Por Federico Sturzenegger*
Hace unos años, un señor de más de 80 años, trabajando en soledad en un campo gasífero de Pennsylvania, logró lo que no habían podido los gigantes Shell y Exxon: descifrar los misterios de formaciones rocosas shale, lo que permitió la explotación de gas no convencional. Durante diez años sus esfuerzos lo llevaron por los campos de la fractura hidráulica y la bioquímica antes de dar con un proceso que funcionara. Pero valió la pena: el descubrimiento cambió el mundo. En los Estados Unidos, en particular, se triplicaron las reservas, y el precio del gas cayó a un quinto. Obama retiró sus tropas de Irak y con las importaciones de petróleo retrotrayéndose a los valores de 1987 hace dos semanas autorizó la primera exportación de gas. El mapa geopolítico cambió y el mundo se encamina a un siglo de energía barata.
La posibilidad de explotar este tipo de formaciones es una bonanza para la Argentina. Sigue leyendo










