Por Eduardo Corso y Sebastián Katz
En la primera década del nuevo siglo la dinámica de funcionamiento macroeconómico de nuestra región experimentó un cambio notorio. Típicamente propensas a generar episodios de gran volatilidad que afectaron negativamente su desempeño de largo plazo, las economías de la región parecieran haber recuperado durante el reciente decenio una trayectoria de crecimiento apreciable en un entorno de relativa estabilidad (véase cuadro 1). Quizás por primera vez en mucho tiempo, las autoridades estuvieron en condiciones de desplegar herramientas de política contracíclica y sobrellevar sin sobresaltos mayúsculos un evento disruptivo de gran envergadura como la reciente crisis financiera global. Luego del episodio, en la mayoría de los países, la actividad se ha recuperado a un ritmo vertiginoso. Pese a cierto escepticismo de algunos observadores en la fase de auge previa la crisis (BID, 2008), podría afirmarse que la región superó exitosamente un test exigente. Sigue leyendo


