Por Fernando Navajas*
En una nota reciente fechamos la entrada plena en un régimen de atraso cambiario a mediados de 2011, cuando la devaluación brasileña cerró un ciclo de relativa estabilidad en el tipo de cambio bilateral que se había mantenido desde mediados de 2009 gracias a que la apreciación nominal del real compensaba el diferencial de tasas de inflación entre los países. Para ponerlo en criollo: nuestra inflación salarial o de costos en dólares que llevaba a volvernos cada vez más caros en dólares era compensada porque no nos encarecíamos en relación con nuestro principal socio comercial.
La Argentina perdió la oportunidad el año pasado de mantener un tipo de cambio alineado con Brasil, porque no quiso o no supo cómo resolver el difícil dilema de acelerar la tasa de devaluación nominal y hacer caer la tasa de inflación al mismo tiempo. Sigue leyendo








