¿Qué disparó la ocupación de terrenos?

Las ocupaciones de terrenos suburbanos no son un fenómeno nuevo en la Argentina. Pero la escala de la tomas que se iniciaron en el parque Indoamericano y el hecho de tratarse de tierras urbanas de un espacio público de cierto valor (a diferencia de los terrenos degradados, como las cavas, que dieron lugar a muchos grandes asentamientos en la región metropolitana) han dado una dimensión impactante al evento. Sin duda hay mucho para discutir sobre esos hechos. Una gran parte de los debates recientes se concentró sobre una variedad amplia de temas estructurales subyacentes que son innegables. Sin duda, los episodios muestran que el déficit urbano-ambiental es prioritario en el tema de provisión de infraestructura. Para algunos, lo que hemos visto se deriva de una asignación política del gasto en infraestructura urbano ambiental que castigó a la Ciudad de Buenos Aires (CABA), junto a otras provincias opositoras. Para otros, es consecuencia de las dificultades de la CABA para balancear razonablemente el gasto en infraestructura y, específicamente, de la baja prioridad asignada a resolver los problemas edilicios de las escuelas y el faltante de viviendas populares. Según otros argumentos, el episodio en general es una re- edición de un recurrente tema argentino de “instituciones versus discrecionalidad”, en que las vías de hecho se sobreponen a las normas. Según algunos, desnuda las consecuencias de la renuencia a debatir y diseñar una política explícita y racional para regular mejor las condiciones (incluyendo los subsidios al combate a la pobreza y la provisión de bienes sociales) para adaptar y aprovechar los flujos migratorios que han ocurrido e, inevitablemente, seguirán ocurriendo en el área metropolitana. Hay quienes para los cuales se trata de un fenómeno promovido y coordinado por grupos de interés, político o económico, en el cual  las personas en busca de viviendas serían instrumentos manipulados para otros propósitos.

Desovillar la madeja de causas y motivaciones de un hecho social de esa naturaleza no puede tomarse como tarea sencilla. En todo caso, cuatro economistas,[1] reunidos de casualidad al poco tiempo del evento, no pudimos evitar que saliera el tema y viramos enseguida a hacernos preguntas en busca de determinantes “algo más inmediatos” que los factores estructurales de larga data, y “algo más fundamentales”  que una intencionalidad política de surgimiento súbito. ¿Por qué ocurrió ahora, cuando los elementos estructurales ya existían desde hace mucho?¿Qué elementos económicos coyunturales pueden haber sido disparadores del episodio? ¿Por qué ocurre en medio de un boom económico? ¿Podemos pensar en explicaciones no conspirativas o manipulativas del fenómeno? Ahí apareció en escena nuestro inevitable sesgo hacia tratar de identificar comportamientos en los que actúan incentivos económicos, y señales de precios en mercados formales o informales  (después de todo, las usurpaciones expresan una demanda o necesidad reprimida por bienes económicos).  Eso, por supuesto, con un debido respeto hacia aspectos de características más amplias que no pueden ser obviados.

Encontramos que, -sin grandes pretensiones y casi cumpliendo con el dictum de que tiene que haber tantas (o más!) explicaciones como economistas-, podíamos vislumbrar cuatro hipótesis, que cada uno de nosotros estaba enfatizando de diferentes maneras desde su óptica particular. Entonces decidimos ponerlas arriba de la mesa y hacer un examen cruzado e interactivo de las mismas.  Las cuatro hipótesis son las siguientes.

  1. La primera atribuye un rol importante a la inflación, en particular a la suba de los precios de los alimentos. Los pobres tienen una canasta de consumo en la que alimentación y vivienda tienen especial peso dentro del gasto (ver por ejemplo Ley (2005))  Un encarecimiento de los alimentos causa un efecto ingreso negativo (deja menos para gastar en otros bienes, y en alquileres en particular). Así, la capacidad de pago de los inquilinos en las villas se habría visto reducida, lo que podría haber reforzado el incentivo a apropiarse de terrenos no ocupados por viviendas, y contribuido a impulsar la participación en tomas.[2] Esta explicación se basa en los cambios de precios relativos distributivamente no neutrales asociados con la inflación reciente, y se corresponde con la caída del salario real de los trabajadores informales, si se deflacta por la inflación de alimentos medida por ejemplo por FIEL (de 9% desde comienzos de año). Sin embargo, el orden de magnitud de esa disminución no llegó a asemejarse al observado en episodios de grandes crisis. Por otro lado, caídas del poder adquisitivo deberían haber ocasionado una presión a la baja en el precio de los alquileres en las villas, o bien menores tasas de ocupación de viviendas, cuando la evidencia casual apunta en sentido contrario.
  2. La segunda hipótesis es que eclosionó un desajuste severo en el “mercado” (segmentado) de arrendamientos de viviendas y piezas en las villas. En esta hipótesis, vino ocurriendo un incremento de la demanda por viviendas (que tiende a elevar el precio de los alquileres, y descoloca a ciertos grupos de familias, cuyos ingresos rezagan, dejándolos fuera de la competencia por los lugares existentes.  Ahora bien: ¿Qué puede elevar el precio de los alquileres en las villas? Sabemos poco (nosotros) sobre cómo funciona este mercado. En principio, los motivos podrían encontrarse en efectos acumulados del crecimiento demográfico, en el influjo de ingresantes provenientes de otros sitios del país o del exterior, o en aumentos en los ingresos de algunos conjuntos de habitantes de las villas. En todo caso, parece difícil invocar incrementos generalizados de ingresos, por las razones mencionadas en el punto anterior, y porque, en ese caso, alquileres más altos habrían sido “pagables” por la mayoría. Tal vez, aunque no tenemos datos para afirmarlo, haya habido una mayor heterogeneidad de ingresos dentro de las villas. Un efecto que resulta plausible es una interacción entre el agotamiento de terrenos y viviendas y un mayor número de personas deseosas de habitarlos. Casi  todas las referencias verbales que se han leído o visto en los medios tocan inexorablemente el tema de alquileres. Pero la identificación precisa de los mecanismos y comportamientos relevantes en la práctica está limitada por la escasez de evidencia robusta que tenemos (en su mayor parte casual o de encuestas de base no estadística) sobre la dinámica de cantidades y precios en el mercado de viviendas y arrendamientos en las villas o barrios pobres.[3].
  3. La tercera hipótesis se basa en efectos de expectativas potencialmente generados por el anuncio reciente por parte del gobierno de la CABA sobre la intención de otorgar  títulos a las propiedades en las villas, con la contrapartida de que los ahora propietarios formales asumieran las consiguientes obligaciones tributarias. ¿Puede esta señal haber contribuido a la corrida? El argumento asociaría ese efecto a un  “señalamiento” de que la creación de una villa llevaría a la obtención de derechos de propiedad, lo que coordinaría nuevas ocupaciones. Por otra parte, la perspectiva de titularización podría haber abierto un conflicto entre los “propietarios” informales y los inquilinos, respecto de quiénes serían favorecidos por la titularización, con la consecuencia de perturbar el mercado de alquileres. Un  problema observacional con la hipótesis es que la ola de ocupaciones se ha extendido a distritos en donde no hay anuncio de titularización de viviendas en las villas, si bien este movimiento puede ser resultado de efectos de imitación inducidos por las tomas iniciales.
  4. La cuarta hipótesis se distancia de las anteriores en cuanto a los efectos de los precios de las viviendas y apunta más directamente a una ola de demanda por subsidios. La evidencia disponible, según este argumento, es que  bastante gente de las villas que fueron a ocupar, manifestaron que lo hicieron no porque no tienen casa,[4] sino porque se difundió el rumor de que se daría un subsidio. En esta explicación, la señal del gobierno de que se iban a cortar los subsidios fue crucial para desconcentrar rápidamente el parque Indoamericano. Nuevamente, un problema observacional con esta hipótesis es que se aplica a lo que vimos en el parque, pero no a la ocupación de otros predios en Capital y la zona sur el conurbano, si bien podría contra argumentarse que los que desalojaron el parque ya recibían subsidios y tenían que perder mientras que los otros manifiestan que no los recibieron aún.

Estas cuatro hipótesis, como se dijo al comienzo, no agotan otras explicaciones ni pretenden ignorar la operación de factores estructurales. De hecho, los efectos mencionados  estarían actuando en el contexto de tendencias que vienen desde años atrás. Sin embargo, nos parece que los procesos económicos asociados con las tomas merecen ser examinados, porque hacen a las razones de fenómenos tan salientes como los que hemos visto, y también a los problemas concretos subyacentes, y a las políticas que, más allá de lo inmediato, contribuirían a irlos superando. Quedaría una tarea de tomar estas hipótesis, u otras que se especifique, y contrastarlas con datos robustos, a efectos de desgranar con cuidado los canales por los cuales irrumpió dramáticamente el desequilibrio urbano.

Referencias

Adaszko D. y A. Salvia (20010), “Déficit de Acceso a Servicios Públicos Domiciliarios y de Infraestructura Urbana: situación habitacional en la Argentina urbana (2004-2009”, Observatorio de la Deuda Social Argentina, UCA, Octubre.

Ley E. (2005),“Whose Inflation? A Characterization of the CPI Plutocratic-Democratic Gap,” Oxford Economic Papers (2005),57: 637–646.

[1] José María Fanelli, Pablo Gerchunoff, Daniel Heymann y Fernando Navajas.

[2] En una nota publicada en La Nación, titulada “Villa Soldati desmiente al INDEC” (http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1334680) Victor Beker suscribe esta hipótesis y cita la frase de un participante en la toma al parque que sostiene que: Cuando se dispararon los precios en los supermercados y nos quedamos sin plata para pagar los alquileres, no nos quedó otra”

[3] Según Adaszko y Salvia (2010), que elaboran sobre la encuesta de deuda social de la UCA, … “el proceso inflacionario tuvo un impacto regresivo por cuanto, a pesar de que entre 2007 y 2009 se produjo un incremento del 62.1% en el precio promedio de los alquileres, en las villas y asentamientos el aumento llegó al 97.4%, mientras que en las zonas con trazado urbano de clase media ascendió al 51.5%.

[4] En el mismo informe de Adaszko y Salvia (2010), se reconoce que … ”En el caso de las villas y asentamientos el porcentaje de propietarios de sus viviendas es sensiblemente más bajo que en las zonas con trazado urbano. En 2009 sólo el 46% era propietario de la vivienda que habitaba y el 46.1% era ocupante o presentaba distintas formas de tenencia irregular, mientras que sólo el 7.9% la alquilaba”. Este último valor puede que se esté refiriendo sólo a alquileres formales, mientras que dentro del 46.1% anterior pueden esconderse modos informales de alquiler. La frase “tenencia irregular” es llamativa también en cuanto a las consecuencias de la titularización sobre el equilibrio del mercado de viviendas en las villas.


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4 Respuestas a “¿Qué disparó la ocupación de terrenos?

  1. Miguel Angel Labiano

    Ocupación del parque Indoamericano, una oportunidad para la política

    La visión de estos hechos dantescos, de grupos de gente que de manera anárquica o planificada invaden lugares con el fin de obtener una vivienda, debe servir para que la política de una manera conciente y responsable distinga las causas de estos fenómenos y proponga soluciones de largo plazo. Me permito reiterar conceptos que entiendo contribuyen a la generación de estas explosiones sociales, creo y a manera de contribuir a la discusión, analizar algunos factores básicos que pueden generar estos fenómenos:

    1- Las sociedades modernas construyen grandes volúmenes de viviendas: para ello es imprescindible la existencia de créditos de largo plazo. La piedra fundamental para que haya créditos hipotecarios en abundancia es tener un país con seguridad jurídica (que el gobierno respete las leyes), cuando hay seguridad jurídica se genera ahorro y crédito de largo plazo. La Argentina tiene una fuerte tradición de violar las leyes por parte de los gobiernos, creo que el título de la pesificación asimétrica del 2001-2002 es “Cuando los padres le robaron la casa a sus hijos”, pues el beneficio momentáneo de aliviar el peso de las deudas, violando las leyes, significó un duro golpe a la credibilidad anunciando la ausencia de futuras viviendas.

    2- El fruto de sabor anárquico de grandes masas de trabajadores en negro: se debería analizar la legislación laboral e impositiva del país que arroja a grandes sectores sociales a funcionar al margen del orden jurídico .Los partidos políticos deberían analizar si la legislación de este país contiene y comprende las necesidades de su población, pues ese submundo de trabajo en negro es el más despiadado y cruento para sus integrantes, al cual el Estado se hace el distraído o en el mejor de los casos utiliza para la distribución de fondos sin cambios estructurales.

    3- Reformas políticas de loteos y viviendas: en ello dos puntos básicos
    a-Simplificar exigencias en la aprobación de loteos para ciudadanos de bajos recursos que suplan la formación de villas inestables.
    b-. Copiar políticas exitosas de vivienda como se utiliza desde hace décadas en Chile donde el Estado sólo subsidia el 20% del valor de la vivienda en asignaciones individuales, y éstas son construidas por empresas privadas a su propio riesgo. Entiendo que este sistema no sea de tan simple aplicación en Argentina pero por lo menos deberíamos discutirlo. Si esto fuera factible el Estado podría ayudar a quintuplicar con la misma masa de dinero la oferta inicial de viviendas.

    Discutir temas que hacen al bien común previo al desarrollo de acontecimientos como los vividos nos evitarían dolores irreparables de vidas humanas y nos permitiría vivir en una sociedad más armónica.

  2. Javier Lindenboim

    El flujo de factores económicos y la política – Nota publicada el domingo en PERFIL

    Una de las cuestiones más famosas de la teoría económica neoclásica se relaciona con el requisito del libre flujo de los factores para el logro del ansiado equilibrio general.
    Sin embargo, es bien conocido que existen impedimentos a ese “libre flujo”que no surgen de la naturaleza de las cosas sino de decisiones en materia política, inseparables de concepciones ideológicas o genéricamente culturales. Muchos países, por caso la mayoría de los europeos, tienen establecidas restricciones expresas y criterios selectivos para la admisión de migrantes provenientes del hemisferio sur, sea de países africanos o latinoamericanos. Y esto ocurre aún con independencia de que las tasas de crecimiento vegetativo de esos países los pone en riesgo de iniciar un proceso de disminución absoluta de su población.
    Los profundos cambios registrados en el último siglo en Argentina en la distribución territorial derivan en parte de las sucesivas oleadas inmigratorias (europeas y de países limítrofes) y en parte de movimientos propios de nuestros connacionales. Los movimientos internacionales y los internos tienen, por lo general, una profunda raíz económica en uno o en ambos de los puntos del derrotero de los migrantes: condiciones desfavorables, a veces dramáticas, en sus lugares de origen, por un lado; condiciones propicias o, al menos, la creencia de su existencia, en el lugar de destino.
    No existe sociedad que pueda permanecer indiferente a tales tensiones. Ello explica, entre otras razones, que casi todos los países establezcan criterios propios en la materia. Hacerlo, per se, no necesariamente habla de un pensamiento xenófobo. Más bien esa ideología se encuentra al interior de la sociedad misma y se puede expresar en la vida cotidiano y/o en manifestaciones expresas de dirigentes políticos o sociales. Los criterios igualitarios y democráticos rechazan tales posturas, por cierto.
    En América Latina existen varios casos de mecanismos de aceptación del ingreso no transitorio a los que no sería fácil catalogar como segregacionistas. En todo caso son compatibles con criterios para controlar el ingreso de capitales.
    Lo que no debería generar dudas es que la invasión del Parque Indoamericano no debiera inscribirse –en principio- en este tipo de problemática aún cuando ostensiblemente haya participado un conjunto importante de personas llegadas de otras nacionalidades. Digamos de paso que si la Ciudad de Buenos Aires ha mantenido durante décadas una población en torno de los tres millones de habitantes, en el marco de una población notoriamente envejecida, ha sido gracias al flujo de inmigrantes, hayan sido ellos nativos o extranjeros.
    Menos aún se debería creer que es un fenómeno social que alude “sólo” a la ciudad capital de la Argentina, como los hechos ulteriores se encargaron de mostrar.
    En cualquier caso, y habida cuenta de las dificultades que históricamente hemos tenido en el país para el conocimiento en profundidad del fenómeno migratorio -agravado en los años recientes por el descreimiento generalizado en las estadísticas públicas-, nunca fue posible sostener razonablemente el argumento de que los problemas del mercado de trabajo (aún en los momentos de mayores tasas de desempleo) se explicaran por el volumen de los contingentes inmigratorios. Se puede recordar, desafortunadamente, ocasiones en que distintos organismos sindicales llegaron a expresar posiciones retrógradas al afirmar que trabajadores de otras nacionalidades estarían “quitándoles” los pocos puestos disponibles a los argentinos. Dicho esto, no está de más recordar que por lo general los inmigrantes suelen ingresar al mercado laboral (no sólo en Argentina) por los trabajos menos “deseados” y habitualmente peor pagos: trabajo doméstico para las mujeres; la construcción para los varones.
    Si hace décadas se ha escrito que Argentina tiene un déficit habitacional medido en millones de unidades, no puede resultar extraño que la demanda de viviendas decorosas y accesibles sea por compra o alquiler haya estado en el meollo de las ocupaciones de terrenos. Dicho en estos términos, parece ingenuo imputar centralmente al gobierno municipal y, aún, al gobierno nacional habida cuenta de que el tiempo de ejercicio de uno u otro (tres y siete años y medio) es escaso en términos de la dimensión temporal de aquel déficit.
    No obstante todo lo antedicho, subsiste la necesidad de debatir sin chicanas cómo una sociedad -al interior de sí misma y en relación con el mundo exterior- debe proveer la satisfacción de necesidades individuales de satisfacción social: la salud, la educación, etc. En Argentina, una vez que se descentralizaron los servicios educativos y de salud, se generaron condiciones de desigualdad en las prestaciones y/o en el acceso a las mismas que no pueden ser obviadas al momento de buscar soluciones efectivas. Muchas veces se esgrimen argumentos presuntamente antidiscriminatorios para encubrir las debilidades en la cobertura de la prestación en la propia jurisdicción.
    Las necesidades habitacionales y otras derivadas de la perduración de la pobreza pese al crecimiento económico de los años recientes requieren fuertes intervenciones estatales, en particular en el plano nacional que es en el que se dirimen las políticas de mayor alcance y relevancia. No se trata de justificar, en modo alguno, la lógica de la irrupción violenta como mecanismo resolutorio. En cambio la acción focalizada en el “reparto de la torta” (distribución antes que redistribución) puede iluminar mejor el sendero.

  3. La hipótesis 2 es la más factible. Diferentes reportes hacen alusión un aumento de habitantes en villas. Las consecuencias de este presunto aumento ha sido en algunas una construcción en altura. Pero todo apunta a que la norma ha sido a mayor hacinamiento, y mayor demanda por las viviendas previamente construídas, ante las restricciones a la ampliación espacial de los asentamientos. O sea que las ocupaciones lo que pretenden hacer es remover los obstáculos para esa ampliación espacial. En la clase media hay un flujo expulsivo hacia el conurbano, parece que en los marginados hay un flujo inverso.

  4. Mauricio (que no es Macri)

    Desde mi punto de vista el enfoque de coordinación creo que es correcto. Podría pensarse en forma análoga a una corrida bancaria. Motivo: fundamentals y coordinaciones de expectativas. Desde este enfoque las hipótesis presentadas arriba no son mutuamente excluyentes sino que algunas forman parte de los “fundamentals” de la crisis y otras de la “coordinacion de expectativas”. Otro punto importante, como muestran algunos estudios de frontera sobre expectativas (Ver Allen, Morris y Shin, 2003) los agentes son sumamente sensibles a la información pública. Si quiero que “ayudar” a la coordinación (en este caso Pareto inferior) en el “equilibrio” de la toma, no habría mejor cosa que poner todas las cámaras de televisión a generar “información pública” sobre el equilibrio. No soy Kirchnerista ni estoy en contra del trabajo de los medios, pero creo que es así como funciona.

    Por lo menos, así, lo veo, yo (sic Guillermo Nimo).

    Feliz año nuevo!

    Pd: si escriben un paper con lo que dije, espero ver la cita jeje!

    Allen, F.,Morris, S., Shin, H.S.(2003), “Beaty contest. Bubles and iterated expectations in asset markets”.

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