Recordando a Sargent y Sims: Un comentario personal acerca del Premio Nobel 2011

Por George T. McCandless*

Mi objetivo cuando fui al Doctorado de la Universidad de Minnesota era estudiar economía matemática y comercio internacional. Sin embargo, ya en el primer año comenzó un proceso que cambió todo eso por completo. Mis profesores de macro en el primer año eran Tom Sargent (los primeros dos trimestres) y Chris Sims (el último trimestre). En el segundo año, Sims enseñaba un curso anual de econometría (con un fuerte sesgo a series de tiempo) y en el tercer y cuarto año Sargent dictaba diferentes cursos de macro avanzada. Además, Neil Wallace dictaba el curso de Dinero. La mayoría de los estudiantes nos sentíamos extremadamente privilegiados de compartir momentos y clases con estos jóvenes académicos. El premio Nobel de economía de este año es un símbolo de cuán afortunados éramos.

Los tres, Sargent, Sims y Wallace, eran todos jóvenes, en sus tempranos treinta, dinámicos, tan inteligentes que asustaban y muy ocupados ampliando la frontera de la macroeconomía. Fijaban un estándar de trabajo que la mayoría de nosotros como estudiantes no podíamos ni siquiera añorar alcanzar pero que se volvió nuestra meta. Copiábamos de ellos lo que podíamos. Sargent asistía a cursos de matemática avanzada cada semestre; entonces nosotros asistíamos a cursos de matemática avanzada. Ellos rechazaban la macro Keynesiana (aunque Sims un poco menos), nosotros nos burlábamos de W.W. Heller, el miembro más antiguo del departamento que había sido el asesor económico keynesiano de JFK, y literalmente adorábamos a Robert Lucas. Ellos (junto con Leo Hurwitz, nuestro profesor de micro) eran expertos en usar matemática avanzada para desarrollar la teoría económica. Nosotros también lo intentábamos, y los mejores alumnos de mi época competíamos para tener a alguno de estos cuatro gigantes como nuestro supervisor de tesis. Sin importar cuáles eran tus planes antes de llegar a Minnesota en ese período, la mayoría de nosotros salimos como macroeconomistas matemáticos (ya sea en teoría o econometría).

Estos tipos no sólo eran terriblemente inteligentes, sino también buenas personas. Uno podía hablar con ellos sobre economía, acerca de tu vida o sobre tu futura carrera económica y ellos te escuchaban. Podías tomar una cerveza con ellos. A nivel personal, te hacían sentir como uno más, aunque sabías que estaban muy por delante de ti intelectualmente. Sims jugaba al futbol (soccer) con el equipo del departamento de economía (y, dando un ejemplo de mantenerse en forma para la investigación, subía corriendo los nueve pisos de escaleras a su oficina dos veces al día). Sargent corría tres o cuatro veces a la semana, muchas veces con estudiantes, diciendo que al correr estaba en mejor forma para trabajar más. Wallace jugaba regularmente al tenis, frecuentemente con estudiantes. Todos de ellos tenían oficinas “a puertas abiertas” y eran muy generosos con su tiempo.

Los tres eran grandes profesores, aunque con estilos muy diferentes. Sargent, muy similar a los libros que nacieron de sus clases, era muy organizado, metódico, preciso, conduciéndote muy cuidadosamente a lo largo de un complicado camino intelectual. Sims era como un diluvio de información, escribiendo las ecuaciones de las demostraciones y explicándolas al mismo tiempo, tan veloz que yo tenía que grabar cada clase para poder comprender todo. Wallace era mucho más lento, más pensativo, guiando a los estudiantes de una idea a la otra, mostrándote como pensar. Una vez le di a Wallace un contraejemplo a una proposición que hizo en una de sus clases. Luego de pensarlo casi dos minutos, decidió que la proposición estaba muerta y comenzó con un tema completamente diferente. En las clases de cada uno de estos profesores, sentías que aprendías algo nuevo, no sólo para ti, sino algo que no era muy conocido en el conjunto de la profesión.

Sargent y Sims eran también ejemplos importantes para nosotros en relación con sus ideas políticas. Yo podría adivinar que ambos votaron por el Partido Demócrata en la mayoría de las elecciones de EEUU. Es así como sentían sobre la justicia social. Recuerdo a Sargent regresando furioso de una conferencia donde una persona le había dicho “claro que piensas eso por tus ideas políticas”. “¿Qué conoce este idota sobre mis ideas políticas? Y además ¿en qué sentido son relevantes esas ideas para mis conclusiones?”, nos dijo Sargent. Él no creía que las políticas bien intencionadas fuesen útiles a menos que funcionasen y precisamente veía a mucho de su trabajo macro como tratando de determinar qué políticas funcionaban y cuales no. Sims estaba involucrado con el Instituto Brookings. El mensaje de ambos era claro: hacer buena economía clásica no significaba que uno fuera conservador en lo político.

Así es que yo, y seguramente muchos de mis compañeros estudiantes de Minnesota, estamos muy felices con la gran decisión del Premio Nobel de este año. Sin embargo, estoy seguro que muchos de ellos pensaron lo mismo que yo cuando nos enteramos de la noticia: “van dos, falta uno”.


* Versión en Inglés.

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