¿Por qué la ciudadanía tolera la distorsión del IPC?

Por Jorge M. Streb *

En enero del 2007 los funcionarios a cargo del Índice de Precios al Consumidor (IPC) en el Indec fueron reemplazados. Como el Indec es un organismo dependiente del Ministerio de Economía, esta es una atribución exclusiva del Poder Ejecutivo Nacional. Lo que sucedió desde entonces es bien conocido: según la historia oficial la inflación promedio en los años 2007-2010 ha sido del 8.6 % anual promedio, mientras que según las estimaciones de consultoras privadas ha rondado el 20 % anual. La novedad del 2011 es que la Secretaría de Comercio ha pedido explicaciones a las consultoras privadas por esta discrepancia y ha comenzado a multarlas por presentar información engañosa. Estamos en el mundo del revés. La pregunta es: ¿cómo llegamos acá?

Es improbable que el gobierno estuviera emulando el ejemplo de Chile durante su última dictadura militar, cuando se falseó en dos ocasiones el índice de precios para reducir la indexación salarial.[1] Esto no explica el caso argentino porque los sindicatos usan estimaciones privadas de inflación. Además, a diferencia de la nula reacción social que hubo contra el maltrato y despido de los funcionarios técnicos del Indec, o el actual acoso a las consultoras económicas, reducir los sueldos en términos reales por esa vía hubiera tenido un alto costo político. En una democracia, como Argentina, una cosa es tratar de forma arbitraria a unos pocos individuos, otra muy diferente a una mayoría.

La principal motivación para manipular el índice fue la cuantiosa deuda del gobierno indexada por el IPC, equivalente a 56 mil millones de dólares al tipo de cambio del momento. Gran parte de esta deuda eran activos de los trabajadores formales en los fondos de jubilación y pensión, además de los tenedores locales de préstamos garantizados y de deuda reestructurada luego de la cesación de pagos. Dado el bajo grado de penetración de activos financieros en la población, esta expropiación parcial tampoco generó mayores consecuencias políticas.[2]

Más allá del motivo, una vez que al gobierno tuvo la idea, la pudo ejecutar sin problemas. Esta reciente experiencia democrática de la Argentina encierra una enseñanza general. Parece indicar que el costo político para un gobierno de mentir sobre la inflación, o sobre cualquier otro asunto, es casi nulo cuando esto sólo afecta directamente a una pequeña minoría. Esto no fue un tema relevante en las elecciones del 2007 y del 2009, y sigue sin estar en la lista de prioridades de los ciudadanos para estas elecciones. Dado que la reacción social espontánea de los ciudadanos no parece actuar de freno para la mayor parte de este tipo de abusos, ¿cómo se logra eso en una democracia?

El mecanismo que han encontrado la mayoría de las democracias constitucionales modernas para defender los derechos de las minorías es algo más impersonal, el estado de derecho por el cuál cualquier ciudadano puede acudir a la justicia para proteger sus derechos individuales.[3] Si los tenedores de títulos públicos damnificados por la tergiversación de los números de inflación hubieran tenido acceso a un reclamo expeditivo por vía judicial, esto se hubiera podido frenar. Pero en la Argentina el grado de independencia judicial, sobre todo en los Fueros Federales donde se tramitan causas que involucran al gobierno nacional, es bastante limitada. Las acciones judiciales, como las iniciadas por la Fiscalía de Investigaciones Administrativas que depende del Poder Ejecutivo Nacional o por la Auditoria General de la Nación que depende del Poder Legislativo, no han tenido éxito. Incluso si la Corte Suprema de Justicia de la Nación finalmente fallara en el asunto, por sí sola no podría obligar al Poder Ejecutivo Nacional a acatar el fallo.

Esto nos lleva al núcleo del asunto, que es político. El estado de derecho depende de una justicia independiente, pero la independencia judicial depende a su vez de los contrapesos políticos al poder ejecutivo. Estos contrapesos son endógenos. Si la población decide concentrar el poder en una sola persona, votando un gobierno unificado que controla tanto la Presidencia de la Nación como el Congreso de la Nación, como sucedió entre el 2003 y el 2009, entonces una sola fuerza política puede hacer y deshacer a su antojo.

Al gobierno unificado se le sumaron las leyes de emergencia sancionadas por el Congreso de la Nación en las sucesivas crisis macroeconómicas, delegando facultades extraordinarias al Poder Ejecutivo. Justamente la “Ley de superpoderes” viene de la crisis del 2001 por este mecanismo de delegación. Esta ley se convirtió en una delegación permanente en el 2006. Al permitir reasignar partidas del presupuesto al Jefe de Gabinete, en definitiva al Congreso sólo le quedan reservadas las decisiones sobre el monto total del presupuesto y el endeudamiento. Así, nuestra recurrente inestabilidad macroeconómica ha dejado marcas que contribuyeron al hiperpresidencialismo, tal vez porque en épocas de crisis la atención se concentra en darle poderes extraordinarios al poder ejecutivo para poder hacer reformas.[4] Las leyes de emergencia se suman a otros poderes delegados que acumuló el Poder Ejecutivo en el pasado, legado de nuestra conflictiva trayectoria institucional.[5]

El opaco rol de nuestro Congreso contrasta fuertemente con la experiencia de Estados Unidos.[6] En Estados Unidos, el Bureau of Labor Statistics, que elabora las estadísticas de precios, forma parte del Ministerio de Trabajo (Department of Labor), por lo que es parte de la administración federal. Ahí se acaban los parecidos. Si bien el Presidente de Estados Unidos controla la mayoría de los nombramientos, el Congreso controla el presupuesto. Como puntualizan McCubbins, Noll y Weingast (2007), el poder del Congreso en Estados Unidos en estos temas es mucho mayor que los del Presidente. Si una agencia gubernamental no cumple con los cometidos que le encarga el Congreso, en este caso armar estadísticas confiables, el Congreso le corta la apropiación de fondos a la agencia. Además, el Congreso controla las tareas que delega en entes públicos de la administración federal de dos modos, por un lado permitiendo que se pueda accionar judicialmente contra una agencia si no cumple con los objetivos fijados por el Congreso, por el otro obligando a las agencias a seguir una serie de pasos administrativos antes de poder implementar un cambio de procedimientos.[7]

Montesquieu (1748) declara en el libro XI Del espíritu de las leyes que la democracia por sí sola no asegura la libertad y los derechos, hacen falta contrapesos al poder. Esta idea que inspira las democracias constitucionales modernas no sólo requiere un delicado mecanismo institucional de división de poderes, que incorporamos en nuestra tradición constitucional. Cuando Montesquieu habla, en el libro XIX, de la libertad de los ingleses, hace hincapié en el hecho de que los ingleses no daban demasiado poder a ningún partido. No sólo las instituciones formales, sino las costumbres (y valores) de un pueblo libre son parte de su libertad. En conclusión, en estos últimos años la correcta medición de la inflación no ha sido una prioridad del pueblo argentino, como tampoco lo ha sido el logro de una justicia independiente.

Referencias

Botana, Diego (2009), “Los ‘poderes delegados’ o el desborde permanente”, Criterio, octubre.

Cortázar, René, y Jorge Marshall (1980), “Índice de Precios al Consumidor en Chile: 1970-78”, Colección Estudios 4, Cieplan.

Cortazar, René, y Patricio Meller (1987), “Los dos Chile y las estadísticas oficiales: una versión didáctica”, Apuntes 67, Cieplan.

García, Jorge, y Hugo Freyhoffer (1970), “La tasa efectiva de inflación en Chile entre 1961 y 1968 y el comportamiento de los agentes económicos”, Publicación 118, Instituto de Economía y Planificación, Universidad de Chile.

Kaufmann, Daniel, Aart Kraay y Massimo Mastruzzi (2010), “The Worldwide Governance Indicators. Methodology and analytical issues”, Policy Research Working Paper 5430, World Bank.

McCubbins, Mathew, Roger Noll y Barry Weingast (2007), “The political economy of law”, en A. M. Polinsky y S. Shavell, editores, Handbook of law and economics, volumen 2, Amsterdam: Elsevier Science Publishing.

McCubbins, Matthew, y Thomas Schwartz (1984), “Congressional oversight overlooked: Police patrols versus fire alarms”, American Journal of Political Science 28: 165-79.

Montesquieu, Charles de Secondat, baron de (1748). De l’esprit des lois, Ginebra: Chez Barrillot & Fils.

Wagner, Gert, y José Díaz (2008), “Inflación y tipo de cambio: Chile 1810-2005”, Documento de trabajo 328, Instituto de Economía, Pontificia Universidad Católica de Chile.


* Estos puntos de vista son personales. No representan la posición de Universidad del Cema ni tampoco de Colectivo Económico

[1] Cortázar y Marshall (1980) detectan discrepancias fuertes en el último trimestre de 1973 y discrepancias menores en el período 1976-78 (ver también Cortazar y Meller 1987). Wagner y Díaz (2008) señalan que este no fue el único caso de distorsión de las estadísticas de precios; en particular, García y Freyhoffer (1970) encontraron subestimaciones de la inflación oficial en el período 1964-68, una etapa democrática donde había controles de precios.

[2] Los fondos de jubilación y pensión ya venían golpeados, primero en el 2001 por la colocación forzosa de títulos públicos cuando la Argentina estaba a punto de entrar en default, luego por una reprogramación desventajosa de la deuda pública. A excepción de Nación AFJP, en el 2005 el resto de las AFJP no quisieron pesificar la deuda a un tipo de cambio de 1,40 indexada por la inflación; en su lugar, las AFJP terminaron por aceptar más tarde un canje en peores condiciones. Como los titulares de las cuentas en las AFJP no tenían control alguno sobre las decisiones de inversión, no había ningún incentivo individual para superar el desconocimiento sobre las inversiones (además, todas las carteras de inversión eran bastante parecidas).

[3] Kaufmann, Kraay y Mastruzzi (2010) elaboran un índice agregado de estado de derecho (“rule of law”). En el “Country Data Report for Argentina, 1996-2009”, el índice arranca en el percentil 60 y cierra en el percentil 30 (un percentil más bajo indica que el país figura más bajo en el ranking de respeto a la ley).

[4] En Estados Unidos durante la crisis macroeconómica del ´30, el electorado también apoyó un gobierno fuerte, dándole el control de la Presidencia y de ambas cámaras del Congreso al Partido Demócrata.

[5] Botana (2009) detalla que las delegaciones se produjeron primero a través de las acordadas de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que reconocieron facultades legislativas a los gobiernos de facto de 1930 y 1943, mientras estaba clausurado el Congreso de la Nación, a través de lo que se conoce como “la doctrina de facto”. Esta legislación se fue haciendo más voluminosa con los sucesivos golpes. Por la Constitución Nacional de 1994, el Congreso tiene que ratificar la legislación delegada para que no caduque. Dado su enorme volumen, el Congreso ha venido prorrogando periódicamente esa legislación.

[6] Desde el 2009 hay proyectos en la Cámara de Diputados para que en el futuro el Indec sea autónomo. Sin embargo, no hay suficiente apoyo legislativo para su sanción.

[7] Por el Administrative Procedure Act de 1946, las agencias gubernamentales tienen que seguir un procedimiento específico que da participación a las partes afectadas antes de poder cambiar su operatoria. Esto permite a los afectados quejarse y así alertar al Congreso, lo que se conoce como control vía “alarma de incendios”. Este control descentralizado de la delegación reemplaza el control tipo “patrulla policial” que exige cuantiosos recursos para ver si las agencias efectivamente cumplen con los mandatos asignados. Ver McCubbins y Schwartz (1984).

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20 Respuestas a “¿Por qué la ciudadanía tolera la distorsión del IPC?

  1. Jorge, tu análisis nos deja con la siguiente pregunta: ¿cuáles son las prioridades del pueblo argentino?. Diría que haya empleo, o en su defecto subsidio estatal, para todos. No importa la calidad (i.e. la competitividad de la economía), como tampoco la misma importa en educación, salud, seguridad, servicios, jubilaciones, etc. Son las pretensiones de un pueblo mediocre. Saludos,

    martín

    • Martin,

      Supongamos que lo que decis acerca de las prioridades es cierto. Son preferencias mediocres? No es obvio. Es razonable que la estabilidad laboral, cualquiera sea su origen, este antes que cualquier otra cosa.

      Igual no veo la necesidad de que un post sereno tan rapido despierte un insulto al “pueblo”

  2. Celeste González

    Muy interesante el punto de vista del artículo.

  3. Mmm, pero no mencionas nada sobre que se decidieron apartar a los funcionarios por que no acataron la orden de revisar la metodología anterior.

    Por otro lado, ya que la nota se basa en una suposición (que el IPC está distorsionado), también te faltaría completar el análisis bajo la suposición de que la ciudadanía tolera la distorsión por que esa distorsión no es tal.

    Lo que si no entiendo para nada es:
    No entiendo que tiene de malo que el gobierno nacional multe a empresas que engañan a la ciudadanía y que provocan desestabilización de precios.

  4. Perdon, lo que quise citar despues de: “lo que no entiendo es: ” fue: “La novedad del 2011 es que la Secretaría de Comercio ha pedido explicaciones a las consultoras privadas por esta discrepancia y ha comenzado a multarlas por presentar información engañosa. Estamos en el mundo del revés.”

  5. Nicolás Calicchio

    Muy interesante el análisis del artículo. Coincido con el comentario de Martín, hoy la prioridad de la población es el empleo (de cualquier calidad que este sea).
    El artículo me hizo pensar además si la confiscación de los ahorros previsionales, además de haber servido al Gobierno para hacerse de dichos fondos, no puede haber servido para atar un cabo suelto de la manipulación de las estadísticas. Me imagino que tal vez las AFJP podrían haber iniciado acciones judiciales por los bonos ajustados por IPC que tenían en cartera, aunque no estoy seguro si podrían haber accionado o no (mi conocimiento de leyes es extremadamente limitado).
    Mauro A., te parece que la ciudadanía cree los números del INDEC? Te parece también que no existe manipulación de los números? Por qué entonces algunos índices provinciales no guardan relación con el índice del INDEC, aunque antes de 2007 tenían una alta correlación con el mismo? Y por último, un cambio metodológico del índice no debería tener fundamentos técnicos claros y públicos? Y si el índice actual los tiene (lo cual no creo que sea cierto), no se podría haber creado un nuevo índice y calcular ambos durante un período prudente para ver si se podía considerar más conveniente o no que el índice anterior en vez de reemplazarlo?

    • te parece que la ciudadanía cree los números del INDEC?
      La verdad que importa muy poco lo que crea la ciudadanía, la gran mayoría ni sabe lo que es el IPC. Y, desde cuando la ciudadanía le cree al IPC del INDEC?. Pero para responderte, nadie niega que la ciudadanía no le crea a los números del INDEC, pero lo que se debería preguntar es si están en lo correcto al no creerle.

      Te parece también que no existe manipulación de los números?
      La verdad que no lo se, con los datos que se presentan es muy dificil saberlo, de hecho, hace 3 años que lo vienen investigando y todavía nadie pudo demostrar que se adulteren datos, aun teniendo acceso a muchisima mas información que la que disponemos la mayoría de los ciudadanos. La diferencia entre mi postura y la de los críticos del INDEC es que yo tengo la duda, mientras que los otros aseguran algo que no pueden comprobar.

      Por qué entonces algunos índices provinciales no guardan relación con el índice del INDEC, aunque antes de 2007 tenían una alta correlación con el mismo?
      Primero, esos índices provinciales siguen utilizando la metodología anterior con lo cual la comparación es absurda para determinar si alguno de los dos está mintiendo. Por otro lado, puedo usar tu mismo argumento para inferir que los que mienten son ellos.

      Y por último, un cambio metodológico del índice no debería tener fundamentos técnicos claros y públicos? Y si el índice actual los tiene (lo cual no creo que sea cierto), no se podría haber creado un nuevo índice y calcular ambos durante un período prudente para ver si se podía considerar más conveniente o no que el índice anterior en vez de reemplazarlo?
      En eso puedo estar mas o menos de acuerdo, el tema es que creo que no hay bibliografía suficiente para sustentar un cambio de metodología por alguna que sea mas democrática que la anterior, con lo cual el proceso para conseguir fundamentos podría demorar mucho tiempo perjudicando a la población que debería recibir los subsidios en ese periodo, sin mencionar la cantidad de intereses que se deberían haber pagado por bonos indexados por CER por mantener un IPC que no representa a todos los ciudadanos por igual.

  6. Defender o creer en los nros. del INDEC, sea cual fuere su justificación o respaldo, es una utopía. Basta con ir al supermercado semana tras semana..
    No es necesario ser un economista experto, alcanza nociones básicas de aritmética.
    El gobierno le miente de manera descarada a la población, porque no tiene otra manera de sustentar su no política económica

  7. A “la gente” le importan los precios mucho mas que lo reportado en la pagina web del indec, cierto? Y la gente los precios los conoce de primera mano. Mi tia conoce exactamente la inflacion de su canasta de consumo. Indignarse por indices mentirosos es muy razonable entre economistas, pero suena de segundo orden para mucha otra gente.

    Igual bueno el comentario, mas alla de su postura, porque trata de ir mas hondo que la tipica diatriba odiosa contra el gobierno que se escucha tanto y que no contribuye.

  8. Raul, no es necesario se un estadista experto para saber que lo que decis es una burrada enorme, es cuestión de aritmetica básica, que, ya sea por tu prejuicio, o ignorancia, no aplicas.
    Veamos:
    Una persona con ir al supermercado semana tras semana puede llegar a relevar como mucho 100 datos, siempre en el mismo local, generalmente en las mismas variedades. Al llegar a su domicilio debería volcar todos los datos (de los productos que adquirió y de los que nó) a una planilla por que a la semana siguiente seguramente que se olvidó de la gran mayoría, al momento de hacer la comparación debería colocar los correspondientes niveles de representación del consumo de cada uno de los bienes y servicios que uno tiene y coeficientes para los productos estacionales (cosa que casi nadie sabe realmente, aunque acepto que mas o menos se pueda estimar). Ahora, suponiendo que haces todo eso a la perfeccion, no podrías asegurar que el indec miente ya que ese estudio como mucho podría representar TU consumo (y el de tu familia) es decir el 0.000000001% de la población.

    La única forma de saber si el INDEC miente es relevar una buena cantidad de datos y aplicar la misma metodología que el INDEC.

    • Mauro, creo que eso que decís no es acertado conceptualmente.

      El INDEC todo lo que hace es agregar información que todos nosotros tenemos de manera dispersa. Obviamente que ni vos ni yo podemos replicar lo que hace el INDEC. Lo que sí podemos hacer es computar (de hecho, mejor que el INDEC) la inflación que nos afecta “a nosotros”, ya que nosotros conocemos los bienes que consumimos.

      El INDEC entonces construye un índice representativo, de una canasta de consumo típica, de un ente ideal. Esa información es obviamente muy importante para tomar decisiones de política económica, pero no le resulta ninguna novedad, ni le importa, a mi tia (con el respeto que me merece); y me imagino que tampoco debería importarte a vos en tanto que consumidor.

  9. Perdon Damiani, leo y releo tu comentario y no veo donde esta mi error conceptual ya que, con otras palabras, decis mas o menos lo mismo que digo yo.

    Es cierto que el indec hace un rejunte de toda la información que nosotros tenemos dispersa. Pero, ademas de eso, tiene una metodología para recolectar y presentar los datos. Las mayorías de las personas desconocen esa metodología, y, al momento de adquirir un bien o servicio, las metodologías aplicadas son muy variadas (algunos compran siempre en el mismo lugar por comodidad, otros eligen precios, otros estan “casados” con determinadas marcas, etc etc). Como si esto fuera poco, no hay la mas mínima seguridad de que la canasta personal sea aproximadamente equivalente a la “canasta de consumo típica” que mencionas vos. Por lo tanto, la suma de todas estas diferencias hacen que la comparación entre una medición de un consumo particular con la del IPC del INDEC sea absurda.

    Pero lo que me desconcierta de tu primer renglon, es que en el último parrafo resumis lo que yo intento decir. Yo tengo muy en claro que una variación porcentual del IPC de determinada magnitud no tiene por que representar que el aumento de mis gastos será del mismo orden, a diferencia de tanta gente como Raul que llega a conclusiones tan absurdas, y encima argumentando conocimientos básicos de aritmetica.

    • Mauro recien te respondi pero no se subio o lo moderaron.

      En resumen decia:

      – Raul tiene un punto porque hay cierta correlacion entre la canasta de cada uno y la del indec. Si hace 5 anios esa correlation era mas alta que ahora, la sospecha es fundada.

      – En cualquier caso, estamos de acuerdo en que nadie puede replicar lo que hace el indec. Pero eso no quiere decir que los datos no sean falsos–simplemente no lo sabemos.

      – Dado lo cual, no tiene sentido atribuirle a la gente preferencias mediocres tanto como decir que la gente no se queja porque no hay inflacion. En ambos casos estariamos proyectando un prejuicio.

      – Lo que sucede es simplemente que la gente nunca se va a quejar del indec, con inflacion baja o alta, mienta el indec o no. El IPC es algo demasiado abstracto para despertar la indignacion de una persona tomada al azar entre la poblacion.

  10. Nicolás Calicchio

    Mauro, muy interesante tus respuestas. Te respondo:

    La ciudadanía le cree o no a los datos en el INDEC y punto. Quiénes somos nosotros para decir si la ciudadania está equivocada? Lo único que podemos hacer es disentir, pero no decir que si no creen los datos del INDEC están mal o bien equivocados.
    Segundo, lo que me hace creer que el INDEC miente es que su metodología no es pública, que lo poco que se conoce de ella se basa en métodos que todavía no son aceptados por economistas ortodoxos y heterodoxos por igual (por ejemplo, la sustitución de productos que registran un fuerte aumento de precios, sin medir de alguna manera si los hogares efectivamente sustituyen los productos que muestran esas variaciones o no) y que los organismos públicos provinciales no modificaron su metodología arbitrariamente (y la modificación del INDEC es arbitraria, porque no se siguió calculando simultáneamente el índice con la metodología anterior para evaluar la conveniencia del cambio en la misma).
    Tercero, lo de los subsidios no me queda muy en claro, pero admito que soy algo ignorante en este campo en particular. Si existe algún ajuste por inflación de subsidios a la pobreza, indigencia, empleo, etc. y se calculó una inflación menor (y fundamentalmente una inflación de alimentos menor), no se termina perjudicando en realidad a quienes los reciben? Espero que puedas ilustrarme al respecto.
    Con respecto a los bonos, el cambio del índice es un default encubierto, más que nada teniendo en cuenta la arbitrariedad con que se realizó. No creo que esto sea algo positivo para el país, pero entiendo que en este punto nuestra opinión puede diferir…
    Por último, si querés sacarte las dudas sobre si se están manoseando o no las estadísticas del INDEC (en general, no referido al IPC en particular), te recomiendo observar la evolución de los salarios en negro durante la recesión de 2009. Creo que es una experiencia bastante ilustrativa…

  11. Mauro: Ok. Estamos de acuerdo en que ninguno de nosotros puede replicar “exactamente” la tarea del INDEC. Raul dice que el INDEC miente, vos (y en una medida menor, yo) pensamos que ni Raul ni nadie puede saberlo a ciencia cierta, porque solo el INDEC dispone de la tecnologia para computar un indice de precios (aunque algunos organismos pueden estar mas cerca). Pero eso no quiere decir que el INDEC no mienta –simplemente no lo sabemos.

    Pero Raul tiene un punto: probablemente haya una correlacion entre la inflacion de la canasta de consumo de tu familia o de la mia y la inflacion de la canasta de consumo que computa el INDEC. La distancia entre ambas depende de cual sea tu ingreso relativo al del consumidor promedio. Ahora, si la inflacion que nos afecta “a nosotros” es mucho mayor que la reportada por el INDEC, y si tal cosa no era cierta en otra epoca (digamos, hace 5 años) entonces la sospecha está razonablemente fundada.

    Pero igual vuelvo a mi punto original: la inflación que reporta el INDEC no le importa ni nunca le va a importar a “la gente”. Esto es cierto, mienta el INDEC o no, haya inflación o no. Lo que reporta el INDEC es de cuarto orden en la mente de una persona tomada aleatoriamente entre la poblacion, es algo demasiado abstracto, aunque salga en la tapa de Clarin. Con lo cual es burdo tratar de inferir “prioridades mediocres en el pueblo”, extrapolando las preferencias de economistas que creen que el INDEC mienten (y que razonablemente se indignan por ello) hacia las preferencias de la gente; igual de burdo es creer que el INDEC no miente y que por eso la gente no se indigna.

    En ambos casos se trata de proyecciones basadas en nuestros prejuicios.

  12. Nicolás Calicchio dijo: “La ciudadanía le cree o no a los datos en el INDEC y punto. Quiénes somos nosotros para decir si la ciudadania está equivocada? Lo único que podemos hacer es disentir, pero no decir que si no creen los datos del INDEC están mal o bien equivocados.”
    No estoy de acuerdo, en este caso no estamos hablando de hechos subjetivos que estén enmarcados en la concepción que cada uno tenga sobre la situación. En este caso estamos hablando sobre datos y estadísticas, aca no hay subjetividad permitida, se comparan datos y resultados y de ahi se saca la conclusión. Yo no soy nadie para decirle a una persona que piense lo que quiera, pero si puedo señalar, ante un tema meramente objetivo, que el razonamiento que está llevando es el erroneo ya que no tiene en cuenta los datos objetivos, y no es ni mas ni menos que lo que hice con el comentarista que, tan livianamente afirma que puede comprobar que el INDEC miente con ir al supermercado un par de semanas. En este caso es mas o menos lo mismo que discutir si 2+2=4, desde el punto de vista filosófico podemos estar o no de acuerdo, pero desde el punto de vista matemático, los datos son coherentes y objetivos, no se puede estar o no de acuerdo con eso.

    Nicolás Calicchio dijo: “Segundo, lo que me hace creer que el INDEC miente es que su metodologia no es pública”
    De hecho, la metodología si es pública (http://www.indec.gov.ar/principal.asp?id_tema=754)

    Nicolás Calicchio dijo: “que lo poco que se conoce de ella se basa en métodos que todavía no son aceptados por economistas ortodoxos y heterodoxos por igual (por ejemplo, la sustitución de productos que registran un fuerte aumento de precios, sin medir de alguna manera si los hogares efectivamente sustituyen los productos que muestran esas variaciones o no.)”
    Todos los IPC del mundo utilizan algoritmos para descartar productos que parecieran estar muy alejados de la media.
    En lo que estoy de acuerdo con vos es en que los parámetros para excluir una determinada muestra que se aleja de la media que utiliza actualmente por el INDEC tal vez no esté respaldada por la bibligrafía internacional.
    Pero por otro lado eso es coherente ya que, esa misma bibliografía es la que respalda e intenta volver a introducir la metodología anterior de reconocida representatividad a los sectores mas pudientes. De todos modos, eso no es prueba per se de que el INDEC esté mintiendo, en todo caso, para comprobarlo (recordando que son datos objetivos) cualquiera de las tantas encuestadoras privadas podría realizar una pequeña encuesta para determinar eso que propones vos. Con algo tan facil y con muchisimo menos recursos de los que gastan actualmente podrían demostrar que el INDEC miente, ¿que raro que nadie lo haya hecho, aun con tanto opositor con suficiente plata como para hacerlo, no?

    Nicolás Calicchio dijo: “la modificación del INDEC es arbitraria, porque no se siguió calculando simultáneamente el índice con la metodología anterior para evaluar la conveniencia del cambio en la misma”
    ¿Cuál es la conveniencia del cambio de la metodología?, o en otras palabras ¿por qué razón inducis que la metodología actual no es mas conveniente que la anterior, a quien debe beneficiar?

    Nicolás Calicchio dijo: “Tercero, lo de los subsidios no me queda muy en claro, pero admito que soy algo ignorante en este campo en particular. Si existe algún ajuste por inflación de subsidios a la pobreza, indigencia, empleo, etc. ”
    Cuando se detecta muestrealmente que un producto está aumentando sustancialmente su valor se comienza el proceso para reducir el impacto de ese aumento en la sociedad. En algunos casos, con políticas activas hacia el sector para aumentar la oferta del producto (y por ley del mercado disminuir su precio), y en otros casos con subsidios a los sectores para disminuir sus precios finales directamente.

    Nicolás Calicchio dijo: “y SI se calculó una inflación menor (y fundamentalmente una inflación de alimentos menor), no se termina perjudicando en realidad a quienes los reciben?”
    Y, en principio sería así como vos decis, pero partamos de una base: todavía nadie ha demostrado fehacientemente que el INDEC este subestimando el aumento de los precios de una canasta media, con lo cual supongo que tu teoría viene de la contrastación con la medición de otros IPC de entidades privadas o provinciales. Estas entidades continúan usando la metodología anterior (arbitrariamente ya que vos usaste esa palabra). Por otro lado, la canasta está compuesta por muchos productos, lo importante es que esos productos representen lo mas fielmente a la mayor cantidad de personas posibles, eso es lo que intentó hacer el INDEC con la modificación de la canasta ya que era reconocido y estaba documentado que la anterior metodología representaba principalmente a los sectores mas pudientes. Por lo tanto, por mas que el IPC del INDEC obtenga como resultado variaciones menores a las que obtienen los de las otras entidades, esas variaciones representan mejor el consumo de los sectores mas humildes, con lo cual, proteje a los mas desprotejidos ya que los sectores mas pudientes tienen capacidad de soportar los aumentos de precios. Es decir que, por mas que la el IPC sea del 9% y no 25%, ese valor surge de determinar que aumentó mucho el fideo (por dar un ejemplo simplista) y no por que aumentaron los hoteles 5 estrellas, con lo cual la política de disminución de precios va a estar enfocada al Fideo y no al Hotel 5 estrellas. Con todo esto, no es tan obvio que una inflación menor termine perjudicando a los mas desprotejidos. Lo mas importante en este caso no es el valor obtenido, sino la conformación de la canasta para que represente a la mayor cantidad de personas posibles de igual manera.

  13. Jorge M. Streb

    Quería agradecer los comentarios. Agrupo mis respuestas en tres puntos:

    1. Un primer planteo lo parafraseo así: “La nota se basa en la suposición de que el IPC está distorsionado. La única forma de saber si el Indec miente es relevar una buena cantidad de datos y aplicar la misma metodología que el Indec”.

    Efectivamente no hay todavía un estudio detallado de qué explica las discrepancias entre las cifras oficiales y las estimaciones privadas (y provinciales) de precios para la Argentina, como sí hay en Chile estudios de García y Freyhoffer para la década del 60 y de Cortázar y Marshall para la década del 70.

    Existe un “Informe técnico de la Universidad de Buenos Aires (UBA) con relación a la situación del Indec” de julio 2010 , elaborado por representantes de las Facultades de Ciencias Económicas, Ciencias Exactas, Ciencias Sociales y Derecho de la UBA a pedido del Consejo Académico de Evaluación y Seguimiento del Indec. Si bien se subraya que “la UBA recuerda una vez más su posición respecto de que eventuales tareas de auditoría de los procesos de recolección, carga y procesamiento de datos por parte del Indec están fuera del alcance de cuerpos académicos asesores” (ver página 42), con la información disponible los especialistas llegan a una conclusión rotunda (ver página 38):

    “Como se señaló al comienzo de este documento, hay un estado de escepticismo generalizado respecto de la validez de las estadísticas que genera el Indec, y en particular sobre el IPC. El examen realizado en este documento fundamenta la menguada confianza pública en dicho indicador. En este sentido, no es posible considerar al IPC elaborado por el Indec como una medida fiable del nivel agregado de los precios del consumo …
    Aquí vale la pena señalar que si bien en todo el mundo se discuten cuestiones metodológicas atinentes al diseño, elaboración e interpretación de estadísticas económicas y sociales, la magnitud de las discrepancias observadas en Argentina entre las estadísticas oficiales, en particular en materia de precios, y otras estimaciones e indicadores, tanto públicos como privados, excede por mucho debates de orden metodológico y apuntan fundamentalmente al marco institucional de producción de aquellas estadísticas….
    En efecto, el descrédito sobre las estadísticas se ha dado paralelamente con un deterioro en el funcionamiento del Instituto y con la pérdida de valiosos recursos humanos debido a alejamientos y desplazamientos de carácter involuntario. En este escenario, se requiere la introducción de urgentes reformas de carácter institucional orientadas a generar un marco que garantice la mayor independencia de su accionar y la más alta excelencia técnica de sus productos. Esto, también considerando que el descrédito sobre las estadísticas del Indec no se resuelve solamente con cambios metodológicos, sino con medidas que reviertan el contexto institucional generado a partir del año 2007.”

    2. Parafraseo el segundo planteo como sigue: “La medición del IPC es un problema puramente técnico. A la gente común le importan los precios efectivos que paga, no el índice. Indices mentirosos son un problema de segundo orden para la mayoría de la gente”.

    El argumento del artículo es que el IPC no preocupa a la mayoría de los argentinos, pero no porque sea irrelevante, sino porque surgieron medidas alternativas. Por ejemplo, los sindicatos toman en cuenta índices alternativos de precios al discutir los ajustes de salarios, lo que incluso ha sido reflejado en el Boletín Oficial (el 2 de marzo del 2011 aparecen acuerdos salariales de SMATA usando un índice privado para hacer el ajuste por inflación).

    Aunque haya índices privados o provinciales alternativos, no quiere decir que sean substitutos perfectos del IPC del Indec. De hecho, George McCandless del BCRA está desarrollando un trabajo sobre el valor de la información pública que plantea la vital importancia de que se hayan establecido institutos oficiales de estadísticas para recoger información que los agentes privados no tienen incentivo a recoger, ya que no trae beneficios privado. La lógica es simple: al basarse en muestras mucho más amplias que las fuentes privadas, los institutos oficiales de estadísticas permiten reducir el error en la información. McCandless luego plantea que esta mejor información de los institutos oficiales de estadísticas ha tenido una contribución macroeconómica importante, ayudar a moderar los ciclos económicos.

    3. El último comentario es que “las prioridades del pueblo argentino son el empleo o su ingreso monetario”.

    Estoy de acuerdo en que hay ciertas preocupaciones básicas que pueden atrapar nuestra atención, como el empleo o un ingreso suficiente. Buscamos resolver eso antes de abocarnos a otras cosas. Esto no sólo nos cabe a los argentinos sino a todas las sociedades: en ese sentido, no diferimos de la media. El argumento del artículo es que eso ha cobrado prioridad por nuestra reciente trayectoria macroeconómica, donde, con algunos respiros, hemos ido de crisis en crisis desde 1975. En particular, la brutal crisis de los años 2001 y 2002 condicionó fuertemente el mapa político hasta, por lo menos, el 2009.

  14. A esta altura es absurdo utilizar el “informe tecnico” de la uba (que de técnico tiene muy poco, es mas bien un panfleto de opinion).

    Primero que nada dice que:
    “la UBA recuerda una vez más su posición respecto de que eventuales tareas de auditoría de los procesos de recolección, carga y procesamiento de datos por parte del Indec están fuera del alcance de cuerpos académicos asesores”
    Mientras que el Decreto 927/2009 (http://infoleg.mecon.gov.ar/infolegInternet/anexos/155000-159999/155775/norma.htm)
    le otorga como mision
    Art. 5º — evaluar la elaboración, aplicación y pertinencia de la llamada Metodología Nº 13 y su actualización
    Art. 6º — consultar todos los antecedentes nacionales e internacionales que existan en la materia”

    con lo cual, en parte ya estaban fallando a su mision.
    Pero lo mas sorprendente es que lleguen a la conclusion que: ” El examen realizado en este documento fundamenta la menguada confianza pública en dicho indicador.” sin revisar ni la metodología ni los números.
    En realidad, a la única conclusión que llegan es que “la gente” no le cree al INDEC. ¿Se necesita un consejo de Universidades para llegar a una conclusión que cualquiera podría llegar comprando los diarios un par de veces cada dos meses?.
    En conclusión, no analizaron metodología, ni datos, con lo cual el “informe técnico” no aporta nada nuevo a lo que podría aportar M.L. Santillan en TN.

    Jorge M. Streb dijo: “El argumento del artículo es que el IPC no preocupa a la mayoría de los argentinos, pero no porque sea irrelevante, sino porque surgieron medidas alternativas”
    Ahora si entramos en el terreno de lo subjetivo: ¿por qué “la gente” cree las mediciones alternativas?.
    Yo particularmente no comparto tu teoría. Lo único que estoy de acuerdo que “la gente” cree mas en esas mediciones alternativas. Pero, sabiendo que esas mediciones, técnicamente y metodológicamente, no pueden compararse en calidad con las que presenta el INDEC llego a la conclusión (subjetiva, vuelvo a remarcar) que esa credibilidad resulta de una excelente campaña de desprestigio del INDEC (hasta ahora sin fundamentos técnicos comprobables) y al mismo tiempo una campaña de promoción de las encuestadoras privadas.

    La utilización de los niveles de aumentos solicitados por paritarias no corresponden al análisis. Los gremios se basan en cualquier argumento para que el aumento sea el mayor posible, si todas las encuestadoras hubieran arrojado variaciones del 80% por mas que sea algo descabellado, los gremios lo habrían utilizado lo mismo. Esto es principalmente por que las paritarias no se basan (ni lo deberían hacer) puramente en la variación del IPC. Seguramente veran que sus empleadores tienen una mejora en la rentabilidad y eficiencia en los últimos años con lo cual no es descabellado pedir aumentos de tal orden. Esto no solo contribuye al descredito del INDEC, sino que puede llegar a provocar espirales inflacionarias (supongo que de ahi vienen las multas que esta poniendo el gobierno en los últimos meses basandose en que incitan al error). Una muestra de este error lo demuestra esta nota: http://www.infobae.com/notas/566468-Paritarias-docentes-gremios-portenos-iran-al-paro-si-Ciudad-no-eleva-la-oferta.html

    Jorge M. Streb dijo: “La lógica es simple: al basarse en muestras mucho más amplias que las fuentes privadas, los institutos oficiales de estadísticas permiten reducir el error en la información.
    Yo agregaría que hay otro argumento que no es menos importante: El sector privado tiene como única finalidad aumentar sus beneficios con lo cual son mas susceptibles de mantener una postura en defensa del interes del cliente.
    Los opositores (mediáticos, económicos, politicos, etc…) utilizan el argumento inverso para suponer que el gobierno adultera los datos en su beneficio (beneficio que es invisible considerando que este conflicto es uno de los pocos argumentos, junto con la inseguridad, que sigue manteniendo la oposición para desprestigiar al gobierno)

  15. Dado el tono de algunos comentarios, que parecen haberse alejado de la temática y objetivos de la nota, el Comité Editorial decidió eliminar aquellos que resulten agraviantes y no aporten a un debate informado de ideas sobre cuestiones relevantes.

  16. Es buena la nota y excelentes sus citas: estoy de acuerdo con las limitaciones a las consultoras privadas, son formadoras de opinión y generan una gran asimetría de información lo que obstaculiza la transparencia del mercado. El INDEC es un tema, pero creo que hay una mediatizacion-política de la cuestión de fondo. Es evidente que muchos números están pisados y eso es un error, a pesar de que ese error, ayudo a planchar deuda indexada por inflación y licuar pasivos que pesaban dentro de recurrentes déficit fiscales.
    Leyendo varios comentarios, yo diría que la gente se maneja por un índice de precios al consumidor de 20 productos. Y la realidad es que hay muchos productos y servicios los cuales medir. Digamos hay un efecto psicológico que es alimentado por medios y oposición. (hablemos de precio de combustibles, electrodomésticos, verduras, transporte, servicios de luz , gas, teléfono, celulares, etc.) Yo creo que desde la devaluación hay un continua reacomodamiento de precios, muchos están atrasados y otros zarpados como el de la carne (pero debido a otros factores explicados desde la oferta). También podemos hablar de la desocupación, de los niveles de indigencia, y de la mortalidad infantil, por ejemplo. Muy lejos estamos de los números del 2001. Yo creo que los embates acá siguen siendo por la hegemonía del poder K. Eso molesta y de ahí una profunda división en las opiniones que cada vez son más marcadas.

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