, pone la carroza delante de los caballos, ya que no puede conversar de nada más, en un momento en el que están sucediendo demasiadas cosas en el Atlántico Sur.

Referencias

Vicente Palermo (2007). Sal en las heridas. Las Malvinas en la cultura argentina contemporánea, Editorial Sudamericana, Buenos Aires.


* Investigador principal del Conicet, miembro del Club Político Argentino.

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