¿Estado ausente o Estado fracasado?

Por Sergio Berensztein

Los trágicos eventos ocurridos en Villa Soldati reflejan un fenómeno sistemático y de larga duración que afecta de forma cotidiana la vida de los argentinos y atormenta sobre todo a los más humildes. En efecto, más que una mera ausencia del Estado, se trata del malogrado papel de éste en la provisión de los bienes públicos esenciales: seguridad, justicia, educación, salud, infraestructura básica y cuidado del medio ambiente. Más que una responsabilidad del actual gobierno, e trata de una falencia que la Argentina arrastra desde hace ya varias décadas.

Los bienes públicos constituyen servicios fundamentales para el fomento del desarrollo humano equitativo, solidario, sustentable y se erigen como una responsabilidad inalienable del Estado. Éstos pueden ser administrados por los niveles federal, provincial o local, o incluso implementarse a través de mecanismos de cooperación público-privada para generar mayor dinamismo y transparencia. Lo que resulta inadmisible es ignorar la responsabilidad de proveer los bienes básicos y suponer que el resultado agregado de tomar medidas improvisadas puede resultar beneficioso para el conjunto de la sociedad.

Ninguna sociedad puede siquiera soñar con ser efectivamente inclusiva y democrática si cuenta con un Estado que fracasa de manera sistemática en brindar seguridad a sus ciudadanos; garantizar el acceso y la celeridad de la justicia; construir un piso de ciudadanía mediante mecanismos eficientes de formación de capital humano y capacitación permanente de la fuerza laboral; desarrollar una red de servicios de salud básicos que priorice los esfuerzos preventivos y los grupos de riesgo; asegurar un sistema de infraestructura física que brinde certidumbre y estabilidad en la oferta energética, facilite la movilidad de los factores de producción y asegure la integración del conjunto del territorio nacional; y en establecer criterios fundamentales de control ambiental e incentivos para el desarrollo sustentable (incluyendo la reversión de casos puntuales de gravísima contaminación, como es el caso de la cuenca de los ríos Riachuelo-Matanza).

¿Tiene acaso el Estado argentino un plan estratégico de desarrollo que contemple cuestiones tan esenciales como la ocupación sustentable y equilibrada del territorio nacional, así como una política demográfica y migratoria que evite la pérdida de argentinos formados y competitivos, además de administrar de acuerdo a prioridades claras y revisadas los criterios de selección para todos los hombres y mujeres del mundo que quieran habitar nuestro suelo? Las actitudes xenófobas deben ser repudiadas, sin importar quién sea la víctima circunstancial. Sin embargo, lo mismo debe ocurrir con la inoperancia, la mezquindad y los criterios electoralistas de aquellos políticos que intentan capitalizar las miserias más profundas y las manifestaciones más graves de marginalidad con absurdos objetivos de corto plazo.

Quizás lo más lamentable sea que el fracaso brutal y rotundo del Estado traiga aparejado la neutralización de los esfuerzos puntuales y ejemplares de organizaciones de la sociedad civil, grupos religiosos, proyectos de responsabilidad social empresaria o incluso individuos, que con pasión y entrega se involucran en las zonas y/o en los temas más complejos, para suplir – al menos parcialmente – la ausencia y la apatía de las autoridades supuestamente competentes.

Aunque de distinto alcance y magnitud, los tropiezos cotidianos del Estado tienen algo fundamental en común: mezclan ineficiencia, desidia, corrupción, improvisación, reacciones espasmódicas, falta de diagnósticos correctos y actualizados y la falta de recursos humanos con la ignorancia acerca de los criterios mínimos necesarios para implementar y llevar adelante programas de políticas exitosas, que sí son utilizados en otros países, incluidos nuestros vecinos más próximos.

Para peor, los fracasos del Estado se cristalizan y perpetúan, puesto que permiten que líderes depredadores, personalistas y destructores de capital social controlen a su antojo agencias o áreas claves de la administración y la política pública. De este modo, tanto a nivel federal como provincial y local, e incluso en organismos teóricamente autónomos o descentralizados, son capturados recursos públicos que en la práctica terminan privatizados, sirviendo al interés – ya sea político o económico – de personas particulares, en perjuicio del interés general.

Estos hechos se desarrollan en medio de un clima ideológico particular, en el cual se mezclan “relatos” supuestamente nacionalistas y estatistas, que pretenden reivindicar el papel de “la política”, cuando en la práctica no hacen más que ampliar la brecha de legitimidad entre los ciudadanos y el Estado, así como la desconfianza en las instituciones públicas básicas de una sociedad republicana y democrática.

Dicho escenario explica que la citada acumulación de fracasos estatales tenga lugar en un contexto de gasto público y recaudación tributaria récord. En efecto, la Argentina ostenta un Estado inmenso e inútil, que asfixia a los contribuyentes con una carga fiscal enorme, al tiempo que otorga una contraprestación exigua: un creciente número de ciudadanos argentinos (sobre todo aquellos que soportan un porcentaje mayor de la carga tributaria) deben además abonar los servicios que el Estado no presta (educación, salud, seguridad), o simplemente resignarse a padecer las consecuencias de los fracasos del Estado, como el caso de la infraestructura vial o del total abandono del medio ambiente.

Por ello es que resulta imprescindible evitar de una vez por todas las reacciones puntuales, parciales y espasmódicas ante las crisis, que no son más que puestas en escena para mostrar algún tipo de reacción. Es necesario encontrar una solución de fondo que de a la Argentina la oportunidad de diseñar un modelo de Estado con los recursos institucionales, humanos y tecnológicos para brindar a los ciudadanos los bienes públicos esenciales para el desarrollo humano.

Si realmente queremos construir una sociedad democrática y con igualdad de oportunidades, es clave revertir esta profunda decadencia que experimenta desde hace décadas el país, para poder así aprovechar las magníficas oportunidades que nos presenta el contexto internacional. De este modo se podrá construir un Estado capaz, transparente, eficiente, eficaz y equitativo que sea parte de la solución y no de los problemas que afectan a la Argentina.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s