Por Emiliano Basco, Tomás Castagnino y Laura D’Amato [1]
En el transcurso de las últimas dos décadas, en las que se lograron reducciones “permanentes” de la inflación de tendencia y la volatilidad del producto,[2] primero en los países industriales y más adelante las economías en desarrollo, se instaló un consenso en torno a que la regulación del ciclo económico y la estabilidad de precios debería recaer casi exclusivamente en la Política Monetaria.[3] La crisis financiera internacional dejó en evidencia algunos de los límites que enfrenta y puso nuevamente en primera plana viejas cuestiones asociadas a la efectividad de política fiscal que habían quedado a un costado tanto en los debates académicos como en el quehacer de la política macroeconómica. ¿Puede la política fiscal hacerse cargo de la moderación del ciclo económico y la estabilidad de precios? ¿Bajo cualquier circunstancia? ¿Es conveniente? Y para un país en desarrollo, ¿qué?
No podríamos decir nunca que los economistas sabemos todo lo necesario para dar una respuesta definitiva a esas preguntas, pero sí que sabemos unas cuantas cosas. La literatura teórica y empírica sobre el tema nos provee de una batería de resultados y evidencia que nos dejan cerca de las respuestas a esos interrogantes. Describamos, entonces, lo que sabemos. Sigue leyendo



