Una crisis de identidad energética

Por Fernando Navajas*

En economía son muy reconocidas las identidades contables, porque cualquiera sea la teoría que domine la explicación de lo que vemos, la referencia a las ecuaciones de balance aparece como algo que debe respetarse. Una crisis de identidad ocurre cuando los mecanismos que determinan la asignación de recursos no pueden arribar a un balance. Otro problema aparece cuando ciertos componentes de una identidad contable se consideran exógenos, cuando en realidad son endógenos. Mi argumento es que, desde un punto de vista económico, esto es lo que ha venido ocurriendo en el sector energético de modo creciente en los últimos 7 años.

Claro que una cosa es la verdad y otra bien distinta la creencia oficial dominante o el relativismo con que muchos economistas han mirado al sector energético y al rol de los precios y la regulación en los desequilibrios observados. Una parte importante de la maniobra de encubrimiento o auto convencimiento de que los desbalances energéticos no son graves para la economía, proviene de la “mentira verdadera” que asigna al crecimiento de la demanda la culpa principal de lo que estamos observando. Es cierto, como en la economía agregada, que el crecimiento de la demanda alimenta desbalances. Es cierto también que para poca respuesta de oferta esto lleva a disyuntivas entre mayores precios o mayores importaciones. Y que si no hay flexibilidad de precios los ajustes por cantidades (importaciones) se magnifican. Eso vale para la economía y para el mercado de naftas o de gas natural.

Pero lo que estamos viendo en el sector energético en este momento va más allá de la demanda. La gran diferencia del sector energético con el resto de la economía es que la oferta domestica viene destruyéndose de un modo estructuralmente sostenido, además de los shocks que la puedan mover mas para abajo. Este fenómeno es muy intenso en el caso del principal energético de la Argentina, que es el gas natural. Un trabajo reciente (Barril y Navajas, 2011), que explora por primera vez una base de datos amplia de áreas de producción de gas natural entre 2004 y 2009, muestra que la caída tendencial de la producción puede explicarse con la ayuda de un modelo simple y convencional de agotamiento de un recurso, en el marco de un régimen de precios deprimidos. Según este trabajo, además, otras variables vinculadas a explicaciones conspirativas (que asocian la caída de la producción al comportamiento de las firmas líderes) o a la falta de renegociación de las concesiones no son significativas. Sí lo es, en cambio, un corrimiento de la demanda desde el invierno hacia el verano (provocada por los racionamientos a la industria en invierno) que ha generado un mayor stress productivo y un efecto de caída adicional en la oferta doméstica. La Argentina está atrapada en una dinámica transicional entre gas convencional (que se agota en virtud de reservas declinantes y precios muy bajos) y no convencional (que implica un salto tecnológico a precios más altos, pero con señales que están operando “demasiado poco” y “demasiado tarde” para revertir la caída y evitar grandes desbalances).

Este fenómeno estuvo validado por lo que hemos estado viendo en lo que va del año. En el primer trimestre la oferta de gas natural, venía derrumbándose al 3.6% interanual, el doble de la tasa promedio de los últimos 8 años, debido al agotamiento de reservas convencionales. En el segundo trimestre la situación empeoró, alimentada por las huelgas en el Sur. La “respuesta” de oferta que el gobierno tenía preparada para enfrentar el año y “terminar con el faltante de gas” fue literalmente “tragada” por la retracción de la oferta en el segundo trimestre, dejando al país en condiciones de no poder cubrir el crecimiento de la demanda en condiciones normales.

Las importaciones de gas natural en sus tres formatos actuales (Bolivia, Bahia Blanca y Campana) suman 25 millones de m3 día, que es la cifra que estaba exportando la Argentina en 2004 cuando el energo-crunch se presentó en sociedad. El valor anual de estas importaciones ronda los 3 billones de dólares. Es decir que la Argentina, sólo en gas natural, tiene una reversión de su balance comercial en 7 anos que, valuada a precios actuales, es de casi 1.5% del PBI. Si esto parece poco, existen otros casos en la lista que están cortados por la misma tijera. El gas oil es uno de ellos. Otra vez la retracción de la oferta domestica convencional muerde: el procesamiento de crudo está en 2011 en niveles inferiores a los de 5 años atrás. Algo debe estar mal cuando uno tiene una contracción de la oferta y al mismo tiempo subutilización (en casi 20%) de la capacidad en un contexto en el que la demanda vuela por el boom de ventas de automóviles. Así, las importaciones de diesel (y de fuel oil para las centrales eléctricas y la industria) pueden llegan a sumar otra cifra similar a la del gas natural. En suma, la cuenta de reversión de posición exportadora neta de la Argentina es a los precios actuales del orden de al menos 3 puntos del PBI; y promete seguir creciendo en magnitud.

Moviéndonos al tema de los precios (que ya no puede ignorarse con argumentos como que “los precios importan poco porque las elasticidades son bajas”) aparece el gran “cuco”, tanto para el gobierno como para la oposición. Uno podría parafrasear el problema de crisis de identidad (contable) en energía diciendo que no va a existir igualdad entre demanda y oferta a los precios socio-políticos que la sociedad argentina ha votado y que el cierre de la identidad con mayores y crecientes importaciones puede colaborar a mover a la economía hacia la insostenibilidad externa. Desarmar al Frankenstein de los precios de la energía que está detrás de este problema es equivalente a resolver la salida de la trampa de populismo energético en la que entramos desde 2003 (ver al respecto Cont, Hancevic y Navajas, 2011). Esto, obviamente, es más fácil hacerlo en el Excel que en la práctica del real-politik argentino. A modo de ilustración, el déficit del mercado eléctrico mayorista argentino en el mes de Mayo, ascendió a 2000 millones de pesos. Pero el primer el dato relevante es que la demanda “paga” poco más que un tercio de esa cifra, es decir que los costos superan a las tarifas en casi 4 a 1. Y el segundo dato es que los costos están “pisados”, porque el gas que entra en estos costos del sistema es a su vez menos de una cuarta parte del costo de oportunidad dado por los precios de importación. Los verdaderos costos van a estar entre un 50% y un 100% por arriba, dependiendo de si al país le va bien con el gas no convencional.

Una crisis de identidad contable puede ser el comienzo de una crisis de identidad más amplia, que involucra lo económico, lo político y hasta lo cultural. Las crisis económicas argentinas de fines de los 80 y fines de los 90 son muy aleccionadoras al respecto. Es hora de que el gobierno, si es reelecto, se ponga a repensar como –sin necesidad de sacrificar su orientación dirigista de la economía- puede retornar a un sendero sostenible. La energía no va a hacer descarrilar a la economía por sí sola. Pero va a debilitarla y dejarla endeble frente a condiciones externas más hostiles o episodios que reclamen una corrección del balance externo. Precios más inteligentes a la demanda, señales creíbles a la demanda y la oferta para que florezcan los contratos que movilicen las inversiones, rediseño del mercado eléctrico mayorista para acomodar energías renovables, esquemas de incentivos para la eficiencia energética e instituciones modernas y transparentes son parte del menú que tanto el gobierno actual como la oposición van a tener que usar en un futuro cada vez más cercano.

Referencias

Barril D. y F. Navajas (2011), “What Drove Down Natural Gas Production in Argentina?”, 3rd Regional Meeting of the International Association on Energy Economics, Buenos Aires, Abril.

Cont W., P. Hancevic and F. Navajas (2011), “Energy Populism and Household Welfare”, 34th IAEE International Conference, June 20, 2011, Stockholm School of Economics, Sweden.


* Una versión más compacta de esta nota se publicó en El Economista, el 1º de Julio de 2011.

 

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4 Respuestas a “Una crisis de identidad energética

  1. Andrés Neumeyer

    Fernando, muy bueno el artículo. Es un muy lindo ejemplo de que el imperio de la ley realmente rige para la ley de la oferta y la demanda.

  2. Pingback: Escases de Combustibles: El Nuevo Complot o la Consecuencia de Políticas Inconsistentes? — Foco Económico

  3. Pingback: Los déficits gemelos en energía — Foco Económico

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