Tensiones, re- acomodamientos, dispersión de precios: Inflación

Por Daniel Heymann

Más allá de los inverosímiles índices oficiales, las conductas económicas se han venido adaptando ya por varios años a una percepción de incrementos de los precios al consumidor del orden del 20% anual, o más del 1.5% mensual. Las alzas de precios han pasado a formar parte de las inquietudes cotidianas. Sin embargo, prominentes manifestaciones públicas eluden referirse a la inflación por su nombre. La utilización de términos como tensión, re-acomodamiento o dispersión de precios puede verse como un intento de minimizar la cuestión y de asignar un carácter ocasional al fenómeno. Sin embargo, esos eufemismos aluden a elementos constitutivos de un proceso inflacionario. Las tensiones, re-acomodamientos y dispersiones integran el conjunto de hechos típicamente asociados con la inflación, y dan origen a costos sociales. Las interacciones entre inflación y precios relativos están incorporadas concretamente en la memoria de muchas personas a partir de la historia inflacionaria del país, y han generado una nutrida lista de estudios analíticos basados en esa experiencia, por autores como Olivera, Canavese, Frenkel, Dabús, Tommasi y D´Amato. Las siguientes notas discuten rápidamente aspectos generales de las vinculaciones de inflación y precios relativos, y retoman temas tratados en Heymann (1986). En la sección final se comentan características de la situación presente, de manera complementaria a Heymann y Ramos (2011).

Inflación y variabilidad de precios relativos

Más inflación se correlaciona generalmente con mayores movimientos de precios relativos, sea que se analicen cambios período a período o, especialmente, comparando fases con distintos niveles medios de inflación (o “regímenes” de comportamiento). El hecho ha sido registrado en variedad de casos, y particularmente en la Argentina (Helman et al. 1984, Dabús, 2000, Castagnino y D´Amato, 2008).

En cada momento, algunos precios se mueven más rápido que la media, y pueden parecer “responsables” de la inflación. Así, una tendencia inflacionaria persistente se vería como resultado de la acumulación de impactos desde sectores específicos o en subconjuntos limitados de actores. Sin embargo, la imagen generaliza en exceso la acción de efectos que convierten perturbaciones “reales” sobre ciertos precios en variaciones agregadas, e ignora los mecanismos de impulsos y respuestas a través de la economía (en una analogía cotidiana, una calesita de plaza muestra a un observador en el suelo distintos objetos a medida que da sus vueltas, pero es el movimiento de la calesita lo que arrastra al conjunto). Inflaciones como la de la Argentina actual son procesos macroeconómicos, donde se realimentan variaciones de diferentes precios y salarios, demanda agregada y expectativas, y donde las características del proceso inflacionario (velocidad media de incrementos de precios, variabilidad de la inflación, incertidumbres sobre condiciones macroeconómicas futuras) repercuten a su vez en el patrón de cambios en los precios relativos.

Variaciones de “precios flexibles”, precios públicos e inflación

Los aumentos relativos de precios de bienes primarios y de las tarifas públicas tienden a aumentar la tasa de inflación. La evidencia internacional reciente ha mostrado los efectos inflacionarios de los encarecimientos de las materias primas (y las repercusiones sociales cuando se trata de alimentos). En la historia de la inflación argentina, fenómenos como las fluctuaciones de la oferta de carne (el “ciclo ganadero”) y los adelantos o atrasos de tarifas repercutieron sobre el nivel general de precios.

Sin embargo, la experiencia indica que economías de muy distinta configuración pueden mantener tasas de inflación relativamente bajas. Por otro lado, los precios de los bienes primarios dirigidos al mercado interno responden a la demanda agregada y, en ocasiones, los incrementos de sus precios pueden representar “signos anticipados” de presiones macroeconómicas. A su vez, la manera en que se propagan los impulsos de precios relativos, y la difusión y persistencia de los impactos sobre el conjunto de precios dependen de los patrones de conducta de los agentes privados y de las políticas macroeconómicas, asociados con el entorno inflacionario.

Cuando, en los mercados donde los precios se determinan por pre-fijación de los vendedores, los ajustes se realizan infrecuentemente, (lo que se corresponde con bajas tasas de inflación esperada), los efectos agregados de las oscilaciones en los “precios flexibles” pueden limitarse a movimientos reversibles en el nivel de precios. Si, en cambio, los salarios, y los precios “administrados” responden rápidamente ante la suba de los precios al consumidor (con flexibilidad más limitada a las bajas), habría irreversibilidad en los incrementos de los niveles agregados de precios (véase Olivera, 1967). En condiciones donde se han instalado las prácticas, formales o informales, de ajustar precios y salarios usando la inflación pasada, la persistencia se observaría, no ya en los niveles de precios, sino en su velocidad (al margen de la acción de impulsos como los originados desde la demanda, véase por ejemplo Canavese y Heymann, 1989).

Por su parte, el efecto de los precios públicos es potencialmente distinto según sea su rol como coordinadores de ajustes en otros precios (reacciones del tipo “cuando aumentan las tarifas aumenta todo”), lo cual se asocia con la intensidad misma de la inflación. Las subas de tarifas tendrían entonces proporcionalmente más impacto sobre los precios agregados cuanto mayor la inflación de partida.

Así como las características de los mecanismos de propagación cambian según la intensidad de la inflación, ésta incide sobre la formación de precios relativos. Algunos efectos son más o menos mecánicos, y compatibles con inflaciones anticipadas; otros resultan del hecho que, en procesos inflacionarios más intensos, aumenta la variabilidad en el tiempo del incremento de precios, se vuelven más inciertas, y probablemente heterogéneas las expectativas de precios y se acorta el horizonte temporal sobre el cual se sienten capaces de formar previsiones: el que la inflación se “mire” sobre lapsos anuales, mensuales, o sub-mensuales se refleja apreciablemente en los comportamientos.

Ajustes asincrónicos de precios

En inflaciones de baja intensidad, los ajustes de precios están muchas veces espaciados en el tiempo y, pese a las fuerzas que alinean los precios de competidores cercanos, ocurren de manera no simultánea entre sectores y firmas. Esa des- sincronización induce cambios en los precios relativos. Si las frecuencias de ajuste de precios individuales no se modifican de manera continua con la inflación agregada, los módulos de variación cuando se producen revisiones aumentarían con la inflación (en función de los movimientos de los demás precios desde la decisión previa, y de los incrementos esperados durante el período de vigencia del precio fijado ahora). Consecuentemente, la variabilidad de los precios relativos crecería con la inflación. El efecto se diluiría en procesos de alta inestabilidad, al sincronizarse los ajustes de precios: crecería entonces la importancia de mecanismos asociados con la mayor incertidumbre.

Márgenes sobre costos

Si los oferentes prevén que sus precios permanezcan nominalmente constantes durante un tiempo, los valores fijados en cada revisión dependen de expectativas sobre costos y demanda. Al ajustar precios, los márgenes sobre costos presentes serían más altos cuanto mayor la inflación esperada. Por otra parte, en un trabajo inspirado en la economía argentina en su momento, Frenkel (1979) señaló que la incertidumbre sobre costos de reposición induciría la aplicación de márgenes adicionales, como medida de prevención. Esos efectos de las expectativas sobre los márgenes operarían como saltos de una vez cuando se anticipa un “escalón inflacionario”, al margen de la posibilidad de que actúen mecanismos de persistencia inercial o, de “espiralización”, por el impacto sobre los salarios reales.

Variabilidad y heterogeneidad de expectativas

Aunque son concebibles situaciones donde una economía mantiene una tasa de inflación apreciable, pero más o menos constante y previsible, ritmos de inflación más rápidos suelen asociarse con crecientes dificultades para predecir precios (y condiciones macroeconómicas). Una reacción típica es el estrechamiento del horizonte temporal de decisiones y contratos. A la vez, la búsqueda de respuestas a la sucesión de “noticias” que se generan en un proceso inflacionario fuerza a los agentes a procesar información coyuntural que en otras circunstancias se consideraría irrelevante. En esta actividad, es probable que se generen opiniones y expectativas con amplio rango de diversidad. Los comportamientos económicos, y en particular los que influyen en la formación de precios, reflejarían esta heterogeneidad. El “ruido” informativo que emerge en entornos inflacionarios sería entonces un factor de dispersión y de variación en el tiempo de los precios relativos.

Inflación, dispersión de precios y búsqueda

Es usual en entornos inflacionarios, y frente a las discrepancias apreciables entre los precios de los bienes en distintos sitios, que se exhorte a los consumidores a intensificar la búsqueda de precios, especialmente en compras cotidianas. Esas apelaciones no suelen tener respuesta positiva. La “ley de un solo precio” pierde validez, pero no actúa el arbitraje para mantenerla en vigencia.

Algunos diferenciales de precios reflejan propiedades estructurales de los mercados (ej: en una localidad de altos ingresos, los productos son típicamente más caros, aunque no tengan por qué incrementarse a más velocidad). Por otro lado, la inflación desanima incurrir en costos para observar más precios. Cuando un comprador encuentra que un precio ha subido, enfrenta un problema de “extracción de señales”: el incremento puede ser relativo al precio de otros posibles proveedores, o signo de un ajuste generalizado. Cuando el nivel general de precios (relevante) es más volátil, se tienden a percibir las subas como “síntomas de inflación” y, entonces, no inducen búsqueda. El reconocimiento mismo de que un precio específico se ha elevado requiere conservar recuerdo de valores previos. Esta memoria se diluye a medida que las revisiones de precios son más frecuentes. También influyen expectativas acerca del lapso de vigencia de los precios (ver Tommasi, 1994): cuando la información obtenida al relevar ofertas se amortiza rápidamente (porque los precios varían frecuentemente) se reduce el rendimiento de la búsqueda. Esos desincentivos al arbitraje segmentan mercados y, al atenuar la respuesta de la demanda a los precios, facilitan la elevación de los márgenes de comercialización.

Comentarios finales

La Argentina se encuentra lejos de un estado de alta inflación. La evolución de la demanda de dinero, los horizontes y la variabilidad de las expectativas y los patrones de formación de precios no muestran el grado de perturbación de esos casos. Pero también se perciben comportamientos y condiciones propios de procesos inflacionarios instalados, y de un entorno macroeconómico en transición (ver Heymann y Ramos, 2011). La poca confiabilidad de las estadísticas oficiales del IPC contribuye a la incertidumbre; que se las tome en cuenta o no, las estimaciones de los movimientos pasados del nivel general de los precios cubren un rango bastante amplio: discrepancias de varios puntos anuales (que se corresponden con los órdenes de magnitud del valor absoluto de los incrementos en países de baja inflación) son de por sí síntomas de inestabilidad del sistema de precios, atribuible sólo en parte a impulsos originados en el exterior o en mercados específicos.

Las expectativas de inflación sobre períodos del orden del año también parecen heterogéneas. Esto resalta cuando tarifas y tipo de cambio operan como anclas, y su variación a corto plazo no genera mayor incertidumbre (la perspectiva de apreciación real se refleja en particular en tasas de interés sobre depósitos percibidas como ampliamente negativas en términos reales). La observación cotidiana sugiere que los ajustes de precios se han vuelto más frecuentes, lo cual afecta la memoria a efectos de comparación. Las negociaciones salariales incorporan previsiones de inflación considerables y, de manera explícita o implícita, parecen dejar abierta la posibilidad de recontratación según la evolución de los precios (percibidos por las partes). El acortamiento del horizonte temporal marca una complicación de las decisiones económicas, y acrecienta la movilidad de los precios. El hecho mismo de que la inflación, en su forma concreta del deslizamiento de los precios de consumo diario, se haya convertido en un tema de atención corriente, indica que los comportamientos están siendo influidos por ella. La inflación en curso es un hecho macroeconómico, y social, que amerita no ser tomado a la ligera.

Referencias

Canavese, A. y D. Heymann (1989): “Tarifas Públicas y Déficit Fiscal: Compromisos entre Inflación de Corto y Largo Plazo”, Revista de Economía, Abril.

Castagnino, T. y L. D´Amato (2008): “La Relación Inflación- Variabilidad de Precios Relativos: Dependencia del Régimen y Respuesta a Shocks Comunes”, Documento de Trabajo BCRA, 38

Dabús, C. (2000): “Inflationary Regimes and Relative Price Variability: Evidence from Argentina”, Journal of Development Economics, 62(2), pp: 535-547

Frenkel, R. (1979): “Decisiones de Precio en Alta Inflación”, Desarrollo Económico, vol. 19, No 75

Helman, H., D. Roiter y G. Yoguel (1984): “Inflación, Precios Relativos e Inflexibilidad de Precios”, Desarrollo Económico, vol. 24, No 95

Heymann, D. (1986): Tres Ensayos sobre Inflación y Políticas de Estabilización, Santiago de Chile: CEPAL

Heymann, D, y A. Ramos (2011): “Una Transición Inconclusa”, en http://www.colectivoeconomico.org

Olivera; J.H.G. (1967): “Aspectos Dinámicos de la Inflación Estructural”, Desarrollo Económico, vol. 7, No 27

Tommasi, M. (1994): “The Consequences of Price Instability in Search Markets: Towards Understanding the Effects of Inflation”, American Economic Review, 84(5), 1385- 1396

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