El Proceso Inflacionario Argentino: Transición y Después

Por Carlos Dabús *

 El actual proceso inflacionario argentino constituye un desafío en términos de definir sus características y mecanismos y a partir de ahí determinar posibles cursos de acción de política económica. Contextuar el caso puede ayudar a delimitar el problema y los eventuales riesgos derivados del mismo. En relación a las causas genéricas de la inflación, se reconoce en la literatura que los factores que provocan el crecimiento sostenido de los precios pueden ser muy diversos, y no necesariamente excluyentes entre sí. Estos incluyen a los impulsos de carácter monetario-fiscal, los empujes de costos contemplados por teorías tradicionales, así como mecanismos de indexación, de ajustes de precios relativos de expectativas. En todo caso, sin necesidad de ajustarse estrictamente al postulado de Friedman (1968) de que “la inflación es en todo momento y lugar un fenómeno monetario”, en el caso argentino de los últimos años parece haber un significativo componente de tipo monetario, aunque fuera como factor de convalidación de las subas de precios. En los hechos el crecimiento de los recursos monetarios ha sido muy considerable desde que se inició la fase expansiva luego de la crisis. Por ejemplo, entre 2003 y 2010 los recursos monetarios en poder del público (M1) se han expandido el 627%, mientras que el PBI, medido en precios constantes de 1993, lo ha hecho el 65%.[1]

Para definir un marco de referencia a efectos de contextuar el tema, se puede tratar de ubicar el proceso en curso dentro de alguna taxonomía de regímenes inflacionarios, sea a partir de la experiencia histórica de la propia economía, sea en términos relativos al contexto internacional, y en particular a la de los países de la región. Respecto de la categorización de los procesos inflacionarios, es posible utilizar criterios de tipo numérico, o de naturaleza conductual, como el que enfatiza la amplitud de los horizontes temporales típicos en las decisiones de los agentes en cuanto a la formación de precios o la toma de compromisos definidos en términos nominales (Leijonhufvud (1990); Heymann y Leijonhufvud (1995)).

En una comparación histórica de tipo numérico, según la clasificación de Dabús (2000), una inflación de una magnitud mensual que promedia cerca de 2% se encuentra en un rango intermedio entre la inflación moderada y un proceso más agudo. Desde el punto de vista del comportamiento de los agentes, un trabajo reciente (Observatorio PYME, 2011) encuentra que las empresas industriales pequeñas y medianas redefinen típicamente sus precios en plazos de uno a tres meses, y perciben que la incertidumbre asociada con la inflación influyen sobre sus decisiones.

 Gráfico 1. Evolución de la inflación (IPC) en Argentina: 1960-2010

En una perspectiva de largo plazo respecto de la evolución de la inflación en el país, la situación actual puede sugerir similitudes con lo observado a principios de los años´70, como se puede apreciar en el gráfico 1. Aunque no cabe establecer un paralelismo estricto entre ambos casos, parece haber lugar para ciertas analogías, dadas por la existencia de un “escalón inflacionario” superior al periodo precedente; por otro lado, en ambos casos la economía parecía no encontrarse en un “estado estacionario” en cuanto a la inflación.

En ese sentido, en los años 70 se desembocó en un estadio de alta inflación. Actualmente, se cuenta con mayores márgenes de maniobra por parte de los hacedores de política económica para evitar desbordes. Entre ellos se encuentran un contexto externo favorable y una situación local que, si se acompaña con prudencia en la política monetaria y fiscal (la que se traduciría en una expansión moderada de los agregados monetarios) permitiría ir enfrentando la corrección de las presiones inflacionarias sin la necesidad de enfrentar costos aún mayores. Sin embargo, la apreciación cambiaria en un contexto de fuerte expansión de la demanda es una señal de alerta sobre una potencial acumulación de desequilibrios.

Tabla 1. Inflación Anual en Argentina y Latinoamérica (2001-2010) 

Fuente: para Argentina se toma como fuente el INDEC hasta 2006, y las estadísticas de la provincia de Santa Fe de 2007 en adelante (lo mismo es válido para el gráfico 1 presentado más abajo). Los datos de Latinoamérica corresponden a las estadísticas de CEPAL.

La segunda alternativa para situar o caracterizar el actual proceso inflacionario argentino del país es considerarlo dentro del contexto de los países de la región. En particular, si se consideran los niveles de inflación vigentes, por ejemplo, se observa que en los últimos años la inflación en Argentina es significativamente superior al promedio de la América Latina en su conjunto. De hecho, como muestra la tabla 1, la evolución de la inflación de nuestro país con respecto a los países de la región se empieza a diferenciar progresivamente desde mediados de la década pasada. Más precisamente, como se observa en la última columna de dicha tabla, la inflación promedio de la economía argentina para el periodo 2007-2010 triplicó al correspondiente al nivel de Latinoamérica. Por tanto, se puede inferir que, en términos relativos a los países vecinos, la situación actual de Argentina es comparativamente alta con respecto al contexto regional.

En síntesis, el actual proceso inflacionario argentino parece constituir una especie de “régimen de transición”, ubicándose el mismo en niveles significativamente elevados en el actual contexto internacional, así como en relación al periodo inmediato anterior comprendido entre los años 2004-2006. Por tanto, esta situación amerita considerar los eventuales riesgos y costos asociados a los posibles cursos de acción. Para simplificar, se puede decir que existen en el corto y mediano plazo dos alternativas: enfrentar el problema y combatir la inflación o no hacerlo. En el primer caso, si se prioriza la estabilización, se presenta el dilema de cómo lograrlo sin afrontar una desinflación recesiva, o en el mejor de los casos de cómo conseguir una significativa reducción de la inflación sin provocar una fuerte desaceleración del crecimiento. Por el contrario, si no se prioriza la reducción de la inflación, se presentan al menos dos factores de riesgo no triviales, y relacionados entre sí. Uno es la progresiva acumulación de desequilibrios, y en particular el de aquellas variables utilizadas como “anclas nominales implícitas”: el tipo de cambio y las tarifas. Claramente, a cierto nivel de atraso cambiario y tarifario surgiría la necesidad de ajustar dichas variables. Llegado este punto, se presentaría el segundo riesgo: en una economía con mecanismos de indexación, sería difícil evitar que dichos ajustes deriven en una espiralización del proceso inflacionario. Se plantea entonces un problema adicional, que consiste en que dicho proceso pueda recrudecer al punto en que la tasa inflación supere cierto nivel “umbral”, a partir del cual se genere la huida del dinero. A esto le seguiría el consecuentemente proceso de desmonetización de la economía, hecho que contribuiría aún más a agravar el problema. Por tanto, el desafío es claro, máxime si se consideran los costos asociados a todo proceso inflacionario.[2]

Afortunadamente no están presentes hoy los impulsos propios de los estadios de alta inflación, y los agentes parecen tener una memoria inflacionaria por ahora diluida. No obstante, ambos factores se pueden revertir si las tendencias inflacionarias actuales se mantienen al punto de provocar desequilibrios que induzcan correcciones de magnitud tal que se conviertan en un factor de aceleración hacia una mayor inflación. Dada la historia de instabilidad de la economía argentina, parece conveniente evitar el riesgo de acercarse a tal tipo de situación. Cuanto antes se tomen las medidas correctivas en mayor medida se está a tiempo de solucionar el problema.

Referencias

Buscaglia, Adolfo (1981): Inflación y Declinación Económica, Academia Nacional de Ciencias, Buenos Aires.

Dabús, Carlos (2000): Inflationary Regimes and Relative Price Variability: Evidence from Argentina, Journal of Development Economics, 62, 535-547.

Dabús, Carlos, Caraballo Pou, María Angeles and Caramuta, Diego (2009): “Price Behaviour at High Inflation”, “Inflation: Causes and Effects, Control and Prediction” Nova Science Publishers, Leon V. Schwartz.

Friedman, Milton (1968): The Role of Monetary Policy. American Economic Review, 58, 1-17.

Heymann, Daniel (2011): Tensiones, Re-acomodamientos, Dispersión de Precios: Inflación. Colectivo Económico, Universidad de Buenos Aires.

Heymann, Daniel and Leijonhufvud, Axel (1995): High Inflation, Oxford University Press, Oxford.

Leijonhufvud, Axel (1984): Costs and Consequences of Inflation, en G. Harcourt (comp.) The Microfundations of Macroeconomics, Westview Press, Boulder.

Leijonhufvud, Axel (1990): Extreme Monetary Instability, mimeo de la Conferencia presentada

en la Universidad de Honeheim.

Observatorio PYME (2011): “Perspectivas de Crecimiento, Productivo de las PYMES Industriales en 2011”

Tommasi, Mariano (1993): Inflation and Relative Prices: Evidence from Argentina, en E. Sheshinski and Y. Weiss (1993) (Eds.), Optimal Pricing, Inflation and Cost of Price Adjustment, (487-513). Cambridge (Mass.): MIT Press.


* Universidad Nacional del Sur.

[1] Fuentes: BCRA e INDEC, respectivamente.

[2] Es sabido que existe una vastísima literatura que documenta que la inflación es costosa. Desde Buscaglia (1981), Leijonhufvud (1981), Tommasi (1993), y más recientemente Dabús et al (2009), y Heymann (2011), entre otros, analizan los costos de la inflación, tanto en términos de su impacto distorsivo sobre el sistema de precios, como sus efectos negativos sobre el crecimiento a largo plazo.

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4 Respuestas a “El Proceso Inflacionario Argentino: Transición y Después

  1. Una pregunta. ¿Por qué utilizaron las estadísticas del INDEC hasta 2006 y la de Santa Fe a partir de ahi?

    • porque el INDEC empezó a adulterar los índices a partir del 2007, por lo que no sería lo óptimo hacer un análisis de inflación teniendo en cuenta números falsos

  2. Relean y piensen el siguiente enunciado:

    “Uno es la progresiva acumulación de desequilibrios, y en particular el de aquellas variables utilizadas como “anclas nominales implícitas”: el tipo de cambio y las tarifas. Claramente, a cierto nivel de atraso cambiario y tarifario surgiría la necesidad de ajustar dichas variables.”

    ¿Me explican porqué hablan de ancla cambiaria o de atraso cambiario? Lo dice la mayoría de los economistas pero nadie me lo explica cuando digo que el BC hace fuerza justamente en la dirección de devaluar el peso, lo cual es en el otro sentido. No hay ancla de nada en el tipo de cambio, justamente todo lo contrario.

    Desde mi punto de vista las autoridades nacionales cometen el error de creer (como muchos de Uds) que una moneda devaluada se consigue con la sola compra de divisas por parte del Central. De lo contrario señores, muchos país con problemas lo harían también y así fácilmente ganarían “competitividad”. Hace falta mas que eso, pero no voy a entrar en detalles, lo que sí les afirmo que acá no hay ancla cambiaria, sino justamente lo contrario.

    Cuando el dólar se quiera disparar en forma sostenida (al igual que el resto de los bienes y servicios, o incluso debería ser a un ritmo mayor para provocar una devaluación real) y el Central lo quiera mantener con ventas, ahí si pueden hablar de ancla cambiaria, pero no es lo que sucede actualmente. Hoy en día nos estamos apreciando como muchos otros pero por la vía no tradicional, que le da la “ventaja” al gobierno de hacerse de los dólares que entran y no tener que pedir prestado o en su defecto corregir sus erogaciones.

    Lamentablemente se pierde de vista que el desarrollo no vendrá a esta país desde afuera, sino desde adentro, a fuerza de ahorro interno, pero el gobierno no parece tener en estos momentos intenciones de promoverlo.

    Saludos

  3. Pingback: Inflacion Argentina: Causas y como lo solucionarias - Page 86 - Comunidad de Inversores y Emprendedores

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