¿Qué leemos?: Fault Lines | Raghuram Rajan

Fallas geológicas por Sebastián Katz

Rajan

Fenómenos complejos aborrecen las explicaciones simples o los reduccionismos. Este principio, válido en general, parece particularmente atinado cuando de discutir la genealogía de la reciente crisis financiera global se trata. De manera prácticamente inadvertida por la mayor parte de la profesión, la economía global asistió a su mayor crisis desde la década del treinta -justamente en una etapa en la que el consenso predominante pretendía indicar que, si no estábamos exentos de la ocurrencia de accidentes, al menos teníamos en los progresos de la gestión macroeconómica y en la creciente sofisticación de las finanzas las herramientas necesarias para lidiar casi con cualquier perturbación, por grande que ésta fuese. Pese a ello -y quizás en parte por la autocomplacencia que esa misma percepción tendió a generar- la disrupción financiera amenazó provocar el colapso del edificio económico global. Evitar ese desenlace demandó la mayor intervención coordinada de políticas que recuerde la humanidad.

Desentrañar las causas de tan peculiar y dramático evento –distinguiendo lo que el mismo tuvo de mero accidente, de errores de política o de desarrollo endógeno a la dinámica del sistema- está lejos de ser una tarea sencilla. Sin embargo, tal como ocurrió con la Gran Depresión durante las décadas que siguieron a ese acontecimiento, fueron numerosos los autores que en el último bienio se lanzaron, con diferente fortuna, a la búsqueda de ese Santo Grial. Así desfilaron diferentes argumentos que pusieron el peso, alternativamente, en la codicia y la temeridad de la banca y los financistas, la corrupción de los gobiernos, la miopía de los reguladores o la falta de cautela de los deudores hipotecarios. Algo menos subjetivas, abundaron también las explicaciones que buscaron distinguir, por ejemplo, entre el papel desempeñado por los factores de naturaleza monetaria, los desbalances globales o las tendencias inherentes a la inestabilidad en el sistema financiero global.

La virtud de Fault Lines, el último libro de Raghuram Rajan -ex economista jefe del FMI y profesor distinguido de finanzas de la Universidad de Chicago- es que busca articular de modo coherente muchas de estas diferentes líneas de interpretación de los acontecimientos. Pero antes que depositar la “culpa” en alguno de los actores del drama, Rajan se esfuerza por identificar los incentivos presentes en el funcionamiento del sistema.

Aunque rechaza explícitamente haber hallado la causa del “terremoto” (y, mucho más aún, la receta “única” para prevenir la ocurrencia de un evento similar en el futuro), Rajan apela a la metáfora de las fallas geológicas (fault lines) para señalar la presencia de tres elementos de fragilidad en el sistema financiero global. La primera de esas “fallas” se hallaría en ciertas anomalías de la dinámica de funcionamiento de la economía de EEUU. Según Rajan, se habría verificado allí una interacción perversa entre una creciente desigualdad en la distribución del ingreso y la presión por laxas políticas macroeconómicas y financieras. Las inquietudes de una clase media cuyos ingresos tendieron a estancarse habrían tornado a los liderazgos políticos –demócratas y republicanos por igual- mucho más propensos a ofrecer soluciones “cortoplacistas” a esa problemática. En lugar de invertir en costosas políticas dirigidas a mejorar la calidad del sistema educativo y la oferta de capital humano, la panacea habría estado en facilitar el acceso al crédito, especialmente de los hogares de menores recursos. De este modo, la dinámica de funcionamiento de la economía norteamericana tendría un sesgo decidido hacia el sobreendeudamiento cuyo fundamento de “economía política” sería un patrón de creciente desigualdad.

Verdadera o falsa –ya se verá en el futuro- no puede negarse la originalidad de la tesis. Menos controversial, la segunda de las “fallas” que identifica Rajan se hallaría en la interacción de esta economía deficitaria con la excesiva frugalidad de otros espacios económicos (prominentemente el Asia emergente, liderada por China). Aunque numerosos observadores han destacado el carácter desbalanceado del crecimiento global en la etapa previa a la crisis, Rajan es extremadamente elocuente en demostrar cierta fragilidad de las bases del crecimiento liderado por exportaciones de muchas de las economías en rápido desarrollo reciente.

Un aporte del libro en este punto reside en identificar las razones de economía política que bloquean una solución cooperativa a dicha problemática. Elaborando sobre su paso por el FMI en el período inmediatamente previo a la crisis, Rajan es extremadamente escéptico respecto de los logros que podrían alcanzarse si se continúa descansando en el actual funcionamiento del ámbito multilateral. A diferencia de otras organizaciones (como la OMC), el FMI o el G-20 no pueden “imponer “soluciones y reglas de comportamiento a las diferentes economías nacionales. Operan, por tanto, a través de la persuasión a gobiernos con escasos incentivos –salvo en períodos de crisis- para escuchar sus consejos. Una solución posible sería la cesión de soberanía a una burocracia internacional provista de mayores poderes de influencia. Pero la idea de un “policy maker” a escala global es, por diferentes razones, altamente ilusoria. Antes bien, lo que promueve Rajan es un creciente involucramiento de estas organizaciones en el debate público interno en cada una de las economías, tal como lo han hecho diversas ONG en la cuestión ambiental o en la condonación de deudas a países pobres.

Por último, el choque de placas tectónicas se habría producido por las distorsiones generadas en la interacción entre sistemas financieros con lógicas de funcionamiento bien diferentes (el arm lentgh basado en los mercados de capitales, característico de los países anglosajones y el relationshipbankbased de muchos los países superavitarios), aunque el desarrollo de este argumento es, a nuestro juicio, el menos contundente del libro.

El trabajo de Rajan alcanzó el primer premio como libro de “Negocios” 2010, distinción otorgada por Financial Times y Goldman Sachs y- elemento que lo hace aún más atractivo- viene precedido de cierta polémica. Tal vez se recordará que, en la bonanza que precedió a la crisis, Rajan fue de los pocos académicos del main stream que advirtió sobre los riesgos causados por la innovación financiera[1] y sobre la responsabilidad de la política monetaria en la génesis de la burbuja. La contradicción al “mito Greenspan” le valió en su momento la crítica ácida de varios de sus colegas[2] pero, como a Calvo en otras geografías, le otorgó una gran notoriedad cuando la taba se dio vuelta.

 

[1] Has Financial Development made the World Riskier?, paper presentado en la conferencia de Jackson Hole de 2005. Véase www.kansascityfed.org/publicat/sympos/2005/pdf/rajan2005.pdf

[2] Véase www.kansascityfed.org/publicat/sympos/2005/pdf/GD5_2005.pdf y delong.typepad.com/sdj/2010/…/a-response-to-justin-fox.html

 

 

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2 Respuestas a “¿Qué leemos?: Fault Lines | Raghuram Rajan

  1. Sebastián, muy bueno el resumen del libro. Justo en la última edición de The Economist hay una nota sobre el mismo, con la crítica de Daron Acemoglu a la primera falla:

    Mr Acemoglu argues that the expansion in credit came far too late for Mr Rajan’s hypothesis. The subprime boom began around 2000. Yet those at the bottom of the income distribution were getting hammered by technological change in the 1980s. Since then, the least-skilled workers in America have not become still worse-off, largely because they work in service industries which are hard to automate. Inequality has continued to rise because the rich have done even better; it is those in the middle who have fared relatively poorly. Why would the state try to help the poorest at a time when they were doing better than before?

    También hay comentarios críticos de Edward Glaeser. Saludos,

    martín

    • Sebastían Katz

      Estimado Martín: muchas gracias por la referencia que, como estoy de vacaciones, todavía no había visto. Era medio cantado que la profesión reaccionaria a la provocativa tesis de Rajan para intentar testearla…aunque finalmente la misma resulte eventualmente falsada Rajan puede considerarse satisfecho de haber generado, siguiendo a Hempel, una implicación empíricamente contrastable!!!
      gracias, nuevamente

      saludos, Sebastian Katz

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