La Macroeconomía y el Presente Griego | parte 2

Por Daniel Heymann*

Parte 2 | Notas sobre el análisis macroeconómico de las crisis

[ver Parte 1]

En visión retrospectiva, las crisis invitan la evocación de conductas marcadas por manías, pánicos o acciones insensatas. Sin embargo, más allá de las reacciones emocionales en instancias críticas, donde el sistema económico parece estar cerca de una ruptura, no es tanto la influencia de estados de ánimo alterados lo que llama la atención en las grandes fluctuaciones, sino que se generen fallas de cálculo colectivas a gran escala por parte de agentes que en otros contextos sostienen comportamientos poco erráticos y que, subjetivamente, pueden haber imaginado en su momento que hacían una sobria evaluación de la información disponible. Un análisis más o menos preciso de las decisiones pertinentes para el estudio de las crisis tendría que afrontar una discusión de las incertidumbres asociadas con la actuación individual en un sistema en evolución y, en particular, con la anticipación de flujos futuros de ingresos y precios de activos cuando las propias conductas de innovación, acumulación y aprendizaje van cambiando la configuración y los patrones de movimiento de la economía. Es posible que una representación general de expectativas y conductas en esos contextos variables no esté cerca, pero aun así habría margen para estudiar (en forma experimental, por ejemplo), heurísticas y estrategias de simplificación potencialmente utilizables por los agentes para reducir problemas de decisión y formarse una composición de lugar sobre las condiciones en que se encontrarán en el futuro. 

El entorno en que opera un individuo o un segmento de la economía depende de manera intrincada de planes y acciones que a menudo están lejos de la observación directa de quienes se ven afectados de un modo u otro. La forma en que se genera y propaga información relevante para las decisiones puede tener efectos apreciables sobre las respuestas macroeconómicas. Por ejemplo, una reasignación en el tiempo de la demanda planeada, como en el tan mentado experimento donde los hogares aumentan su predisposición al ahorro, tendría presumiblemente un impacto presente distinto según que la reducción del consumo actual se acompañe con una indicación de la contrapartida en un aumento del gasto futuro en ciertos bienes, y con una mayor oferta de crédito, que si el hecho deja ampliamente incierto si, cuándo y en qué se usarán los fondos detraídos al consumo, o se retacea el financiamiento. Dependiendo de lo que comunique el mayor ahorro, podría entonces surgir sea una incrementada acumulación de capital sin pérdida de actividad presente, o una situación de paradoja de la frugalidad con caída del producto. Las características de las interconexiones entre agentes juegan asimismo un papel reconocidamente importante en la transmisión de dificultades de liquidez y solvencia en los circuitos de pagos y financiamiento. 

Los recientes episodios de crisis ciertamente han motivado, o actualizado, un gran volumen de literatura. Al margen de las altamente sofisticadas remodelaciones de los esquemas DSGE adicionando efectos de multiplicación financiera (es decir: mecanismos de amplificación y propagación derivados de, por ejemplo, la acentuación de las restricciones financieras cuando se reduce el valor de las garantías ante caídas de los precios de los activos), ha habido una considerable discusión referida a la determinación de condiciones de liquidez y sus repercusiones macroeconómicas (véase, por ejemplo, Allen et al., 2011). Asimismo, ha surgido un conjunto de estudios destinados a evaluar cómo la robustez o fragilidad de los sistemas de crédito puede depender de la configuración (o “arquitectura”, en un sentido topológico) de los vínculos entre acreedores y deudores (véase como instancias Kiyotaki y Moore, 1997; Nier et al. 2008; Gai y Kapadia, 2010). El análisis de comportamientos se ha movido en varias direcciones, como por ejemplo la de discutir la formación de expectativas en sistemas de estructura cambiante (e.g. Weitzman, 2007), o describir la toma de decisiones mediante procedimientos de categorización de la información, que podrían asociarse con cambios de comportamiento al modificarse el “escenario relevante” (e.g. Mullainathan, 2002, Leland, 2006, Gennaioli y Schleifer, 2009).

Se ha venido produciendo entonces una producción académica interesante, que avanza sobre temas importantes asociados con los fenómenos de crisis. El análisis económico “convencional” (definido de algún modo) no está quieto, y resulta una referencia ineludible. No parece del caso buscar sustituir un conjunto de preceptos metodológicos aceptados sin discusión por otros de índole similar, y es natural que haya resistencias a amortizar prematuramente inversiones hundidas en adquirir y aplicar procedimientos del trabajo profesional. Sin embargo, es posible avizorar que la macroeconomía del futuro será distinta de lo que es típico hoy en día, no sólo en cuanto a los métodos y técnicas (que presumiblemente seguirán aumentando en sofisticación y en intensidad de uso de recursos de cálculo y computación: una involución difundida en eso no parece probable) sino también respecto de las formas en que se representan conductas e interacciones. Aunque cualquier anticipación de este tipo a plazo más o menos largo esté sujeta a mucha incertidumbre (al modo de lo que ocurre con las expectativas económicas) parece miope extrapolar indefinidamente la insistencia en que hipótesis como la optimización y la consistencia de expectativas se consideren elementos necesarios de un análisis o un modelo. En un mundo fluido, donde ha quedado poco lugar para suponer que existen economías inmunes a crisis de gran porte, convendría contemplar un escenario de evolución en los tipos de modelos y enfoques analíticos, más allá de la inercia que puedan generar las prácticas sociales de la investigación. 

El estudio de las crisis macroeconómicas lleva de un modo u otro a recuperar argumentos y proposiciones tradicionales sobre potenciales fallas sistémicas, que fueron dejados de lado en su momento cuando las teorías usuales se movieron hacia representaciones cercanas al equilibrio general básico. De una forma u otra, nombres como Mill, Marx, Bagehot, Hayek, Fisher o Keynes han aparecido crecientemente en las conversaciones sobre cuestiones macroeconómicas (y términos como el “momento Minsky” han pasado a formar parte de la jerga usual). Como señala Leijonhufvud (2006), volver la mirada a las obras salientes del pasado de una disciplina tiene especial sentido cuando se ha llegado a un nudo que genera dudas sobre la dirección seguida y resulta particularmente útil re- considerar alternativas teóricas que quedaron inexploradas cuando el análisis tomó otra rama en alguna bifurcación. Pero esto no implica que el avance pueda reducirse a “regresar a los clásicos”, y concentrar el esfuerzo en el trabajo de exégesis y de aplicación de ideas recibidas. Las re- lecturas de los clásicos son útiles a los efectos prácticos cuando se hacen con espíritu de comprensión crítica y tienden a inspirar nuevas construcciones analíticas viendo hacia adelante (y reconociendo lo producido en el interín). La teoría macroeconómica que viene no se parecerá tal vez a la de 2011, pero tampoco volverá sobre sus pasos a 1873, a 1894, o a 1936. El fin de la historia de la macroeconomía parece lejos de encontrarse en algún momento del pasado. 

Para bien o para mal, son tiempos interesantes. Probablemente deberían serlo también para el análisis macroeconómico.

Referencias

Allen, F., E. Carletti, J.P. Krahnen y M. Tyrrell (2011): Liquidity and Crises, Oxford University Press

Gai, P. y S. Kapadia (2008): “Contagion in Financial Networks”, Bank of England Working Paper 383

Gennaioli, N. y A. Schleifer (2009): “What Comes to Mind”, NBER Working Paper 15084

Heymann, D. (2009): “Notas sobre Variedades de Crisis”, Ensayos Económicos, 53/54, pp. 67-71

Kiyotaki, N. y John Moore (1997): “Credit Chains”, Working Paper.

Leijonhufvud, A. (2006): “The Uses of the Past”, Invited Lecture, European Society for the History of Economic Thought (University of Trento, Department of Economics, Discussion Paper 3)

Leland, J. (2006): “Equilibrium Selection, Similarity Judgments and the ‘Nothing to Lose Nothing to Gain Effect’”, Working Paper

Mullainathan, S. (2002): “Thinking through Categories”, Working Paper

Nier, N., J. Yang, T. Yorulmazer y A. Alentorn (2010): “Network Models and Financial Stability”, Bank of England Working Paper 346

Reinhart, C. y K. Rogoff (2009): This Time is Different: Eight Centuries of Financial Folly, Princeton University Press

Sargent, T. (2010): “Interview with Thomas Sargent”, The Region (The Federal Reserve Bank of Minneapolis), September

Weitzman, D. (2007): “Subjective Expectations and Asset Returns Puzzles”; American Economic Review, 97(4): 1102- 1130.


* UBA- UdeSA. Se agradecen los comentarios de Facundo Albornoz, Nicolás Aragón, Daniel Aromí, Laura D´Amato, Pablo Gerchunoff, Pablo Mira, Sebastián Katz, y Alejandro Vicondoa. Errores y opiniones son responsabilidad del autor.

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Una respuesta a “La Macroeconomía y el Presente Griego | parte 2

  1. Tanto la parte 1 como la 2 de esta nota en conjunto me parecen una reflexión epistemológica de gran profundidad.

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